Camino al Future
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Lucas Miraglia Rasmussen mira a Estados Unidos buscando la llave para ingresar en el tenis profesional
Con 16 años, Lucas Miraglia Rasmussen es uno de los cientos tenistas juveniles de nuestro país que se ilusionan con hacer de su pasión una carrera profesional. El entrenado por Andrés Ruete en el Club Náutico de nuestra ciudad está entre los 20 mejores del ránking argentino Sub-16, aunque los números de hoy poco tienen que ver generalmente con lo que puede pasar en el futuro. Campeones juniors nunca llegaron a meterse entre los 100 mejores del profesionalismo o grandes de la historia tuvieron un comienzo frustrante en sus carreras.
En ese camino de crecimiento está Lucas, quien viajó hace un par de semanas a Estados Unidos buscando sumar experiencias en la elite competitiva. Y la chance de ello llegó gracias a la invitación de Cristian Kordasz, surgido como tenista en nuestra ciudad y actual entrenador de jugadores profesionales en el tour de la ATP. “Cristian vino a Necochea, me vio jugar, nos reunimos y le dijo a mi profesor que iba a estar en Estados Unidos con un alumno de él y me dijo si sería ir con él, para probarme. A mí me gustó la idea”, comentó sobre el comienzo de esta historia el propio Lucas Miraglia Rasmussen.
Fueros dos semanas recorriendo Florida, haciendo base en los torneos Challenger de Sarasota y Tallahassee. Allí Kordasz acompañó al brasileño Joao Pedro Sorgi, de 24 años y número 360º en el ránking mundial. Para Miraglia fue la chance de conocer un ambiente sólo al alcance de los profesionales y por momentos ser uno más. “Fue una gran experiencia. Pude entrenar con Joao, pero también con Federico Coria (hermano de Guillermo) y el chileno (Christian) Garín”, campeón junior de Roland Garros y reciente rival argentino en la Copa Davis. “Jugamos partidos, peloteamos, vimos como ellos jugaban los torneos, una linda experiencia”, resumió Miraglia, quien compartió el viaje con su entrenador.
Sparring
Los cambios en los entrenamientos fueron notables y alimentan las ganas de ir por más: “Se nota la diferencia de velocidad, el físico, es otro estilo de juego. Los primeros días me costaba, porque Joao jugaba a una velocidad mucho más alta en comparación a lo que entreno yo. Pero después de acostumbré y me empecé a soltar”. Sobre su rol de sparring, recordó que “me pedían por ejemplo que les juegue todo el tiempo pelotas cruzadas, así ellos podías atacar, o pelotas altas”
Y las sensaciones nuevas no fueron sólo sobre el clay, las canchas de polvo verde norteamericanas, sino también en cada rincón del club: “Cada uno está más concentrado en lo que hace, en lo suyo, con sus propios entrenadores y preparadores físicos. Se alimentan bien y preparan bien cada partido”, resaltó en comparación con su competencia en los torneos juniors.
Y como espectador también se aprende: “Me sorprendió la organización de los torneos. Los partidos te hacen adquirir mucha experiencia al verlos, qué estilo tiene cada uno, cómo le juegan. Porque por más que uno juegue fuerte el otro no tiene que hacer lo mismo. Todos tienen una debilidad”, expresó también atento a las estrategias que imponen los entrenadores a sus pupilos.
A la altura
No fue el primer viaje a Estados Unidos de Lucas, quien a fines de 2016, junto a otros integrantes de la escuela de tenis del Club Náutico, había tenido la posibilidad de jugar varios torneos juniors, incluyendo el prestigioso Orange Bowl. Esta nueva experiencia estuvo lejos de ser tomada como un viaje de turismo. Todo lo contrario. Lo aprovechó como una buena medida para saber dónde está parado y el resultado lo sorprendió, superando las expectativas: “entrené con el chileno Garín y le gustó. Jugamos un set y pedí 6-4 pero me sentí muy bien. Así que me invitó a quedarme dos semanas más… así que tenía para seguir” valoró Lucas. Incluso estuvo a punto de jugar su primer partido profesional: “Federico Coria me dijo de jugar la Qualy de dobles del Challenger. Por mi altura pensó que tenía 20 años. Pero llegamos 20 minutos tarde a anotarnos y ahí son muy estrictos con los horarios”.
Lo más difícil
Ganarse el respeto en un ambiente donde la hay miles golpeando las puertas fue una señal poderosa que va por el buen camino. Kordasz lleva largos años entrenando en Brasil a jugadores juveniles con proyección internacional, además de haber guiado en el profesionalismo a varias figuras femeninas como la canadiense Eugenie Bouchard, la griega Elenii Daniilidou o la rusa Ana Chakvetadze. Su mirada vale. Y sin dudas estará atento a la evolución de Miraglia en los próximos meses
Ahora llega la etapa crítica para el jugador, el salto que tantas promesas no pudieron dar y Lucas lo tiene muy claro: “Pasar de menores al profesionalismo es un salto bastante grande. Para poder ser parte tenés que estar bien, porque si ahí te equivocas lo pagas caro. Todos juegan bien, todos tienen buen físico, pero gana el más inteligente, el que toma las decisiones más precisas en el momento justo”.
El difícil camino sigue claramente fuera del país. Hoy Argentina tiene una estructura endeble de torneos profesionales para darles a los jóvenes la posibilidad de crecer en sus carreras sin la necesidad de viajar. “La idea es ir insertándose. Jugar algunos torneos de Camino al Future o Top Serv en Buenos Aires y volver a Estados Unidos”. Miraglia Rasmussen, su entrenador Andrés Ruete, y otros chicos de la escuela del Náutico planean volver a Estados Unidos este año, para jugar nuevamente el Orange Bowl y probar suerte en algunos torneos profesionales allí. Las oportunidades son escasas y sólo los mejor preparados podrán dar el siguiente paso entre miles de candidatos en todo el mundo soñando con el mismo destino. El exigente camino del frontón a los aplausos en un estadio.
