Cánones disparatados por concesiones en privilegiados lugares frente al mar
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La Municipalidad continúa sin usufructuar debidamente la cesión de solares por largos periodos. Se entregan “por migajas” tierras de enorme valor
A pesar del paso de los años, una cuestión parece inalterable en el esquema de la administración municipal: el irrisorio canon que se paga en materia de concesiones de tierras en las cuales se explotan emprendimientos comerciales ligados a la llamada “industria” del turismo.
La situación se vuelve más llamativa e injusta aún, cuando se observa que se trata de cesiones de más de 20 años, como el caso de los campings sindicales, en privilegiados lugares, que valen mucho más que las “migajas” que percibe el municipio.
En el repaso del poco más de concesiones que cuenta la Municipalidad de Necochea, se observa con claridad que, ya sea por inoperancia a la hora de establecer los importes o curiosas cláusulas y periodos de explotación de las concesiones, la comuna recibe cifras de poco monto de empresas o particulares que en la mayoría de los casos tienen un más que rentable beneficio.
A diferencia de servicios como la recolección de residuos, en la cual la comuna debe pagar, porque hay un tercero que brinda un servicio, por estas concesiones no debe hacer inversión alguna. Al contrario, recibe dinero. Y se cae de maduro que debería usufructuar mejor lo que ingresa, lo que permitiría un respiro económico y hasta no aplicar fuertes aumentos en las tasas. Las concesiones que tanto gustan a este municipio desde hace años es la manera más clara y eficaz de recibir dinero fresco, sin ningún tipo de erogación previa. Tampoco se entiende lo desmesurado en el tiempo otorgado en algunos casos, entre 25 y 30 años.
En otro aspecto, nos atrevemos a decir que si la Municipalidad quisiera rescindir un contrato, las consecuencias económicas que debería afrontar se podrían recuperar a corto plazo con el canon de una nueva concesión.
El último gran desacierto en materia de concesiones fue la cesión a Centrales de la Costa, una importante porción del parque Miguel Lillo, a un canon irrisorio, para la instalación de molinos para generar energía eólica, por lo que hasta ahora no se ha visto trabajo alguno.
Menos que una casa
De acuerdo a una información oficial sobre los cánones que se han pagado en el año en curso, a la que tuvo acceso Ecos Diarios, aparecen algunas sorpresas de mención.
Las cifras que pagan los campings resultan insignificantes y en la mayoría de los casos menores a lo que se paga por el alquiler de una casa.
En el caso del de Camioneros, vedado al ingreso del ciudadano de la ciudad, en 2017 se pagó un canon de $124.000, que traducido a cuotas mensuales es $10.300.
Los de la Uatre (la concesión venció en el pasado mes de mayo pero el gremio hizo uso de la opción de cinco años más) y Supara, por tratarse de predios más grandes, abonaron por el año en curso $248.000, es decir $20.600 por mes, y los de Atsa y Suteba, $176.653 anuales, o sea $14.721 cada 30 días.
Todos estos gremios en su momento hicieron inversiones, para el usufructo privado de sus afiliados, al construir cabañas, salones y natatorios, se trata en su mayoría de construcciones efectuadas en la primera década del nuevo milenio las cuales ya han sido amortizadas y con permisos que oscilan entre 7 años y medio hasta 25 años.
Como es sabido estos campings están situados en el Parque Lillo y linderos al mar, en tierras sumamente valiosas, que a los gremios les sería dificultoso contar en otras ciudades. Es que los solares bien ubicados no abundan, y los que existen se cotizan debidamente, lo que en Necochea claramente no ocurre.
En cuanto a los balnearios, varios de los cuales no concretan las mejoras previstas en los pliegos y con concesiones que no bajan de los 15 años, el canon más caro es el del Terrazas, con $262.816 y el promedio del resto es de unos $140.000 anuales.
Un caso curioso es la concesión del balneario Costa Dorada (ex ACA), que durante 2017 tuvo un periodo de gracia en cuanto al canon, es decir que no tuvo que pagar nada, seguramente para hacer remodelaciones, entre ellas la construcción de una pileta, que a simple vista no se concretaron.
Otro acuerdo particular es con la concesión del parador Médano Blanco, que tiene periodo de gracia hasta el año 2019 (se lo concesionó hasta el año 2031). También aparece con periodos de gracia la parrilla La Posta, de avenida 10 en el Parque, en este caso hasta 2020.
Por Sotavento, un emprendimiento frente al mar que funciona todo el año, se ha pagado al municipio un canon de $208.870 ($17.450 por mes). La concesión es hasta el año 2031.
En tanto la concesión anual del camping municipal Miguel Lillo es de $74.470, es decir $6.205 por mes.
“Regalados”
Un párrafo aparte son los números del complejo Kabryl, concesión que vence a fin de mes, pero al parecer se le concedería una prórroga. Por todo el año en curso se pagó $10.875, o sea $906 por mes.
Prácticamente el mismo dinero se abonó por la concesión de La Hélice, en Quequén, con $10.864 ($905 por mes).
En la misma línea, en este caso por tratarse de una cesión por décadas, por la concesión del balneario quequenense Monte Pasuvio se abona la nada significativa cifra de $2.500 por todo el año.///