Carlos Leo, cuida a los lobos
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Es abogado, pero dedica varias horas por semana a limpiar el lugar en el que viven estos animales y a sacarles los zunchos plásticos del cuello, para que no perezcan
Carlos Alberto Leo lleva adelante una tarea sin ningún interés particular más que la satisfacción de saber que está haciendo lo correcto: hace más de dos años que rescata a lobos marinos que están atrapados en zunchos plásticos, con peligro de muerte por las lesiones que estos les provocan.
El rescatista es abogado pero usa parte de su tiempo libre para mantener limpio el sector de la escollera sur, excavando hasta treinta centímetros la arena para sacar tanzas y plásticos de todo tipo que pueden ser consumidos accidentalmente por cualquier animal.
Además, se encarga de hacer y repartir folletos en escuelas y ese sector de nuestra ciudad en el que se une el río Quequén con el mar, hablando con la gente para que tome conciencia acerca del mal que le puede hacer a los animales marinos la basura que se arroja a diario.
En diálogo con Ecos Diarios, contó que todo esto que hace por fuera de su labor profesional “es un trabajo muy gratificante” porque considera que “no solo los animales deben vivir en un ambiente sano y limpio, sino que debemos brindar una buena imagen al turismo”.
Cabe señalar que Carlos también participó de un rescate nocturno de una ballena que encalló el año pasado en el río Quequén, en el sector que habitualmente se dedica a limpiar de plásticos.
¿Cómo comenzó?
Su labor como rescatista comenzó en el año 2015 cuando un grupo de conservacionistas denunciaron la existencia de un lobo marino con lo que se denomina “enmallamiento accidental”, que es un fenómeno mundial ocasionado por objetos que las personas desechan en la vía pública o en la arena y que por el viento o los caños pluviales van al río o al mar.
En aquella oportunidad, ese grupo se comunicó con la asociación de Fauna Argentina, que tiene sede en Mar del Plata, para que vinieran a rescatar al animal que estaba pronto a morir con el cuello apretado por el zuncho plástico.
Carlos Leo estuvo allí para observar la manobra de rescate de los profesionales de Fauna Argentina y, luego de que hicieran su labor con éxito, les preguntó cómo podía hacer para colaborar desde Necochea con aquella noble tarea.
Así fue que comenzó a capacitarse en Mar del Plata para aprender la técnica que utiliza hasta el día de hoy, con una herramienta que le permite cortar los plásticos sin necesidad de acercarse tanto a los animales ni poner en riesgo su integridad física. “Hago un trabajo que me gusta y lo hago encantado. Si no los rescatas es una trampa mortal, pero afortunadamente estamos llegando a tiempo y no tenemos antecedentes de muertes por esto ni en Necochea ni en Mar del Plata”, señaló.
Hoy los animales ya lo conocen porque los visita cada uno o dos días para corroborar que estén bien, y a pesar de que nunca le han hecho nada en un rescate, los trata con respeto y enseña a que las demás personas hagan lo mismo. «No hay que olvidar que la escollera no es un show ni hay especialistas que los entrenan y domestican. Son animales salvajes, por más que estén acostumbrados a ver gente», explicó.
Finalmente, agradeció la buena predisposición de la Prefectura y del Consorcio de Gestión de Puerto Quequén, a quien le presentó un proyecto para hacer un reordenamiento de la colonia de lobos marinos. Además, confesó que le gustaría hacer un centro de información sobre tortugas y lobos marinos, como así también de delfines que son comunes en esta zona de la provincia.
Afortunadamente, el rescatista afirma que muchas personas han empezado a cambiar sus actitudes y ya no arrojan tanta basura como hace unos años atrás.