Carrera de campeones
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Gracias al tenis, Ignacio Bidegain apostó por estudiar en Estados Unidos donde compite en los torneos universitarios sin dejar de lado su ilusión de consagrarse como profesional en el circuito mundial
“Siempre me pregunte qué iba a pasar con el tenis una vez que terminaba la Secundaria…no quería dejar de jugar”, establece casi como un punto de partida a su actual momento Ignacio Bidegain. El deporte fue su llave para poder ser becado en los Estados Unidos donde ya cumplió su primer año estudiando psicología. Un cambio de vida a los 21 años que poco a poco ha logrado asimilar.
Con varios ejemplos, que incluyen recientemente a Manuela Carbajo Re y a las hermanas Sofía y Belén Goicoechea, el golf había sido hasta aquí el único camino para los necochenses para llegar al deporte universitario. Y ciertamente también fueron claves en esta historia. “La idea me la dieron ellas. Yo era compañero de Sofía en la Secundaria. Sinceramente yo ni sabía que daban becas por el tenis. Y hablando con ella comencé a verlo más cercano. Fui a la profesora de inglés que van ellas y empecé a estudiar sobre la base que tenía”.
Hasta a Harvard
El siguiente paso fue encontrar una universidad que lo recibiera: “Mandé mails a un montón, como a 70. Hasta a Harvard. Algunas contestaban pero la realidad es que es difícil conectar sino sabés cómo es el sistema. Terminé contratando a alguien, Carlos Cobos, un representante en Estados Unidos, que me hizo el contacto”.
Así surgió la chance de sumarse a Anderson University, en Carolina del Sur, donde tras su primer año jugando como número 1 del equipo terminó con un récord de 16 victorias y sólo cinco derrotas en singles. “No sabía el nivel que había, pero me iba a matar por ser el mejor. En los entrenamientos soy el más intenso y el más competitivo, y eso tus compañeros y el entrenador se dan cuenta”. Pero adaptarse fue un proceso. “Los primeros partidos fueron difíciles. No por el nivel, sino por los nervios y la responsabilidad. De mi rendimiento dependía la beca. Y eso te acorta el brazo, llegan los errores y eso hace que cualquier partido se te haga parejo”.
Si bien reconoció que en el inicio le “importaba poder jugar al tenis, más allá de cómo estaba académicamente” la universidad que le tocara, todo está entrelazado. “Si no rendís (en el tenis) te sacan la beca. Cuando termina el año de competencia (se juega de agosto a mayo con un descanso en las Fiestas), tenés una reunión para ver cómo te fue. En lo personal el coach me dijo que estaba contento, que sólo había que ajustar el dobles (récord de 11-10 para él en el año). Yo no soy de jugar dobles, no juego mal pero no estoy acostumbrado. En Argentina no se juega y en Europa casi que tampoco. Pero en Estados Unidos se le da mucha importante, vale un punto, igual que el singles”:
En familia
Y fuera del tenis también experimentó desafíos, partiendo del hecho de moverse solo. “La verdad que cuando fui me comí un ‘stressazo’ bárbaro, muchas conexiones y porque la última vez que había viajado sólo había perdido los documentos. Pero llegué y me recibieron re-bien. Casi lo primero que me dicen fue: ‘A dónde te vas a quedar en Navidad’. Y estábamos agosto. El tipo tenía la preocupación de que pasara la navidad solo. ‘Avisame si te volvés a la Argentina, porque sino la pasas conmigo. Ahora sos mi familia’ me dijo y eso fue muy significativo. Me encanta el tenis, pero es importante que haya calidad humana, porque sino no funciona nada Ni como jugador ni como individuo”, sostuvo. Finalmente para Navidad retornó a Necochea, pero igualmente pasó el Día de Acción de Gracias en Estados Unidos: “Para ellos es casi más importante que la Navidad”.
Sobre la experiencia y el curso de las cosas, remarcó que “Fui con la cabeza positiva. Sabía que iba a ser una experiencia buena igual. Sino quedaba, me volvía. Pero estoy a gusto. Es gente muy amable. Vivo más barato en Estados Unidos que en la Argentina. Por eso pude hacer el viaje a Francia, sino no se podría por lo caro que es el tenis”.
Voyageur
Y así fue que cuando terminó su año académico y competitivo en Estados Unidos, partió a Francia para sumar experiencia jugando torneos del circuito profesional de ese país, uno de los más importantes del mundo, en el cual ganó dos torneos y llegó a otra final. Después de dos meses en Europa, realizó un balance “muy positivo. Jugué muchos partidos, alrededor de 30, en muy poco tiempo y de buen nivel”. Allí se midió con franceses, pero también con estadounidenses y otros argentinos que buscan lo mismo: rodaje para seguir creciendo como jugador. En la misma gira, compartió viaje con un grupo de argentinos incluyendo otro necochense, Leandro Castillo, y también coincidió en Europa con Eugenia Ganga. “Es el mejor sistema de competencia del mundo. Podes jugar varios partidos por semana y de calidad”, explicó.
Roland Garros
Aunque disfrutó de los paisajes del verano en el Norte francés, las casonas de más de 200 años y de su paso fugaz por París, reconoció que fuera de lo competitivo, para él “lo más importante fue ir a Roland Garros. Ver a tipos que juegan en otro nivel, en otra velocidad”. Aunque fue sólo una jornada en la primera semana del reconocido Grand Slam, se llevó grandes vivencias: “Vi a Kevin Anderson –sudafricano-, que me pareció altísimo y que saca fortísimo. Frente a Malek Jaziri -tunecino- que creo que si no entraba a la cancha a devolverla, esa pelota pica y sale a la tribuna. Después vi a (Marco) Baghdatis –de Chipre- con (Nicolás) Almagro –español- y te sorprende (ver) cómo llegan perfectos en el armado a pelotas con una velocidad increíble. Y te preguntás cómo haría yo”. Aunque las entradas era para los anexos, en las canchas más alejadas del complejo, tuvo la posibilidad de entrar al estadio Suzanne Lenglen, el segundo en importancia, y ver el recordado triunfo de Renzo Olivo frente al francés Jo-Wilfred Tsonga: “Estaba arriba de todo, pero se veía perfecto y se escuchaba lo fuerte que le pegaban también. Me agarró la noche (el partido de suspendió), lo terminé viendo al otro día en la tele pero fue algo increíble. Estar ahí, pensar que pasó tanta historia en ese lugar”.
Profesional
Muy conforme con lo vivido, expresó su deseo de repetir: “Sin dudas el año que viene voy a tratar de volver. Fue una muy linda experiencia. Tenísticamente espectacular y conocés un montón de gente también”. Y en cuanto a su futuro en los Estados Unidos, a donde estará partiendo esta semana, también fue claro: “La idea es mejorar tenísticamente. Me quedan tres años de carrera también y apuntó a hacer el doctorado en psicología, que serían otros cuatro años más. El tenis es un deporte hermoso y atrapante, pero hay muchos tipos que siguen jugando porque saben que van a ser entrenadores, pero yo no quiero ser entrenador. Mi idea es terminar la universidad y probar con el tenis uno o dos años, jugando en Futures (torneos profesionales con puntos para el ránking ATP) y ver qué pasa. Cómo terminé jugando (en Francia) sentí que estaba en el nivel para sacar puntos ATP. He jugado y le he ganado a tipos que tiene puntos ATP, el tema es mantener ese nivel. Y eso lo estaba pudiendo hacer y esas cosas te quedan en la cabeza. En el tenis el problema es la parte económica. Lo que ganás, en comparación con el esfuerzo, no te alcanza. Hoy, después de jugar, hay jugadores que fueron 200 del mundo que hoy viven del tenis porque son entrenadores, no porque fueron 200 en el ránking. Sé que el fútbol no es lo mismo, pero sin ser el 200 del mundo, acá en la Argentina hay jugadores en Primera que ganan 200.000 pesos por mes, cuando en el tenis para eso tenés que estar Top100. Y eso no es nada fácil”. ///
