Casino, una decisión que no se debe seguir demorando -FOTOGALERIA-
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La clase política debe definir de inmediato el destino de un edificio que continua su deterioro y abandono. Posiciones encontradas
Reiteradas veces, desde hace más de 20 años, se ha dado cuenta en Ecos Diarios del pésimo estado del edificio del Complejo Casino, frente al mar. Algo que por cierto, ahora, la mayoría de los residentes en nuestra ciudad tienen en claro.
El deterioro no se detiene y llama al asombro o preocupación continua, el ver como se ha transformado en una tierra de nadie, lo que obviamente incita a la agresión que le propinan los vándalos de siempre.
Esta triste actualidad exige que la clase política que conduce la ciudad, tanto la que está al frente de la Municipalidad como la oposición, defina cuanto antes qué hacer con una construcción poco menos que obsoleta e inactiva, donde sólo funciona actualmente la sala de juegos.
Transcurrida la elección legislativa ya no hay tiempo para seguir intercambiando críticas y enunciados, sin que el tema empiece a ser tratado con seriedad y se defina el destino de esta edificación ubicada en un punto estratégico de nuestro frente costero, de incalculable valor inmobiliario.

Posiciones encontradas
Está claro que las opciones no son demasiadas: o la subasta pública para vender una parte del edificio, como ha planteado el oficialismo; o la posición más conservadora de intentar volver a concesionar los distintos sectores y recomponer la estructura, buscando seducir a empresarios que pese a varias insinuaciones nunca han aparecido con voluntad real de apostar su dinero en tierras que no son suyas.
También aparecen en las elucubraciones previas ideas como las de convocar a entidades intermedias o convocar una consulta popular, lo que obviamente dilataría una definición, y podría llegar a generar un debate que no llevaría a nada.
Lo que no ha aparecido entre las ideas expuestas por los distintos sectores políticos, como se plantearan en la campaña previa a los recientes comicios, es la drástica medida de demoler o hacer implosionar la estructura, imitando lo llevado a cabo por el intendente Aprile, en Mar del Plata con la manzana que estaba frente el Casino, y que hoy es una plaza.
En años anteriores, cuando el deterioro no era tan pronunciado como ahora, se intentaba ante la llegada de cada temporada de verano alguna mejora tipo “maquillaje” para seguir adelante. Pero el levantamiento de todas las concesiones y la decreciente actividad en la sala de juegos al quedar de lado las máquinas tragamonedas, ya no alientan ningún cambio. Es más, a esta altura es tan inviable como improductivo.
A la actual constitución del Concejo Deliberante le restan dos sesiones ordinarias y es muy poco probable que de acá a la primera quincena de diciembre, cuando asuman los nuevos ediles, el Ejecutivo envíe su propuesta oficial de lo que quiere hacer con el Casino.
De esta manera la discusión en el recinto deliberativo seguramente pasará para después del verano. Casi una eternidad para tomar una decisión que amerita en virtud de la situación de destrucción constante de lo que alguna vez fuera motivo de orgullo para nuestra ciudad y hoy es una vergüenza.
Gran parte de la construcción es un enorme palomar, con desprendimientos de mamposterías y cielorrasos, mugre y un enorme muestrario de grafittis que siguen dando cuenta de los vidrios que aún continúan en pie. Y está claro que ante esta cascada de roturas el municipio no ha hecho nada, ni tampoco lo hará.
Demás está decir que la coyuntura demanda decisiones extremas si es necesario, que seguramente generen controversias y oposiciones, pero no dejan de ser cuestiones que deben llevar adelante quienes ejercen cargos públicos en la conducción de un municipio.
En tanto la continuidad o no de la sala de juegos es “harina de otro costal”, habida cuenta que la misma puede seguir funcionando en algún otro edificio, por caso un establecimiento hotelero, idea que ya se ha barajado en más de una oportunidad.