Caso Celihueta: a 31 años de un enigma que la Justicia no resolvió
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Adriana Angela Celihueta (29) desapareció la noche del 15 de enero de 1987. Les dijo a sus padres que volvía enseguida y nunca más se supo de ella. Crimen perfecto o negligencia de los investigadores para llegar a la verdad de un episodio emblema de la crónica policial
En enero de 1999, a 12 años de la desaparición de la veterinaria Adriana Angela Celihueta, un grupo de bomberos y policías, supervisado por peritos criminalísticos, excavó en la zona ribereña de Quequén, en búsqueda de los restos de la joven.
En esa oportunidad, don Carlos Celihueta reconoció ante los periodistas que cubrieron la tarea que “la excavación se hizo con más fundamento, entre todas las que se hicieron desde que desapareció Adriana”.
La profesional se despidió de sus padres el 15 de enero de 1987, pero les aseguró que regresaba enseguida, ya que iría a la vivienda de sus suegros. Faltaban 37 días para su casamiento e inicio de una nueva vida en el centenario pueblo de Eduardo Castex en la provincia de La Pampa, dónde se radicaría con su futuro esposo.
El destino frustró todos esos planes de vida y, por otro lado, desde hace 31 años que el caso Celihueta es un enigma que los investigadores no pudieron resolver. Entonces, ¿se trató de un crimen perfecto? o hubo desidia e inoperancia en el desarrollo de la pesquisa para llegar a la verdad.
“La Justicia está en deuda con nosotros, en realidad, nos estafó, no estuvo a la altura de las circunstancias”, coincidieron en afirmar de manera reiterada Iris “Mimí” Vaio y su esposo que se fue de este mundo sin poder saber qué pasó con su hija.
Las excavaciones en enero de 1999 fueron ordenadas por el juez que tenía a su cargo la causa en ese momento, Reynaldo Fortunato, del Departamento Judicial de Mar del Plata, quien escuchó el testimonio de dos vecinos de Quequén.
Muchas dudas
En realidad, la presión de los padres de Adriana y de la opinión pública hicieron que la policía retome la búsqueda de lo que en un primer momento parecía un verdadero misterio, pero luego se pudo establecer que funcionarios judiciales y policiales hicieron “todo lo posible para embarrar la cancha”.
Desde que se denunció la desaparición de la joven, hubo siempre más dudas que certezas. Preguntas sin respuestas y una persona que dejó de transitar por los lugares que frecuentaba en plena etapa de la nueva democracia en la Argentina.
Justicia lenta, irresoluta, investigadores incapaces de desempeñar con lealtad y esmero su trabajo, sin ningún tipo de vocación de servicio, son a las claras las “evidencias” que hoy se tienen a 31 años de un caso que se relame de impunidad.
Quién o quiénes hicieron desaparecer a Adriana Celihueta podrían continuar entre nosotros con absoluta frialdad, como si nada hubiera ocurrido, cuando una familia clamó siempre por conocer la verdad.
Desidia e inoperancia
Pasaron 5 jueces y la causa prescribió, no hubo imputados ni se citó a nadie para alguna declaración indagatoria. Como si nada hubiese pasado y como si todo valiera igual, inclusive, hasta minimizaron de entrada nomás la denuncia que hizo Carlos Celihueta a poco de confirmar el no regreso de su hija a la casa.
Dijeron que “se fue a vivir a España”, que “se suicidó arrojándose del muelle de pescadores”, etcétera. La única realidad es que nadie se acercó a una mínima teoría concreta de lo que pudo suceder con Adriana esa fatídica noche del 15 de enero de 1987.
A las 6 de la mañana siguiente, apareció abandonado frente a la costa el Dodge Polara de su padre Carlos, con las puertas abiertas, las llaves de encendido del motor en un asiento y, a pocos metros, sobre la arena, los documentos de la veterinaria.
¿Quién o quiénes tienen la verdad de lo que pasó? Una pregunta que hoy sigue vigente, a 31 años de la desaparición. ///