Celebración y deseos alentadores
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En vísperas de un nuevo aniversario de la declaración de la Independencia, anhelos que reafirman la libertad, la identidad cultural y los intereses colectivos, dejando de lado las rivalidades y competencias.
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A pocos días de celebrarse un nuevo aniversario de la independencia de nuestro país, vale indagar y reflexionar sobre aquello que nos constituyó como pueblo. Hoy, que estamos en un marco donde una pandemia nos golpea, podemos ver hacia atrás y recordar el ideario de los hombres del Congreso de Tucumán, quienes declararon la Independencia, sabiendo que no era nada fácil el objetivo que tenían en mente, pero se armaron de valentía y defendieron sus ideas.
Hoy, también debemos permitirnos pensar en algo mejor, un anhelo colectivo, pensando en un horizonte definido por la democracia, los derechos humanos y la igualdad de oportunidades. Más allá de esta fecha patria, vale la pena observar la lección que nos dejaron aquellos hombres que trabajaron unidos para lograr su propósito.
Necesitamos unir nuestros esfuerzos, dejando de lado las rivalidades y competencias.
La independencia se proclama cada día, con nuestra actitud y en este sentido, Marta Iriberri, presidenta de la Asociación Cooperadora del Hospital Municipal “Emilio Ferreyra” reflexionó “este aniversario del Día de la Independencia nos encuentra en una situación tan dolorosa como extraña. Sin embargo, nos llama a la evocación de la fecha en que un grupo de patriotas tomó la difícil decisión de declarar la independencia. Hace 204 años, los congresistas, comprometidos con sus ideales, proclamaron ante las naciones del mundo la independencia de la Patria”.
Al mismo tiempo, destacó la importancia de empatizar con el prójimo, “la historia nos interpela, nos anima a renovar, a revivir valores y sentimientos que sustentaron el nacimiento de nuestra Patria. Hoy, estamos llamados a ejercer la voluntad de amar, de empatizar con las personas próximas y con el prójimo. Estamos llamados a poner en juego nuestro buen ánimo, nuestra fuerza y nuestra paciencia para superar la adversidad”.
La presidenta de la Cooperadora, también señaló el rol que les toca cumplir, recalcando la generosa entrega del personal de la salud. “Asistimos a diario acciones solidarias y comprometidas con las necesidades de nuestras familias, amigos y vecinos. Tenemos la base sólida de la esperanza, una palabra que nos significa mucho más que un liviano optimismo. Es que somos capaces de poner nuestras fortalezas en acción, somos personas que ejercemos la mano tendida, la presencia cuidadosa y cálida de quienes nos puedan necesitar. Tenemos que celebrar este aniversario con la convicción de que vamos a salir de esta pandemia más unidos y fortalecidos, por el bien de nuestra Patria”.
Mirta Hernández Rubio, educadora jubilada, también recalcó la necesidad de recuperar los valores de los héroes de la Independencia. “Estando en aislamiento no nos permite festejarlo como nos gustaría pero nos sirve para reflexionar acerca de lo que podemos hacer cada uno de nosotros y poner un granito de arena y recuperar esos valores”, puntualizó.
Al respecto señaló que “podríamos embanderar puertas, ventanas y balcones para hacer confraternidad patriótica, dejando de lado la lucha política. Hay que volver a sentir ese patriotismo en la sangre”.
La psicóloga Marcela Barletta manifestó que a pesar de estar en un momento crítico, donde nos encontrados privados de nuestra libertad en muchos aspectos, es fundamental como sociedad dejar las peleas de lado, encontrar un objetivo en común y apoyarnos mutuamente para poder salir adelante.
Además señaló la importancia de trasmitir un mensaje positivo a las nuevas generaciones, de construir algo mejor para ellos, “tiene que ver con la solidaridad, con la libertad y con poder empezar a relacionarse de otra forma”.
La psicóloga afirmó que “ahora estamos obligados a quedarnos adentro y perdemos nuestra libertad. Ahora vamos a tener que aprender a vivir en libertad de otra forma, nos vamos a tener que adaptar a una libertad responsable, cuidándonos”.
Al momento de hacer un paralelismo histórico de aquel 9 de julio de 1816 y el que vamos a celebrar esta semana, el profesor de Historia, Ariel Gamboa detalló que “el contexto del 9 de julio de 1816 es muy particular, es un momento crucial, hay un debate entre los distintos grupos que se encuentran presentes en Tucumán y discutían en la forma de lograr la independencia y la libertad. Los tintes políticos eran diferentes, pero todos tenían en común un objetivo”.
Si bien se logró la independencia, no así la constitución de un gobierno que satisfaga las necesidades de los distintos sectores involucrados.
El profesor puntualizó “si pensamos en el de julio de 2020, hay un fuerte contexto adverso, tenemos una grave situación económica, una situación social que es compleja y un contexto desfavorable. El mundo se encuentra en una situación de pandemia, casi podríamos decir como en aquella época, donde la guerra era el gran contexto mundial y hoy sería la guerra epidemiológica, que tiene que ver con el campo de la salud.
Todos estamos de acuerdo en que es necesaria una solución a los problemas de salud que hay y a los problemas económicos y al igual que en aquel entonces, la falta de acuerdo es producto de las distintas facciones políticas que repiensan el país de manera distinta, esperemos que se logre el objetivo común y que podamos cumplir lo que no se logró en aquel entonces”.
Mundos en crisis
Por Águeda Caro Petersen – Directora Área de Museos Necochea
Hoy la realidad nos ha puesto ante muchas encrucijadas. Hoy quizás, parece hasta posible imaginar las complejidades de aquel momento independista de 1816. Lejos de intentar hacer analogías, la incertidumbre podría ser un lazo común entre nuestros tiempos y aquellos. El comienzo de una etapa en el país de 1816 y el comienzo de otra etapa en el mundo de hoy.
En el marco de esta idea entre dos tiempos, los cambios nos permiten reposicionarnos ante muchas adversidades y transformaciones en nuestros hábitos y conductas. Tal es así, que desde muchas disciplinas sociales, prácticas de pensamiento y espacios transformados, la vida de todes intenta acomodarse y renacer. Ahora, las luchas por los derechos siguen gritando en plazas y calles virtuales en donde es posible marchar y alzar la voz. Se abren nuevas plataformas en las cuales reflexionar, expresarnos, vincularnos y compartir. Hoy la memoria se construye de múltiples voces que quedarán reverberando en múltiples ecos.
Muchos lugares pueden ser cajas de resonancia y de resguardo de esas emociones. Uno de esos espacios podrían ser los museos, todos los museos, grandes, chicos, comunitarios, virtuales o domésticos; de historias, de ciencias o de artes.
Cada uno de ellos lleva en su matriz el acompañar estos procesos y potenciarlos. Los museos no son neutrales, los museos laten con su tiempo. No solamente guardan, cuidan y exponen objetos también pueden cobijar voces, acompañar ideas y generar el espacio
para que crezcan.
La comunidad que los contiene es su única razón de existir. Actualmente, con los museos a puerta cerrada es necesario reconfigurar acciones tanto para quienes desarrollamos nuestra carrera profesional en ellos, como para los públicos y/o visitantes. La realidad actual nos obliga a imaginar mundos posibles y esta puede ser la oportunidad para la búsqueda de opciones que enfaticen el rol social de los museos. Será la hora entonces de convocar a un dialogo más estrecho de la comunidad con sus museos, de abrir una nutrida comunicación para construir contenidos más accesibles, de invitar para diseñar otros recorridos y de proponer colectivamente acciones para acercarse al patrimonio y la memoria. Finalmente, abrir caminos para convertir a los espectadores en protagonistas, y hoy los territorios virtuales, parecen ser un portal hacia ese otro mundo.
Panorama histórico
Por Martin Petersen (*) Historiador y autor de “Pequeñas Historias del Quequén Grande”
La historia política de nuestro país cuenta con algunas particularidades que rara vez es posible encontrar cuando estudiamos los orígenes y la evolución de los estados modernos a lo largo, sólo para acotar la comparación, de occidente. Y es que el ejemplo argentino ofrece, por lo menos, dos fechas claves que anticiparon la futura formación del estado moderno ocurrida durante el siglo XIX. El período comprendido por el 25 de mayo de 1810 y el 9 de julio de 1816 encierran los principales acontecimientos que forjaron la futura configuración política y territorial de la República Argentina. Sin embargo, es necesario aclararlo, los significados de conceptos como revolución e independencia o pueblo y soberanía, para citar sólo algunos de los más utilizados en aquellos frenéticos años, adquieren significados diferentes según la posición temporal adoptada por el observador.
Así mientras que para el imaginario popular la “revolución de mayo” representa uno de los acontecimientos que anunciaba la existencia de una nación abocada a la construcción de la futura Argentina moderna, para algunos de los protagonistas de mayo de 1810 se trataba de dar una respuesta a la crisis ocurrida al interior del Imperio español como resultado de la invasión militar de Francia. A partir de aquel momento, la ausencia de acuerdos y el inicio de una etapa caracterizada por la subversión del poder político –sobre todo en Buenos Aires- y las guerras de la Independencia a lo largo del antiguo territorio del Virreinato del Río de la Plata, determinarían la generación de un sistema simbólico como soporte del proyecto político en marcha –la creación de la escarapela y la bandera, por citar dos ejemplos- junto a la necesidad de formalizar una ruptura de los lazos coloniales a partir de la Declaración de la Independencia ocurrida el 9 de julio de 1816.
¿Cuál era el grado de conciencia de los protagonistas sobre el proceso en marcha? La ausencia de acuerdos fundamentales entre Buenos Aires y las diferentes regiones que, a partir de julio de 1816, pasaron a conformar las “Provincias Unidas del Río de la Plata”, inauguraron un nuevo proceso que derivaría en la futura consolidación de los territorios provinciales liderados por un grupo de caudillos cuya legitimidad descansaba sobre una población que, en su gran mayoría, reclamaba por la recuperación del orden perdido a partir de mayo de 1810. De esta forma, entre otras cuestiones, es posible explicar la posición favorable de Belgrano con respecto a la instauración de un régimen monárquico –con linaje europeo o americano según la conveniencia- ante la falta de consensos –y de Diputados- que acompañaría la apertura del Congreso General Constituyente reunido en la ciudad de Tucumán. Es válido afirmar que cada uno de los Diputados –cuya representación individual sumaba 15.000 habitantes- contaba con pocas certezas sobre el futuro de la revolución de mayo de 1810. Fueron, paradójicamente, los acuerdos políticos alcanzados con Güemes y Artigas los que, junto a la presión ejercida por el General San Martín –por entonces Gobernador del Cuyo- motivaron la elaboración del Acta de la Independencia de las Provincias Unidas en Sud América.
Esta interpretación sobre nuestra historia política, alejada de aquella versión repleta de acontecimientos, algunas veces, contradictorios entre sí, ofrece la posibilidad de indagar acerca de los diferentes proyectos políticos que se pusieron en juego una vez iniciado el período revolucionario en Buenos Aires.
Resulta evidente que los seis años transcurridos entre la revolución de mayo y la declaración de la Independencia pueden ser explicados a partir de los profundos desacuerdos sobre el proyecto político en formación. Es que, una vez expulsado José I Bonaparte y asegurado el regreso de Fernando VII al poder, los intentos de la Monarquía Española por retomar el dominio sobre los territorios americanos enfrentó a los revolucionarios de mayo a la disyuntiva de acordar la organización de un gobierno en sintonía con los intereses españoles o proponer la formación de lo que, finalmente, sería la República Argentina. Lejos de atentar contra la reputación de nuestros próceres, esta perspectiva ofrece otras herramientas –igual de necesarias- para explicar, por un lado, los profundos desacuerdos registrados a lo largo de nuestra historia política y, por el otro, las demoras registradas en la conformación de una república independiente y territorialmente consolidada.///