Un lugar con historia y problemas
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Se habilitó en 1918, pero el antiguo edificio requiere mantenimiento general y también de sepulturas y panteones
Lejos del ruido urbano y emplazado en una zona de quintas, se encuentra el Cementerio de Quequén, un predio en el que desde 1918 descansan los restos de miles de pobladores de esta ciudad, que por entonces pertenecía a Lobería.
El silencio y la paz del lugar, se condice con el nombre que usualmente se los conoce, camposanto. Ubicado en la calle 532 casi 565, se accede por una amplia galería y a sus lados se encuentran dos pasillos que llevan hacia los nichos más antiguos y en el hall se encuentra la oficina de guardia, depósito y batería de baños.
Durante una recorrida por el lugar se pudo observar que la antigua construcción necesitaría una mano de pintura en su frente y un reacondicionamiento general del edificio porque se aprecian desprendimientos de mampostería de los cielorrasos, lo que pone en riesgo la integridad física de los visitantes y del personal que allí trabaja.
El cementerio ocupa un predio de alrededor de dos hectáreas de extensión y en su pórtico de entrada se lee la frase “Fiat Voluntad Dei” (Hágase la voluntad de Dios) y el mantenimiento del lugar por parte de personal municipal es bueno. La semana pasada personal del corralón municipal cortó el pasto y en estos días está previsto que se repita la labor.
Luego de casi seis meses sin agua, hace tres que se culminó la obra que comprendió el recambio total de las cañerías.
Acceso
Cabe mencionar que se llega al lugar luego de transitar unos 600 metros por la calle 565, que se encuentra en condiciones aceptables. Se mencionaba al comienzo que está emplazado en una zona de quintas y dista unos dos kilómetros desde la rotonda de Almirante Brown y 542.
La sepultura más antigua data de 1918 y en el pasillo principal se encuentran emplazadas algunos panteones de conocidas familias quequenenses, entre ellas la de los Irurzun que están totalmente descuidadas, sucias, con vidrios rotos y las puertas abiertas que dejan a la vista los féretros.
Esta situación se repite en el sector más viejo del camposanto donde también hay sepulturas de gran tamaño de marmolina blanca que han sido desgastadas por el tiempo y la falta de mantenimiento.
Cabe indicar que, en líneas generales el lugar está cuidado y el plantel de siete trabajadores a cargo de Gabriel Silva realiza su labor correctamente, quedando en manos de los familiares de los difuntos la atención de las respectivas sepulturas.
Si bien en la actualidad la cantidad de familiares que concurren al cementerio ha decaído y en algunas sepulturas no colocaron ni una cruz; en contrapartida hay otras en las que no descuidan ningún detalle.
Austero
Lejos de las fabulosas esculturas y obras arquitectónicas de otros cementerios, el de Quequén es muy sencillo. Cuenta con unos 900 nichos, una batería a ambos lados del acceso y otros más nuevos a mitad del predio”
Según datos del encargado, hay unas 6000 sepulturas con un sector destinados a indigentes, y comentó que “los registros hasta 1986 figuran como de la Municipalidad de Lobería, de ahí en adelante pasó a Necochea”.
En este lugar descansan los restos de José Irurzun y sus familiares, está la tumba de Benedicto Campos, el futbolista “Calija” Herrero, integrantes de la familia Lazovich y también los Gil, una de los más antiguos pobladores de Quequén.
A muchas de las sepulturas les faltan las placas con los nombres porque en 2015 hubo una serie de robos y nunca fueron repuestas.
Los panteones
Consultado acerca del deplorable estado de algunos de los panteones el encargado de la necrópolis, explicó que “a diferencia de las sepulturas por la que se paga un derecho, estas son propiedades privadas y se ha hablado de armar un proyecto para intimar a los propietarios”.
Por su parte, en el caso particular del de la familia de José Irurzun, uno de los impulsores de la construcción del hospital de Quequén.
Había fallecido el 22 de mayo de 1927. Pero antes de morir donó 50.000 pesos para la construcción del edificio y otros 50.000 para su mantenimiento.
El 10 de febrero de 1947 quedó inaugurado el hospital que lleva su nombre y de esta manera se cumplía un sueño largamente anhelado por los vecinos de esa localidad.
Se pudo establecer que desde el municipio se baraja la posibilidad de hacer una limpieza con una hidrolavadora y, en caso de requerir algún tipo de arreglo, hacerlo porque ya no quedarían familiares a cargo y sería una forma de poner en valor el lugar donde descansa este benefactor de la ciudad.