Cerró sus puertas una emblemática tienda de la calle 83
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Luego de 56 años se despidió “El Trébol”, que abrió Roberto De Nicolás, junto a su madre. Familia tradicional dedicada a la venta de telas, lencería y mercería
Cuando aún la Villa Díaz Vélez en invierno sólo era el refugio de jóvenes que se hacían la rabona a la escuela secundaria, la familia De Nicolás emprendió una aventura comercial, al inaugurar una tienda cuya finalidad era que estuviese abierta durante los 12 meses y ese objetivo primigenio se mantuvo inalterable en su larga carrera comercial. Algo inimaginable para la época, salvo algún almacén, no había comercios funcionando fuera de temporada. Hoteles tapiados y chalets de veraneo, en el largo invierno, eran la desoladora imagen del lugar en los años 60.
Roberto De Nicolás venía hasta ese entonces trabajando con su padre en la sedería “San Miguel”, en el centro. Por decisión familiar, y con visión de futuro decidieron trasladarse a vivir y abrir un nuevo negocio en la calle 83 dedicado al rubro ya conocido por él, junto con su madre. Hoy unas chapas preanuncian el fin de aquella, si se quiere, quimera que se inició cuando en la Villa Díaz Vélez estaba todo por nacer. Al ser consultado sobre el nombre “El Trébol”, su dueño no lo relaciona con la fortuna. Con simpleza dijo que “se le ocurrió a mi padre, simplemente”.
Luego de 56 años se transformó en el comercio más antiguo en su rubro, trabajando durante todo el año en la Villa Díaz Vélez. Junto con este local también se va una importante parte de la historia del centro turístico villense ya que, si bien en los últimos años no tuvo su mejor momento, en sus épocas de mayor esplendor llegó a contar con varios empleados porque no alcanzaba con una persona para atender a los clientes que llegaban a comprar durante el verano.
El inicio
Roberto De Nicolás, comenzó en la tienda cuando tenía tan solo 18 años y este año cerró sus puertas habiendo cumplido los 74. La abrió junto a su madre el 30 de diciembre de 1962 y la cerró el 30 de junio de este 2019. Sin embargo, los últimos 15 años el edificio estuvo en venta dado que querían repartir su valor entre él y sus dos hermanas la herencia familiar. “Quedamos todos muy conformes, fue un proceso largo y es por eso que no me cuesta tanto despegarme. No fue algo que pasó o se decidió de un día para otro”, explicó De Nicolás.
Sin embargo, pese a que ya venía esperando que la venta surgiera, no puede evitar recordar que allí conoció a mucha gente y pasaron muchas historias que quedarán guardadas en la memoria de toda la familia que, más o menos tiempo, pasó parte de su vida allí. “Tengo muchísimas anécdotas, podría sentarme y hablar unas cuantas horas sobre todo lo que he pasado ahí adentro”, aseguró Roberto, que hasta el último día mantuvo el mismo mobiliario desde la apertura del comercio.
Hoy en día, ya cerca de ser entregado a sus nuevos dueños, todavía se pueden ver por una hendija algunos trofeos que Roberto ganó jugando al billar y que, al momento de la mudanza, dejó abandonados en su vieja tienda por falta de lugar en su casa. “Antes de irme puse todo a mitad de precio y vendí casi todo. Lo que no vendí lo regalé a instituciones que enseñan a coser y los muebles y mostradores, que eran muy antiguos, los vendía a gente que colecciona esas cosas”, señaló.
La visita del presidente Macri
Al estar tan cerca de la playa, en los veranos pasaron por la tienda varias personalidades reconocidas, entre las cuales recuerda con una particularidad especial al presidente de la Nación, Mauricio Macri. “Fue hace dos años, y la verdad que hasta hoy nos cuesta creerlo porque nunca esperamos que un presidente entre a nuestro negocio”, contó.
Dijo que también fueron a ”El Trébol” la actriz de cine, teatro y televisión argentina, Fernanda Mistral, Hugo Guerrero Marthineitz, quien también solía ser llamado “el peruano parlanchín”; José “Pepitito” Marrone; y otros artistas que han hecho su paso por Necochea para hacer funciones en temporada.
En familia
Roberto tiene tres hijas que han crecido vinculadas al negocio pero siempre lo atendió solo, más allá de que su esposa Cristina lo acompañaba en algunos momentos, cuando no estaba trabajando como docente de nivel inicial. “Yo no falté nunca al negocio, solamente los seis meses y medio que me fui al servicio militar”, contó el propietario que hoy dedica su tiempo a pasarlo con la familia, los amigos y a jugar al billar en el Rivadavia o en el Club de Pesca.
El comercio ya era una cosa de familia. El padre de Roberto había tenido desde 1952 hasta fines el año 1968 la sedería San Miguel, que se encontraba en avenida 59 al 2900 y luego, al cerrar, se fue a trabajar con él a la Villa Díaz Vélez.
“Siempre tuve el mismo tipo de negocio, tienda y mercería. Aunque en los últimos años buscaba un extra afilando tijeras con una máquina que tenía. Se me había hecho una linda clientela que hasta del centro venían”, recordó con un dejo de emoción el hombre que construyó un pedacito de historia que quedará en el recuerdo de más de una persona al pasar por la 83 al 339.