Cierren los ojos y recen: un Presidente dormido y una Vice con relato futbolero
El alegato sobre la corrupción durante la “década ganada” se mezcla con un país en estado de emergencia y una inflación récord
“Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: ‘Cierren los ojos y recen’. Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros la Biblia”. En una sola frase Eduardo Galeano (periodista y escritor uruguayo, 1940-2015) resume a la perfección el pensamiento de una época respecto de la colonización española. Esas mismas palabras al releerlas, me recuerdan la campaña electoral en 2003, cuando Néstor Kirchner se terminó imponiendo. Como siempre, con cantos de sirena incluidos, nos prometieron el futuro mejor que nunca llegó, pero se quedaron con el botín.
Pasaron 19 años. Estamos peor que antes, sin moneda, con más pobres, con más inflación, corrupción y el narcotráfico que avanza sin parar frente a la inexplicable inacción del Estado. Los que “llegaron” para ser mejores, se terminaron quedando con miles de millones que sustrajeron al pueblo argentino, a ese mismo que le hicieron cerrar los ojos y rezar. Algunos, menos ya, siguen creyendo. ¿Por qué? Porque los relatos son poderosos, captan la mente ingenua de los que se entregan genuinamente al credo. Y otros porque fueron cooptados desde el bolsillo, esclavizados por unas monedas que le aseguran al “clan” colonizador una fidelidad absoluta.
El relato tuitero de Cristina Kirchner, devenida en comentarista de fútbol amateur, no hace más que poner en evidencia que se encuentra arrinconada; sin respuesta para las graves acusaciones que enfrenta, arremete directamente contra los acusadores. Si Cristina es culpable o no, lo determinarán los jueces. Pero sí podemos afirmar que sus tuits futboleros denotan una mezcla de preocupación, miedo e impotencia. Una lástima que jamás haya dedicado un tuit a los actos de corrupción que se perpetraron durante sus años como presidenta. Ni siquiera cuando los bolsos de José López volaban por el muro de un convento, o sobre las propiedades de Daniel Muñoz, o de su propio ex secretario privado hasta 2010, Fabián Gutiérrez, que en 2018 declaró en su contra en una causa por corrupción y murió asesinado por asfixia mecánica, tras ser torturado, golpeado y apuñalado en reiteradas oportunidades.
Lo que estamos padeciendo del peor gobierno de la democracia argentina es consecuencia directa de todo lo que hizo la Vicepresidenta y sus pésimas decisiones, tanto al haber ungido como candidato a quien no estaba preparado para serlo, como posteriormente dedicarse a esmerilarlo y acorralarlo hasta que finalmente le sacó el volante. Es público y notorio que Alberto Fernández no tiene hoy poder alguno, solo el institucional residual que le da la manoseada lapicera presidencial, por más discursos impostados que intente, nadie le cree. Lo veremos sentado ahora -algo que no hizo antes- en las reuniones de gabinete, haciendo algún que otro anuncio rimbombante como ya nos tiene acostumbrados, inaugurando una calle asfaltada o durmiendo en un acto, como en la asunción de Gustavo Petro, el nuevo presidente de Colombia.
Mientras el país sigue a la deriva intentando encontrar un rumbo, el Andrés “Cuervo” Larroque nos advierte: “Sin Cristina no hay peronismo, sin peronismo no hay país”. ¿No es demasiado? ¿No están llegando muy lejos? Hubo un país antes del peronismo, incluso llegamos a ser una potencia mundial, un país que era la envidia del mundo. Luego de eso nos desplomamos. Del 2003 a la fecha cumplimos a la perfección con la letra de Juan y José (una magnífica canción de Joan Manuel Serrat): “Tanto rodar y estamos otra vez en donde lo dejamos”. Sería bueno que Larroque repase la letra, mientras mira el índice de inflación y sus proyecciones.
Entre Cristina, que se dedica a relatar partidos de fútbol por Twitter y el Presidente que se duerme y no gobierna, nos imponen una realidad asfixiante. Mientras asistimos a las sesiones de un juicio histórico. Seguramente va a marcar un cambio de época. Se ventila a la luz del día la matriz de corrupción del clan Kirchner de manera cruda y certera, ocasionando que las dudas que intentan plantear los que aún defienden el “credo” quedan hundidas en el pantano de la hipocresía más profunda. Tanto que para los relatores del relato vale más conjeturar sobre las inocuas fotos de lo que no es, que alegar, demostrar y probar la inocencia de su jefa. Es un final sin final por ahora, pero como todo en la vida, el final siempre llega.
La misma que ahora busca victimizarse frente a la sociedad, es la que la daba instrucciones de apretar jueces a Oscar Parrilli, como todos pudimos escuchar en audios que tomaron estado público: “Hay que salir a apretar a los jueces”. Tampoco dedicó tuit alguno a explicar a la sociedad y a sus propios votantes, el porqué de esa frase, y como sabemos, el que calla otorga. W. Somerset Maugham (escritor británico) dijo: “La hipocresía es el vicio más difícil y desgarrador que cualquiera puede perseguir, necesita de una vigilancia incesante y un extraño desprendimiento del espíritu. No puede, como el adúltero o la gula, practicarse en los momentos libres, es un trabajo a tiempo completo”.