Cincuenta años de la desaparición de un maestro inolvidable
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Pedro Arozarena murió el 7 de septiembre de 1971, a los 76 años. En reconocimiento a su labor, el anfiteatro del Parque, la biblioteca del Centro Vasco y una sala del Centro Cultural llevan su nombre
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Archivo
Ecos Diarios
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Días atrás se conmemoraron cincuenta años del fallecimiento de Pedro Arozarena, uno de los profesores más recordados del Colegio Nacional “José Manuel Estrada”.
El anfiteatro del Parque Miguel Lillo, la biblioteca del Centro Vasco y una sala del Centro Cultural, llevan su nombre como testimonio de sus aportes; pero quienes mejor reflejaron su grandeza fueron sus alumnos, quienes aún hoy lo recuerdan.
Maestro, escritor, periodista, ecologista, Arozarena fue una de las figuras más descollantes de la cultura necochense del Siglo XX.
También es recordado como filántropo y “alma mater” de algunas de las instituciones más importantes de Necochea.
Murió el 7 de septiembre de 1971, a los 76 años. Al día siguiente Ecos Diarios publicó un artículo en el que hacía referencia a su larga trayectoria y el pesar que había provocado su fallecimiento.
“Las exequias del distinguido y querido convecino, constituyeron un espontáneo y elocuente reflejo de los afectos que él conquistara en todos los círculos locales que había frecuentado”, indicaba la nota.
El profesor
Había nacido en el siglo XX, unos días antes del inicio de la primavera de 1895, un 17 de septiembre.
Quienes lo conocieron dicen que enriqueció con sus conocimientos a todas las personas que tenían oportunidad de tratarlo. Una de sus hermanas mayores, Mercedes, fue maestra y directora de la Escuela Nº 4.
“Permaneció como profesor de diversas materias durante 35 años, de 1922 a 1957, en el Colegio Nacional “José Manuel Estrada”, escribió el desaparecido periodista Horacio Nicolella, que fue su alumno. “Ocupó sus cátedras con brillantez, quien suscribe recuerda su personalidad de hombre íntegro y su sencillez dentro de una disciplinada vocación de enseñanza”.
Alrededor de 1912, Arozarena había cursado en La Plata varias asignaturas de magisterio para graduarse posteriormente en la Escuela Normal Popular de Necochea.
Durante años fue maestro en Lobería, en la Escuela Nº 1 y en la Normal Popular.
En 1922 se incorporó al plantel de profesores del Colegio Nacional, donde permaneció hasta 1957.
También desarrolló una amplia labor de carácter literario, escribiendo un libro titulado “Teatro Criollo Escolar”, poemas y piezas infantiles.
Nicolella lo recordaba además como “gran conferencista, dueño de un importante material histórico sobre la ciudad. Sobresalió igualmente en brillantes artículos periodísticos y se lo contó entre los primeros colaboradores de Ecos Diarios”.
En 1945 fue vicepresidente de la Comisión de Festejos de las bodas de plata del Colegio Nacional.
Destacado vecino
Fue “un maestro de maestros”. Así lo definió en una oportunidad el ingeniero Edgar Gatti, quien lo convocó para formar la comisión provisoria para la creación de la Asociación Amigos del Parque “Miguel Lillo”, de la que Arozarena fue presidente.
Arozarena fue profesor de historia y literatura del Colegio Nacional desde 1922, en los años que el director del establecimiento era León Fichman, y tuvo como amigos a profesores de la talla de Carlos Rolón, Eduardo Calzada, Enrique Balech, Pedro A. Zugazúa, personas que hacían de su carrera un apostolado.
Un libro publicado por el Colegio Nacional, con motivo del cincuentenario del establecimiento, recuerda a Arozarena como “un docente con un amplio concepto de los valores culturales, brindó a la juventud lo mejor de su acervo intelectual e inspiró la más elocuente admiración por su ejemplo de hombre probo, afanoso y entusiasta por lograr la perfección de la vida humana”.
“Dentro y fuera del aula se manifestó con acendrada vocación de maestro y como hombre solidario, brindó su fecundo aporte cultural a todas las instituciones que le requirieron su participación”, precisa el artículo.
Precisamente, Arozarena integró la primera comisión directiva del Centro Vasco Euzko Etxea, creado el 15 de abril de 1945. El maestro fue uno de los vocales junto a Ignacio Larraza (h), Leoncio Iriberri y Gregorio Zubillaga.
Como escritor Arozarena incursionó en el ensayo, el periodismo, el drama y la poesía.
Colaboró con algunos poemas, como “Risa tonta” y “Mater Alegría” en Ecos Diarios, en 1921. El dramaturgo creó el “Teatro Criollo Escolar” en 1953.
Como periodista dirigió el desaparecido diario La Nueva Era de Lobería. Allí, por exponer sus ideologías, lo atacaron a tiros, aunque no llegaron a herirlo.
Arozarena fue un distinguido director municipal de Cultura y presidió la Biblioteca “Andrés Ferreyra”, la filial de la Asociación de Maestros de la Provincia de Buenos Aires y la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) de Necochea.
Arozarena no tenía familia. Sus dos hermanas y sus padres habían muerto. Sin embargo, no estaba sólo, ya que tenía una gran cantidad de amigos.
En sus últimos años de vida fue afectado por una arterioesclerosis aguda que provocó graves consecuencias en su mente.
Meses antes de morir fue internado en el Hospital Municipal. El director le dio una salita especial, donde fue muy bien atendido. Sus amigos lo cuidaban porque Arozarena ya no tenía conciencia de donde estaba.///