Colección de mitos de Quequén de la autora Angeles Espinosa
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Se trata de una edición autogestiva, con ilustraciones propias. Historias con pertenencia
La escritora Angeles Espinosa está desarrollando una colección de cuentos infanto juveniles en los aborda la temática de los mitos de Quequén.
Si bien está orientado a un público infanto juvenil también ha ganado adeptos entre los adultos que quedan atrapados con la historia y le piden que la continúe desarrollando.
Este material lo edita de manera autogestiva y artesanal y hasta el momento ha presentado siete libros, ellos se puede mencionar a Caribea, el barco fantasma o no tan fantasma; Los caballitos de Santa Elena, Physis y Aqua; Las sirenas del Quequén; Salvador, el fantasma del Faro de Quequén; Super cornalito, el monstruo de la pileta, y tiene tres más “a punto de nacer”.
Para Espinosa, Quequén y todo su entorno resulta muy inspirador porque aún es muy agreste y su naturaleza le da tema para escribir, “estoy tratando el tema de mitos quequenenses que si bien no había nada al respecto, estoy bastante compenetrada en el tema porque he pintado sobre los mitos guaraníes”.
Vale recordar que Angeles es colaboradora del Museo Casa del Faro y semanalmente visita nuestra ciudad. A medida que fueron surgiendo estos trabajos se los dio a leer a familiares y otras colaboradoras del Museo que le hicieron notar que los textos tienen mucha pertenencia, hablan del Puerto, la Prefectura y de otros sitios que nos son familiares, y a través de su obra está haciendo conocer historias lugareñas por todo el país porque los ha llevado a las provincias del interior.
Bilingüe
Actualmente, los está traduciendo al inglés para hacer una edición bilingüe que viajará a la India y Estados Unidos.
Estos cuentos son embajadores fuera y dentro del país, y casi sin proponérselo tienen un sentido moralizante porque en todos se plantea un conflicto entre lo que está bien y está mal, “finalmente se resuelve y dejan una enseñanza. Otra cosa que me señalaron es que se valora el trabajo en equipo”, explicó la autora.
Los libros son editados por Espinosa, quien los imprime y abrocha uno por uno, “recorto las tapas y todo es una tarea de amor”.
Los libros de la colección mitos quequenenses tienen tapas con coloridas ilustraciones realizadas por la autora pero también prepara una edición en blanco y negro para regalar en las escuelas que visita.
Hacer referencia a un lugar, su gente, y ciertas historias relacionadas con Necochea y Quequén le dan una impronta local muy fuerte, por ejemplo en el libro Linterna y el Uzucuma relata que en la segunda guerra mundial los ingleses hundieron un buque nazi a 50 millas de Quequén, no se sabe lo que contiene, “armé una historia de un pez que quería conocer estas playas y se topa con el Uzucuma que tenía torpedos activos, y cuento el trabajo en equipo de todos los animales del mar para salvar a la ciudad de una posible explosión”, explicó.
Por su parte, en Las sirenas de Quequén, menciona a un conocido astillero, la Prefectura, el Puerto y antepuerto y todas sus obras están ilustradas en el estilo naif que la caracteriza, “para que la persona que no conoce vea como es la ciudad”.
Fantasmas
Mezcla de realidad y fantasía, así se van desgranando las historias de Espinosa que en otro de sus trabajos eligió al Caribea, aquel barco “fantasma” que un día llegá a nuestro puerto y en ese sentido contó que “tomé ese mito y le coloqué una población de quequenenses que van a vivir ahí y se arma una ciudad tan pujante que la dueña termina siendo millonaria”, relató la autora que se inspiró en gente conocida.
De sus paseos por la costa de Quequén y el puerto van surgiendo estas historias tan particulares en las que se permite jugar con la imaginación y de un hecho real, como fue la aparición de una gran masa de cornalitos muertos a causa del frío, “tomé la idea que se contaminaron con agroquímicos, menos uno que nació deformado pero fue salvado por un prefecto y un médico del Irurzun”.
Cuando visita establecimientos escolares acostumbra a llevar sus libros de regalo, los presenta en una bolsa con papel picado, con un señalador con ilustraciones del libro y stickers grandes con las ilustraciones de los cuentos. “Cuando estuve en el orfanato en Corrientes le narré las Sirenas de Quequén y regalé las figuritas”, sostuvo Espinosa.