“Estas basuras no tuvieron piedad”
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Sostuvo Shelly Jacquier, la esposa del empresario, al rememorar la pesadilla sufrida hace algo más de dos años en su casa. “Amenazaban con picanearme”, afirmó ante los jueces del Tribunal Criminal Nº 1
“No se lo deseo a nadie. Con mi marido no podíamos defendernos y nadie nos ayudó en ese momento. Tuve miedo que estas basuras me mataran, ya que no tuvieron piedad y todo por un peso roñoso”, sostuvo ayer Delia Ester Jacquier.
La esposa del empresario Guillermo Depierro respondió a todos los interrogatorios, declaró una hora y doce minutos, quebrándose emocionalmente en algunos pasajes pero con firmeza al tiempo de rememorar la pesadilla sufrida.
“Le pedí al individuo que estaba junto a nosotros que me afloje la atadura porque mi esposo se había descompensado y yo podía asistirlo. Pero enseguida otro de los sujetos me gritó ‘vieja de mierda cállate porque te vamos a picanear y a matar’”, afirmó la mujer.
Conocida como Shelly, la otra víctima que logró salvar su vida esa trágica tarde-noche del 4 de julio de 2018 en su vivienda de calle 67 al 2700, reconoció que “le hablaba a Guille en forma permanente y les pedí ayuda a los individuos pero no me dieron bola, mostraron una indiferencia total”.
Luego de algo más de dos años del violento episodio, comenzó ayer el juicio oral a los cinco imputados por el delito de “homicidio en ocasión de robo”, en plena pandemia de Covid-19 (coronavirus) y con las medidas sanitarias de prevención.
“Nos cagaron la vida”
Al responder preguntas del abogado Alfredo Gascón Coti y antes de un breve paréntesis de cinco minutos en su extensa declaración, Shelly Jacquier señaló que los integrantes de la banda “nos cagaron la vida, pero la van a pagar”.
Y con lágrimas en sus ojos acotó “por qué no me pegan ahora, que estamos iguales… Había necesidad que vengan a mi casa de semejante manera, a pegarnos con una barreta que uno de ellos llevaba”.
A consultas tanto del letrado particular como del fiscal Carlos Larrarte, Jacquier reconoció que “los más violentos eran el gordito y el más alto de los individuos, no tuvieron piedad de dos personas mayores que nada podían hacer, porque además, estábamos atados de pies y manos”.
Los delincuentes utilizaron precintos para inmovilizar las manos de las dos víctimas sobre la espalda y pañuelos en las piernas.
Eran cuatro
“El más chiquito (de contextura física) nos vigilaba y los otros tres revisaban toda la casa en busca de los dólares, ellos pedían la entrega de 90.000 dólares de la venta de una propiedad de mi familia y les decía que me la había gastado”, puntualizó .
La esposa del empresario y dirigente rotario recordó el instante de la despedida de ambos para siempre, al manifestar que “las últimas palabras de Guille fueron que ‘hasta en esto estamos juntos’, fue cuando los dos estábamos sentados en la cama de una de las habitaciones”.
Shelly Jacquier aseguró que cuando huyeron los ladrones, “bajé de la cama como pude y caminé hasta el porche donde estaba la luz apagada. Pedí ayuda y les dije a los vecinos que Guillermo estaba tirado en el suelo, maniatado y con los pantalones bajos, pero ya estaba muerto”.
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