Cómo afecta el estrés y qué hacer para aliviarlo
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Algunas manifestaciones físicas y psíquicas pueden alertar sobre situaciones de este tipo. Recomendaciones para estar mejor
Hay manifestaciones físicas y psíquicas que indican que alguien está padeciendo estrés. Una crisis de pánico o tener insomnio forman parte de las segundas; y dentro de lo físico, pueden aparecer problemas digestivos o musculares, las grandes puertas de entrada de alguien que consulta por un cuadro de este tipo: los signos de alerta. Si se duerme mal, se tiene dolor de cuello o alguna molestia crónica muscular, es probable que se esté inmerso en una situación de estrés y que sea necesario consultar con un profesional, ya que un analgésico o la automedicación, no suelen ser la respuesta.
Más allá de las enfermedades estacionales, como pueden ser las alergias, resfríos o cuadros respiratorios, el estrés es una de las causas más frecuentes de consulta médica. Así, los profesionales pueden descubrir que personas con dolores articulares, cervicales, de columna, de espalda, de estómago o cuadros digestivos bajos, suelen tener un componente nervioso dentro de estos síntomas. Los dolores, suelen aparecer en situaciones en las que el paciente se encuentra bajo un estado de ansiedad, mal descanso, exceso de trabajo o cierta disconformidad con el medio en el que se mueve. Eso, tiene directa relación con síntomas que tienen que ver con manifestaciones físicas. No necesariamente una persona consulta directamente por estrés o por un cuadro relacionado con un estado de nervios. En apariencia, hay personas que refieren un buen estado psíquico, pero las manifestaciones físicas tienen que ver con cierta tensión nerviosa.
Problemática
“Vos ves pacientes en los que uno busca una piedra en la vesícula o alguna situación que explique diarreas o gastritis y en realidad no se encuentra. La solución está en un cambio en la actitud del paciente, con un mejor descanso, orden en la alimentación y mayor tranquilidad”, explicó el doctor Ariel González, en diálogo con Ecos Diarios.
Se trata de inculcar que una vida más ordenada puede revertir una situación, independientemente de la medicación que se necesite en un momento puntual.
La fibromialgia, es una de las patologías que mejor describen los cuadros de estrés crónico. Cuando hay contracturas cervicales o de la columna dorsal que no se resuelve con fisioterapia, quinesioterapia o analgésicos, hay que abordar el problema de una manera más interdisciplinaria.
Cuadros de tumores, por ejemplo, han partido de un cuadro de estrés crónico o depresión. De todas maneras, las manifestaciones más comunes, tienen que ver patologías respiratorias, digestivas o musculares, pero también la fibromialgia o las fobias, que también son parte del gran estrés.
La tensión aguda, la sudoración, taquicardia, sensación de muerte inminente, están relacionadas con episodios de ataques de pánico, vinculados a la tensión que se puede estar viviendo.
Exigencias
La adaptación del joven la medio o a sus grupos de amigos, traen sus consecuencias cuando la interacción no es favorable y se ve cada vez en personas más jóvenes problemáticas de estrés, crisis de pánico o bloqueos.
Ahora, las fobias son frecuentes, entre las cuales los ataques de pánico son los principales. “Son manifestaciones alarmantes para el paciente, porque se siente morir”, indicó González. En general, para encontrar soluciones, el abordaje es multidisciplinario. Lo que hay que intentar corregir tiene que ver con mejorar el hábitat natural de la persona; en el caso de adolescentes, una contención de sus padres, y la corrección de los factores de riesgo si está el chico muy presionado.
Cuando la situación nerviosa se relaciona con cuadros digestivos, estomacales o de diarreas producto de cuestiones como el colon irritable, se corrigen también los hábitos alimentarios. En relación a las contracturas no muy severas, se pueden mejorar las posturas en el trabajo, del cuello al estar con un celular, la forma de mirar televisión en la cama, cambiar el colchón, y tratar de corregir todos los factores que estén al alcance, que puedan agravar la situación.
Vale destacar que el estrés es una realidad de cada persona, independientemente de vivir en una gran capital agitada, en un pueblo pequeño u otros factores: cada caso es particular. “Podes estar viviendo en una ciudad con el río a veinte cuadras y el mar a treinta, como puede ser Necochea y estar con un nivel que no te permite disfrutar de la naturaleza, encerrado en cuatro paredes”, sostuvo González. Y en cuanto a los adolescentes, hay casos en los que la vida se torna taciturna, se encierran, casi no salen, cumplen con la mínima actividad y pasan mucho tiempo con las redes sociales.
En adolescentes
El estrés entre adolescentes es motivo de preocupación para los jóvenes, para sus padres y para sus profesores.
Según la filosofía griega “lo único constante en la vida es el cambio”. Las personas, las circunstancias, y los pensamientos cambian. A los adolescentes les es mucho más difícil superar semejantes mutaciones. En consecuencia, esto conduce en algunos casos a un estrés agudo, a la ansiedad y a la tensión.
Muchas condiciones pueden ser posibles factores de estrés para los adolescentes: la enfermedad, la situación sentimental de los padres, la presión entre compañeros, los exámenes, cambiar de colegio o de ciudad.
Los jóvenes pasan por una fase difícil en la adolescencia y los mensajes, la información, que reciben de los padres, de los profesores y de los amigos a menudo parecen ser contradictorios. Si los adolescentes no están preparados y capacitados para poder manejar estás nuevas situaciones, esta fase puede generarles problemas serios, como estrés y tensión.
El estrés puede causar dolores de cabeza, pesadillas, irascibilidad y cansancio extremo. Sentirse estresado durante períodos demasiado prolongados de tiempo puede conducir a la angustia y ésta a su vez conducir a numerosas patologías. Así, según los profesionales, es muy importante que los padres acompañen y orienten a los adolescentes para ayudarlos a controlar el estrés y la tensión.