Cómo combatir la pobreza a corto plazo
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Los analistas coinciden en la necesidad del crecimiento económico para revertir esta situación
Agustín Maza (*)
Colaboración
La pobreza es la contracara de las crisis que sufrió nuestro país en los últimos 30 años. Esto dejó como consecuencia un piso de “pobreza estructural” difícil de perforar, que en estos años nunca fue menor al 25%. Mientras tanto, 2020 finalizó con 42% de pobres. ¿Cómo revertir esta situación y que ese, aproximadamente, 15% o 20% de “nuevos pobres” pueda salir de ese flagelo en el mediano plazo?
Los diversos analistas, aunque con algunos matices, coinciden en la necesidad del crecimiento económico para revertir esta situación, aunque no parecería ser una condición suficiente. Mejorar los salarios, contener la inflación y aumentar los puestos de trabajo, entre otras, deberían ser los ejes de trabajo una mejora en el corto y mediano plazo.
En los últimos tres años, con las crisis cambiarias y la pandemia, el panorama empeoró sensiblemente. Principalmente, se generaron “nuevos pobres”.
En total, la pobreza alcanzó aproximadamente a 19,6 millones de personas en el segundo semestre de 2020, concentrada en 4,7 millones de hogares y la indigencia atrapó a 4,9 millones, es decir, 1,1 millones de hogares. En tanto, el conurbano de Buenos Aires se consolidó como la región con mayor nivel de pobreza: 51%, 10,5 puntos por encima de la medición del año anterior y 3,5 puntos porcentuales superior al nivel registrado en el primer semestre. Concentra el 53% de los pobres del país.
La pobreza, en esta magnitud, golpeó a todos los rangos etarios. “Por efecto del freno de la actividad, el aumento de la pobreza se concentró entre los adultos de 15 a 29 años, afectando al 49% del total, 6,8 puntos por encima del nivel de un año atrás; y los adultos de entre los de 30 a 64 años”, explicó la consultora LCG. Sin embargo, no se puede dejar de resaltar que la pobreza en menores de 14 años alcanza a casi 6 de cada 10 niños (57,8%) y de ese universo de 6,3 millones, 1,7 millones no llegan a cubrir la alimentación básica.
Un informe conjunto del Centro de Estudios Distributivos, Laborales y Sociales (Cedlas) y el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), señala que entre 1983 y 2018 “la pobreza disminuyó en el rebote de las dos crisis macroeconómicas más profundas que vivió el país y en el período de excepcionales circunstancias externas durante los 2000”. Sin embargo, el trabajo señala que existe un “núcleo duro de pobreza”, que nunca pudo mejorar su situación y afecta a 25% de la población argentina.
Actividad y pobreza
La relación entre la evolución de la economía y el crecimiento de la pobreza está a la vista. El PIB argentino acumuló en los últimos tres años un retroceso de 14%: -2,6% en 2018, -2,3% en 2019 y -9,9% en 2020, mientras que la economía no crece desde 2011. En tanto, el PIB per cápita retrocedió a niveles semejantes a la década del ’70, sólo 5% por encima del promedio en esos años, destacaron desde LCG.
Por su parte, los datos de pobreza fueron en línea con el movimiento de la economía. Los datos de 2015 no eran confiables, aunque se estima que ese año finalizó en 28%. En 2017, se ubicó en 25,7%, pero comenzó a subir en la crisis de 2018 (32%), mantuvo la tendencia durante 2019 (35,5%) para finalizar 2020 en los valores ya mencionados.
“En general, la relación entre crecimiento y baja de la pobreza es casi perfecta, con algunas excepciones como la de los años ‘90 en los que a pesar del crecimiento, la pobreza subió”, explicó el director del Centro de Estudios para la Producción (CEP XXI), Daniel Schteingart, ante El Economista. Para Schteingart, el crecimiento genera más herramientas para mejorar los indicadores y su consecuente impacto en los ingresos.
“El crecimiento es necesario, pero no suficiente, aunque si no crece la torta hay menos para repartir”, afirmó el economista en jefe de Ecolatina, Matías Rajnerman, ante El Economista. “La cuestión no es sacarle a los que más tienen para darle a los que menos tienen, sino en generar una economía que permita avanzar en estos indicadores”, añadió.
Precios y salarios
En los últimos tres años, la inflación acumulada fue del 209%, la canasta básica de alimentos aumentó 241% y el Indice de Salarios del Indec, apenas 143%. Esto es una foto muy ilustrativa para explicar la evolución de la pobreza. Además, la tendencia parecería no estar cambiando. “Es muy difícil tener una economía cayendo y salarios al alza, porque las empresas no estarían dispuestas a subir los sueldos”, enfatizó Schteingart.
El nivel general de salarios creció en enero 29,6% interanual, mientras que la inflación en ese período fue de 38,5%. En este contexto, el Gobierno intenta anclar expectativas en la pauta marcada por el presupuesto (29%) para que los salarios no vuelvan a perder este año, aunque el objetivo está cada vez más lejos.
En este panorama, salir de la pobreza resulta cada vez más difícil, incluso para los que no pertenecen a ese “núcleo duro de pobreza”.
En el último trimestre de 2020 el desempleo alcanzó al 11% (2,1 millones de personas). Desde 2005 que la tasa de desempleo no cerraba en dos dígitos.
El nivel de ocupación creció en 866.000 trabajadores en comparación con el tercer trimestre de 2020, lo que se tradujo en un aumento de la tasa de empleo de 2,7 puntos: 40,1%.
Pobreza multidimensional
La pobreza que mide el Indec se basa en una línea que determina a partir de qué ingreso se está por debajo o por encima de la pobreza o indigencia. Pero hay otros aspectos a tener en cuenta y que hacen a la calidad de vida de las personas. Una medición que va en ese sentido es la que realiza el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA). La alimentación, los servicios básicos, vivienda digna, medio ambiente, accesos educativos y empleo y la seguridad social, son los ejes que tiene en cuenta esta medición.
Los pronósticos para este año no son tan alentadores, y muchos especialistas coinciden en que difícilmente se pueda bajar del 40% de población bajo la línea de la pobreza en base a ingresos. Mientras tanto, la segunda ola de la pandemia y sus posibles consecuencias también están al acecho.
Es imposible resumir todas las acciones necesarias para terminar con este flagelo, pero lo evidente es que el piso de “pobreza estructural” es más alto a medida que suceden las crisis. En nuestro país, particularmente, hace tres años que se pasa de una crisis a otra. El desafío de los Gobiernos, más allá de su sector político, está estrictamente vinculado a mejorar esta situación.///