Como el Fénix, el Centro de Jubilados Norte resurgió con más fuerza que antes
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Una nueva comisión directiva se puso al hombro la institución para reflotarla y trabajaron intensamente en la pandemia
Conocido cariñosamente por vecinos del barrio como “el Centro de la 70”, el centro de Jubilados Barrio Norte se fundó en 1996, momento en que solo había una casita en el fondo del terreno de la 70 al 2300, mientras que en el patio delantero jugaban a la pelota los chicos que vivían cerca.
No pasó mucho tiempo hasta que el empresario Evasio Marmetto, que estaba como presidente del Centro por aquel entonces, decidiera donar el dinero para construir la mayor parte de lo que hoy es la institución. Así se edificó no solo el salón, sino también los baños y la enfermería. Luego, dado que no tenían forma de entrar la mercadería a la cocina sin pasar por el salón, se hizo el pasillo lateral cubierto que va de punta a punta del edificio.
El motor
Celia «Kity» Jaurena entró a colaborar con su esposo en el año 2001 y estuvo hasta el año 2012 que, como él tenía problemas de salud, decidieron no seguir.
En ese momento empezó una decadencia en la que no solo se perdió todo lo que habían conseguido administrativamente, sino que también perdieron pedicuría, enfermería, folclore, yoga y todas las actividades que había hasta ese entonces.
Según cuentan los actuales integrantes de la comisión directiva, hubo una persona en todos esos años que explotó el lugar para su beneficio personal y dejó venir abajo el Centro. «Los vecinos estaban disconformes, se armaban peleas y la gente estaba acobrdada, hasta que vino Control Urbano y dijo que así no podían seguir o tendrían que clausurar. Para ese entonces habían abandonado casi todos los demás miembros de la comisión», contó Kity.
Luego de varios idas y vueltas legales y esperando pacientemente a poder recuperar la institución, un día de principios de 2019 pudieron volver a tomar posesión del Centro de Jubilados. Esa misma noche, alguien ingresó al lugar por la fuerza, rompiendo la puerta, y se robó todo lo que había de valor. Tras denuncias y allanamientos, la Policía logró recuperar buena parte de lo sustraído.
Ese extenso conflicto marcó un nuevo inicio para el Centro de Jubilados Barrio Norte, en el que se tuvo que reflotar la documentación desde el 2012 y por estos días están tratando de recuperar el certificado de vigencia que les permitirá tener los talleres gratuitos de Pami en la institución para sus más de 100 socios.
La pandemia
En este tiempo de pandemia, lejos de quedarse quietos, lo que han hecho es organizar varios eventos para recaudar fondos, dado que Kity y su esposo fueron quienes pusieron el dinero de su bolsillo para hacer todas las obras pertinentes que le permita tener la habilitación de Bomberos para funcionar. Eso incluyó sacar ventiladores, sacar pantallas de calefacción a gas, derribar paredes, señalizar y adaptar las salidas de emergencia, entre otras obras más, que demandaron una gran suma de dinero.
También debieron hacer instalación de nuevas luminarias, hacer revisión de la instalación eléctrica, de la instalación de gas y hasta los planos del edificio. Hoy hay clases privadas de folclore y yoga, donde las profesoras cobran a cada participante pero deja una comisión al Centro.///