Cómo en el 2001, en agosto las llamas se apoderaron del Casino
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En aquella oportunidad se quemó lo que había sido la sala de juegos, en tiempos de esplendor. El siniestro de anoche no sorprendió a muchos
Las curiosidades del destino parecen haber determinado que el mes de agosto sea el tiempo de las catástrofes, en modo de fuego, para lo que fuera una de las obras emblemáticas de Necochea: el complejo Casino.
Como en la noche del 9 de agosto de 2001, cuando las llamas producidas por un cortocircuito se devoraron una estructura de 2.000 metros cuadrados donde funcionara la sala de juegos en los momentos de esplendor, anoche, esta vez con un edificio en ruinas desde hace largo tiempo, el fuego hizo desaparecer el área más llamativa y coqueta de la estructura: el teatro auditórium.
Previo a estos hechos contundente, se recuerda un pequeño incidente, si se quiere, relacionado con el fuego, cuando el 8 de febrero de 1978, una chispa encendió el telgopor y la lana de vidrio que recubrían una cañería, justo cuando dos obreros soldaban chapas en la sala de juegos. Al final, dos dotaciones de bomberos apagaron las llamas enseguida, convirtiendo al episodio en sólo un susto.
Sin embargo el fuego tendría su primer gran efecto devastador desde las 22 del 9 de agosto de 2001, cuando se desató un voraz incendio que por poco no hizo sucumbir a todo el emblemático edificio inaugurado frente al mar el 9 de febrero de 1973.
Un cortocicuito originado en el área de las máquinas tragamonedas dio rienda suelta a las llamas, que con notable esfuerzo los bomberos (debieron acudir diez dotaciones lograron controlar sobre la medianoche.
Luego hubo que desmantelar los restos de ese piso superior y la llamada “postal” de Necochea empezó a ser un recuerdo.
Un final anunciado
Quienes también acudieran al incendio que devastó lo que fuera la sala de juegos en 2001, vieron repetirse anoche ante sus ojos las dantescas imágenes del fuego ganándolo todo, en este caso el sector que fuera sede de recordados espectáculos y una de las salas más lindas que ha tenido la ciudad en su historia.
Por su escenario y recibiendo el aplauso desde las 650 butacas que en varias noches de arte se llenaban de espectadores, desfilaron destacadas figuras como Luis Sandrini, encabezando el elenco que presentó la obra “La ganaste papá”, de Abel Santa Cruz; Luis Brandoni y Marta Bianchi ofreciendo la obra “Una de cal y una de arena”; el actor y empresario Alberto Martín regenteando por años la sala y presentando decenas de espectáculos; Juan José Camero y Susú Pecorao en su momento de mayor esplendor hicieron temporada de verano completa en el auditórium; que también vio pasar por su escenario a Zulma Faiad, Ricardo Darín, Darío Víttori, Luis Landriscina, José “Pepitito” Marrone y los mejores cantantes y bandas, entre otros.
Asimismo en su amplio foyer de la parte inferior, se brindaron infinidad de exhibiciones de cuadros, obras de arte y eventos, e incluso se desarrolló alguna edición del torneo Playas de ajedrez.
Sin embargo con el paso de los años el auditórium, que tuvo como último concesionario a Osvaldo Papaleo, se fue descuidando, para quedar finalmente abandonada y a disposición de los vándalos, que robaron y destrozaron todo, sumándose a personas que entraban a pernoctar ante el descuido de la ineficiencia municipal para cuidar el lugar.
La llamativa estructura ovalada generó su primer fuerte aviso de que debía ser atendida para no desaparecer en el artardecer del 1º de noviembre de 2016, cuando se desplomó la mampostería del revestimiento que da hacia la playa de estacionamiento, destruyendo cristales en un área de 10 metros y que por fortuna no derivó en una tragedia, al no caer sobre personas que habitualmente deambulaban por el sector. Como medida preventiva, sólo se apuntaló lo que quedaba en pie con palos de madera y se colocó alambrada alrededor de la estructura, afeando aún más al lugar.
Volviendo al siniestro de anoche, si bien se notaba una mezcla de bronca, tristeza e impotencia en las voces de los numerosos vecinos que llegaron al lugar, esta vez no se observaron lágrimas en los rostros, como en el 2001. Es que en cierta forma, y se pudo escuchar en varias de las conversaciones de los presentes en la víspera, era una situación que no los sorprendía y que en cierta forma hasta se esperaba que sucediera algo por el estilo ante el penoso deterioro del edificio.
Más allá de esta lógica presunción y de saber que el abandono es el paso previo a la extinción, la sala teatral del Casino pasó anoche a ser un lindo recuerdo y una pérdida más para Necochea.///