Como en una montaña rusa
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A días de llegar a los tres meses del aislamiento social preventivo y obligatorio, y sin diferencia con lo que ocurre en todo el país y el mundo, Necochea padece las cambiantes alternativas del coronavirus. Avances y retrocesos. Incertidumbres y situaciones que pueden variar de un día para otro.
Sin que haya llegado el previsto pico de infectados, que en su momento hacían presumir alcanzaría al 20% de la población del distrito y luego se redujo tal expectativa, nuestra sociedad vive en un estado de sobresalto luego del increíble «baby shower» que desatara una ola de contagios, nos volviera a recluir y nos pusiera en el tapete de los medios y en el decir de los gobernantes nacionales, como ejemplo de lo que no se debe hacer.
Con profesionalidad, entrega y una pizca de fortuna el equipo de salud logró controlar un foco de contagio que sembró preocupación y miedo, pero está claro que nada está asegurado y se juega al filo por el comportamiento social ante un virus aún imprevisible, pese a que hoy conocemos más de su desenvolvimiento que hace 90 días, cuando irrumpió a pleno en la Argentina.
La situación es dinámica, cambiante, sorpresiva y cualquier descuido o negligencia en los cuidados se paga caro. No sólo puede dar cuenta de ello Necochea: Olavarría pasó de no tener casos a un brote que se acerca al centenar de infectados y dos muertes por haber contraído el Covid-19; y en Balcarce apareció un caso positivo justo en la jornada que pasaría a la fase 5 y se debió dar marcha atrás.
Este ir y venir no hace más que poner a prueba la resistencia anímica y psíquica de quienes son responsables, ya que lamentablemente hay una franja de ciudadanos a los que nada les importa. Y son los que terminan generando con sus conductas los descalabros.
Y más allá de estas consecuencias, un retroceso de fase significa un nuevo golpe para el complejo y enmarañado presente económico, donde ya ha quedado muy en claro que todos, en mayor o menor medida, perderemos.
Con una ayuda del Estado que ha sido más propagandística que real, apuntalando solo a su franja habitual de subsidiados, y dejando a la intemperie a los «nuevos» necesitados, es decir miembros de una clase media que se empobreció como nunca en el último semestre; el presente es tan inquietante como lo que sobrevendrá a la pandemia.
Como si tuviera una zanahoria por delante, la comunidad laboral y profesional de Necochea espera y hasta ruega llegar a la semana del 20 al 24 de junio, fecha en la que, de no desatarse otro brote, ingresaríamos en una fase 5 donde habría una apertura casi total de la actividad.
Claro que para arribar a este punto, en el que por ejemplo tendrían su reactivación dos espacios que han sido más que castigados: la gastronomía y los gimnasios, aún resta recorrer algunos días. Y dentro de este escenario de montaña rusa en el que estamos sumergidos y padeciéndolo.