Cómo hacer un trámite en un órgano del Estado y no morir en el intento
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En los vertiginosos tiempos de la tecnología, cuando se supone que todo debería andar sobre rieles, tener que realizar algún tipo de trámite ante un organismo del Estado conlleva en la Argentina una serie de impedimentos tan inexplicables como irrespetuosos, que hacen acordar al segmento radial que, el periodista Rolando Hanglin, denominaba la OSA Organización del Sufrimiento Argentino.
La primera herramienta en esta modernidad, que por cierto funciona muy eficazmente en la mayoría de los países excepto el nuestro, son las portales digitales, en este caso de dependencias estatal, tanto sea para hacer un trámite en su totalidad o simplemente sacar un turno.
La desactualización de la información, que en algunos sitios web es insuficiente, y la caída que con frecuencia de las páginas, hacen más que complicado el proceso.
En tal sentido uno de éstos qué más se encuentra fuera de servicio es el de la Afip, que en medio de la dura cuarentena estuvo con sus puertas cerradas durante varios meses; y en lo que respecta a las aplicaciones de celulares (app), la de “Vacunate”, vía de comunicación para los turnos de vacunación contra el Covid, se “cae” con frecuencia, como ocurriera en gran parte de la mañana de ayer.
El ya casi obsoleto procedimiento de sacar turnos a través de una línea fija, tiene en el caso de la Municipalidad de Necochea algunas falencias que molestan. Por caso el número 42-5337, al que hay que llamar para sacar un turno con vistas a tramitar la licencia de conducir, pero que “la voz grabada contesta este número no pertenece a un abonado en servicio”.
El efecto cuarentena
Esta anomia a la hora de ofrecer buenos servicios desde un Estado cada vez más voluminoso, ha tenido en el último año un impulso extra: la pandemia y una excesiva cuarentena ordenada desde el Gobierno, que ha complicado aún más la vida a quien debe hacer un trámite, o paradójicamente, pagar un impuesto o tasa, para que justamente se mantenga al creciente ejército de funcionarios y empleados públicos.
Oficinas que no abren por meses, caso ARBA, y que obligan a la gente a arreglárselas a través de Internet o líneas telefónicas en las cuales obviamente no existe la atención cara a cara, o barbijo a barbijo en estos tiempos de Covid, suelen agotar las ganas del cliente o contribuyente, además de hacerle perder un tiempo precioso.
Un ejemplo de estos disparates se da en el ámbito bancario, más precisamente para aquella persona que pretenda cobrar un cheque en el Banco de la Nación Argentina, aún esté su nombre. Se le explica que hasta antes de la pandemia se lo pagaba por caja, pero no ahora por los protocolos ligados a la misma y se lo obliga a depositarlo en su cuenta bancaria. Claro que quien no la posea deberá molestar a otra persona que si la posea y que luego le dé el dinero. Engorroso y aún más llamativo si el monto del cheque es pequeño.
En tanto la atención en las cajas está restringida, por lo cual si Ud. tiene que hacer una operación en un banco estatal, tendrá que tener más paciencia que nunca.
En ciudades chicas como la nuestra, donde todos de una u otra forma nos conocemos, es más que frecuente ver circular por las calles, asistir a fiestas o hacer deportes grupales, a muchos que se desenvuelven en organismos del Estado y que están exceptuados de ir a trabajar por ser personas de riesgo, cuando no la repartición está cerrada desde hace muchos meses. Es cierto que tienen libertad para hacerlo, pero para quienes están obligados a trabajar, entre otras cuestiones para producir y contribuir con sus tasas o impuestos al pago de los salarios de los mencionados, la situación no resulta agradable.
Y por si faltaba algo, la llegada de la segunda ola de Covid y el aumento sostenido de contagios hacen presagiar nuevas restricciones instrumentadas desde el Gobierno, que obviamente multiplicarán las inoperancias antes apuntadas.///