Compartir la apasionante experiencia de volar
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El objetivo del Aero Club Necochea, entidad que desde 1967 reúne en nuestra ciudad a los apasionados de la aviación civil
“Hay muchos chicos que no saben que en Necochea tienen la posibilidad de estudiar y obtener el título de piloto privado, además de tener la experiencia de volar”, afirmó María Eugenia Larrazabal.
Ella es en la actualidad única piloto mujer activa del Aero Club Necochea, una entidad nacida hace 67 años, pero cuyos orígenes se remontan a la década de 1920 en nuestra ciudad.
“Hoy mucha gente no sabe que hay un lugar donde hay aviones que puede utilizar y hacer un curso y obtener una licencia”, explicó Larrazabal.
La institución, que preside Alejandro Inchausti, sigue vigente por el compromiso y apoyo constante de un centenar de socios entre los que hay pilotos activos, otros retirados y mucha gente que simplemente siente un cariño especial por el Aero Club y siempre colabora.
En el club se dictan cursos de piloto privado de avión y de planeadores, ambos con títulos oficiales otorgados por la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC)
“Tenemos tres aviones, dos son aviones escuela y un remolcador”, indicó María Eugenia. “El avión que utilizábamos para bautismo de vuelo, que es de cuatro plazas, está parado porque hay que hacerle el motor”, explicó.
La imposibilidad de realizar bautismos de vuelo en el avión de cuatro plazas ha significado un freno para la institución, ya que durante el verano muchos turistas quieren volar en grupos y se acercan hasta el Aero Club para vivir esa experiencia.
Precisamente un bautismo de vuelo fue lo que llevó a María Eugenia a apasionarse con los aviones y la animó a realizar el curso de piloto de avión.
Explicó que en la actualidad es la única mujer piloto activa, porque otra chica que había realizado el curso antes que ella se mudó a otra ciudad. “Ahora hay dos mujeres que están haciendo el curso de planeadores”, afirmó.
Escuela de pilotos
El Aero Club cuenta con casi una decena de alumnos en el curso de piloto de avión y otras diez personas que realizan la instrucción en planeadores.
La institución cuenta con dos instructores y los alumnos pueden utilizar los aviones tanto para realizar todo el entrenamiento, como luego, una vez recibidos, para seguir practicando y sumando horas de vuelo.
“Es una experiencia muy linda y una vez que empezaste a volar nunca dejas de hacerlo”, dijo Larrazabal.
Además, explicó que es una actividad que puede practicar cualquier persona mayor de 18 años. “No hay limitaciones”, señaló.
Para volar sólo hace falta la licencia y tener el examen psicofísico al día, por lo que la edad límite para pilotar depende de cada persona.
El esfuerzo de todos
La entidad logra mantener sus instalaciones y sus aviones gracias al aporte exclusivo de sus socios y de las personas que trabajan desinteresadamente en el Aero Club.
Hace años que las tierras en las que se encuentran los hangares y las pistas pasaron al municipio y desde entonces la entidad debe recibir dinero de la comuna por la siembra de los lotes ubicados en torno a la pista.
Precisamente la falta de pago de ese dinero ha hecho que en la actualidad la institución no pueda pagar la reparación de su avión de cuatro plazas.
Las gestiones realizadas por el club para cobrar ese dinero no han tenido respuestas.
“Igualmente el Aero Club sigue vigente con el esfuerzo de los pilotos mismos, siempre tratando de que la gente se siga acercando y disfrute de la experiencia de volar”, concluyó Larrazabal.
Una pasión con historia
El Aero Club General Necochea fue fundado el 15 de febrero de 1952, pero la pasión por la aviación en nuestra ciudad ya tenía en esa época más de tres décadas de historia.
A fines de la Primera Guerra Mundial, un grupo de intrépidos vecinos se entusiasmó con las máquinas voladoras y formó el primero Aero Club Necochea. En aquellos días, dos pioneros de la aviación argentina instalaron en nuestra ciudad la Escuela Curtiss de Aviación y el 27 de agosto de 1921 rindió examen Pedro Azzolini, quien se transformó en el primer piloto necochense.
La escuela había sido creada por dos pioneros de la aviación argentina, Guillermo Hillcoat y Pedro Hansen.
Días después, se anunciaba la llegada del delegado del Aero Club Argentino, Ramón Herran, quien iba a tomar examen a un piloto de la escuela de Hansen y Hillcoat.
Para agosto de 1921, cuando rindió el examen Azzolini, Hansen ya tenía en su haber más de 2000 vuelos.
El Aero Club Necochea todavía no había obtenido su personería jurídica y presidía la comisión provisoria Alejandro Calzada. No obstante, la visita de Herran también permitió integrar a la agrupación local a la Federación de Aeroclubes de la República Argentina.
La Escuela de Aviación local contaba con dos aviones Curtiss JN 90 y un avión Caudron. Tenía dos hangares ubicados donde actualmente funciona el Hospital Municipal “Dr. Emilio Ferreyra” y tres aspirantes a piloto: los vecinos Enrique Riedel, Nicolás Christensen y Bernardo Saubiete.
La actividad creció con el tiempo y los aviadores locales comenzaron a realizar vuelos de campaña y exhibiciones en distintas localidades de la región, que se extendieron hasta la Capital Federal.
Treinta años más tarde, se fundaba el Aero Club General Necochea.