Con alma de futbolero y entrega social
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Juan Carlos Quartullo, más conocido como “Carli” en el Barrio Sur, donde vive hace 71 años. Se involucró desde muy joven con el club Deportivo “Isabel La Católica” y es fanático de Boca Juniors
Por María Cecilia Gotta
Redacción
Con su vos pausada y muy clara, Juan Carlos Quartullo, más conocido como “Carli”, demuestra ser un privilegiado, ya que tiene una memoria prodigiosa, pudiendo recordar desde nombres, fechas, lugares, momentos y épocas con lujo de detalle. Desde hace 71 años vive en el Barrio Sur, donde tiene los mejores recuerdos.
Desde muy joven se involucró con el club Deportivo “Isabel La Católica” al que le tiene mucho cariño y es fanático de Boca Juniors.
Al abrir su billetera deja entrever el carnet de socio y aseguró que Boca le ha dado múltiples satisfacciones, como por ejemplo recibir en su casa a su ídolo Ángel Clemente Roja, ingresar con la antorcha encendida al estadio de Boca para los 100 años del club, conocer distintos lugares del país, forjar amistades, además de poder compartir su pasión futbolera con su mujer, su hija y su nieto.
La Agrupación Arriba Boca Necochea, es la que le permitió viajar y por cierto está totalmente agradecido. “Le doy gracias a la peña porque cuando había aniversarios y fiestas de otras peñas viajábamos y recorrimos el país. Eso me llevó a tener amistades en todos lados, inclusive en el extranjero”, dijo.
A Carli siempre le apasionó el deporte y los colores de Boca lo enamoraron. Sin titubeos afirmó que “yo nací de Boca, en mi juventud escuchaba a Bernardino Veiga, quien trasmitía los partidos por radio con un impulso y una emoción que lo trasmitía”.
La primera vez que fue a ver a Boca era un 14 de agosto de 1963, a partir de esa fecha, siempre que pudo estuvo presente en la Bombonera, De hecho el domingo pasado estuvo ahí firme alentando al equipo de sus pasiones.
De la mano de Eliseo Nani, quien presidía la agrupación Arriba Boca, Carlos se hizo socio y viajaban todos juntos para ver a Boca. Hasta que a fines de la década del ‘70, falleció Eliseo y desapareció la peña.
“Luego en 1994 volvió a reaparecer con Ernesto Lasala, Daniel Barba, José Luis Prado y uno de ellos me dijo “tenes que incorporarte e ingresé como vocal suplente, después fui vocal titular, vicepresidente y presidente dos años, hasta que un 4 de abril de 2006
por razones personales tome la decisión de renunciar”, detalló.
Apartado de los cargos, pero con la misma pasión por Boca, Carlos trasmitió este amor por Boca a su familia, tal es así que a su hija María Julia, la hizo socia y en numerosas oportunidades fueron juntos a la cancha. De la misma manera, su nieto Fausto de 4 años desde que nació es socio del club.
Carlos recordó a su señora Stella Maris “Coca” Bozzolo, quien ya no está físicamente. “Un día un dirigente de Boca me llamó a la noche y me dijo tengo dos plateas para mañana, venis? y le comenté a mi hija, pero como no podía viajar porque tenía que rendir exámenes, los chicos le insistieron a mi señora y yo le dije “en televisión ves un 5% de lo que se vive en la cancha y asi fue que viajamos los dos y después ella no se perdía partido”, recordó.
Carlos también tiene un hijo, Juan Carlos “Carlitos”, que vive en España, y aunque sea difícil de entender, es de River.
“Mi hermano es hincha de River y es el padrino y lo hizo hincha, igualmente yo soy feliz porque en la vida lo importante es la salud y las ideas no se matan, nos reímos y la pasamos bien”, aseguró Carlos.
Una de las anécdotas que cuenta y lo emociona, es su encuentro con su ídolo, Ángel Clemente Rojas “Rojitas”. “Un día Alfredo Caballero cuando nació su hijo, a quien llamó Diego Armando, me preguntó si Diego podría llegar a ser el padrino, pero en ese momento Maradona no iba a poder venir hasta Necochea, pero le dije que iba a traerle al más grande a “Rojitas””.
Y asi fue, Rojas vino a Necochea no sólo esa vez, sino en varias oportunidades.
Panorama
Juan Carlos nació en nuestra ciudad, el 26 de julio de 1943 y mencionó que para el “Necochea es todo, la amo. Tuve la suerte de verla en su esplendor, de verla crecer hasta la década del ‘80, era fabuloso como crecía, pero hoy, lamentablemente veo una ciudad apagada, Dios quiera que esto vuelva a renacer”, resaltó.
De sus años de juventud y su vida en el Barrio Sur, recordó que con la llegada del asfalto llegó el progreso, cambio la historia del barrio.
Cursó sus estudios primarios en la Escuela Nº 6, y luego tuvo que empezar a ayudar en su casa porque su padre comenzó con una enfermedad.
Fue asi que a los 14 años entró como repartidor de carnicería a domicilio, llevando los pedidos en su bicicleta, luego a los 18 años cambió de trabajo e ingresó en la fábrica de mosaicos Marino, donde permaneció durante 14 años.
“Aprendí el oficio y todo el mosaico de la Galería Central es de Marino, al igual que el edificio Zubizarreta, el edificio Necochea y el edifico Malmierca”, puntualizó.
Después ingresó a la Junta Nacional de Granos. “Éramos una familia muy grande, llegamos a ser 680 empleados y en aquellos años Quequén era una ciudad a la mañana, los portuarios eran cerca de 600 empleados, Sasetru (fábrica de pescado) eran casi 800 personas, la fábrica Ingraulis otros 500, asi que era un movimiento hermoso, y hoy ves el paso del tiempo y está todo triste”.
Juan Carlos resaltó que de todos los lugares donde estuvo aprendió algo y lo principal, se quedó con muy lindas amistades.
Al mismo tiempo recordó la solidaridad y el empuje que había, donde entre todos ponían su granito de arena para generar cosas. Asi fueron los inicios del Club Deportivo Isabel La Católica, donde jugó en el equipo de futbol amateur y salió campeón de la liga Ardanaz en el año 1966.
“Ingresé con todas las amistades del barrio y entre todos colaboramos para construirlo. Aparte de ser jugadores y socios, colaborábamos, hacíamos rifas, almuerzos y cenas y asi alcanzamos a levantar el club”, indicó.
A los 24 años sufrió una lesión en la rodilla, dejando el rol de jugador pero siguió vinculado al club, formando a infantiles y en 1969 la cuarta división salió campeón y en 1974 volvieron a ganar.
Juan Carlos es una persona muy sociable y el año pasado se rencontró con sus compañeros de primaria de la Escuela Nº 6, y organizaron tres fiestas para colaborar con el Club Isabel La Católica y la última fue para ayudar a la escuela, la cual no tenía mástil ni bandera.
“La inauguramos el año pasado y con lo que nos sobró compramos una computadora”, manifestó.
Ahora disfruta su rol de abuelo, jugando el mejor partido con su nieto en la plaza de su barrio, donde guarda los mejores recuerdos.///