Con arreglos precarios se intenta que siga funcionando la Comisaría Segunda de Quequén
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Varias dependencias continúan clausuradas. El municipio aportó un contenedor en el que se atiende al público. No habría aportes inmediatos desde provincia
Aunque no hizo caso omiso a la consulta periodística, en su breve visita a Necochea en la jornada del último jueves, el ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Cristian Ritondo, brindó una respuesta ambigua sobre el imperioso arreglo que necesita el edificio en el que funciona la Comisaria Segunda de Quequén, que presenta un deplorable estado.
“Tenemos proyectado mejora rodas las comisarias…” subrayó el funcionario, y lo calificó como “un grave problema en toda la provincia”.
Cerrando el tema, Ritondo destacó que varios municipios utilizaron el año pasado dinero del fondo de fortalecimiento para arreglar dependencias policiales.
Sobre este último punto cabe destacar que la administración municipal de Necochea ha destinado el aporte de dichos fondos para otras obras: el asfaltado de la avenida 10, en el tramo comprendido por calle 99 y 117; la repavimentación del tramo de la avenida 75, entre avenidas 42 y 58; y el pavimento de la avenida 531, en Quequén, todas obras que aún no están en marcha.
Contenedores y oficinas
Desde hace años, y a falta de obras de inversión por parte de los distintos gobiernos que ha tenido la provincia, la vieja edificación de calle 527 entre 550 y 552, que cuenta 110 años de existencia, ha tenido un alto deterioro, que ha desembocado en la clausura de varias de sus dependencias, entre ellas el sector de entrada.
Bajo esta urgencia y ante constantes demandas no atendidas, desde el municipio se han generado últimamente algunas acciones en pos de mejorar la situación y que la Comisaría siga funcionando.
En principio se le incorporó un contenedor de 2,50 por 6 metros, ubicado en la zona lateral contigua al ingreso, donde se viene atendiendo al público.
Al respecto, desde el comando de la dependencia se ha formulado a la comuna el pedido, aunque sea para prestar funciones por un tiempo, el contenedor ubicado en avenida 2, frente al complejo Casino, para la época del año que no es verano. Un préstamo que se presume poco factible de concretarse.
Asimismo se prevén algunas otras prontas colaboraciones desde el municipio, como la entrega de mobiliario y la construcción de cuatro oficinas, tras acondicionar una cochera existente en la que sólo hay, por ahora, techo, piso y columnas laterales. La Municipalidad adquirirá el material, y la mano de obra estará a cargo de su personal.
Las “ayudas” aportadas desde la comuna no dejan de constituir precarios arreglos, para un lugar que está en muy malas condiciones. En línea con una de las frases que dejó el ministro de Seguridad en su reciente paso por nuestro medio: “Hay comisarías que se les pone un peso y hay que hacer un gran trabajo de reconstrucción”. Por ahora la sede policial de Quequén tendrá que seguir esperando esa reconstrucción.
Situación de los calabozos
Dentro del complicado panorama edilicio que presenta la dependencia policial de Quequén, las últimas mejoras se han hecho en los calabozos y datan de hace dos años.
El sector de la Comisaría Segunda cuenta con celdas para cobijar a ocho detenidos, y si bien por mucho tiempo han tenido superpoblación, en la actualidad hay lugar disponible.
De todas maneras los calabozos quequenenses no han sido los más seguros y desde los mismos se han producido varias fugas, la última de ellas a mediados de junio de este año del detenido José Eduardo Amezcua, que se escapó tras romper dos candados y eludir a la guardia, sin haber sido hallado hasta ahora.
Precisamente una fuga de varios presos y una especie de motín posterior que incluyó la quema de colchones y roturas en el área, derivó en una serie de mejoras del sector en 2008, para volver a hacerse una restauración en 2015.
Mientras se brega por la concreción de la alcaidía, sectores de la Justicia a nivel local resaltan que los calabozos de la Segunda ya no están en condiciones de alojar personas. Sin embargo, la falta de comodidades en este aspecto lleva a que no sean clausurados en las revisiones periódicas que se cumplimentan.
“Hay que pensar en otro edificio policial para Quequén, pero mientras no se pueda hacer, al menos habría que intentar alojar a personas por periodos cortos y en dependencias más dignas”, apuntó el juez penal Mario Juliano, y sentenció: “El hecho de ubicar contenedores para poder seguir funcionando, es sinónimo de precariedad…”///