“Con el tiempo pude unir la familia, el trabajo y el disfrute”
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Natalia Irina López Echegaray. Emprendedora, pintora, amante de la repostería y madre de cuatro hijos
Por María Cecilia Gotta
Redacción
Con una sensibilidad especial para los detalles y las manualidades, Natalia Irina López Echegaray, ha dedicado varios años de su vida a la repostería, tiene alma emprendedora, y la pintura es su cable a tierra, donde pasa largas horas junto a los pinceles, lienzos y colores. Siendo madre de cuadro hijos y trabajando en su local al mismo tiempo, no le ha sido fácil, pero aseguró “con el tiempo pude unir la familia, el trabajo y el disfrute”.
Ella es nacida en Necochea, su mamá era de Lobería, por lo tanto tiene familiares en la vecina cuidad y es la segunda de nueve hermanos.
Acostumbrada a que su casa era todo alboroto, charlas, idas y venidas, con pocos momentos de silencio, cuando le tocó vivir en otra ciudad, siendo muy joven y madre de su primera hija, no fue fácil.
“Al terminar mis estudios secundarios conocí a mi actual marido, nos casamos y armamos nuestra propia familia”, indicó. Nunca se imaginó tener cuatro hijos, pero la vida, le tenía ese regalo. “Tengo tres mujeres y un varón y disfruto mucho con ellos”, dijo.
En Mar del Plata vivió cuatro años, le gustaba mucho la ciudad pero extrañaba mucho a su familia. “Antes solo estaban los teléfonos públicos, llamaba unos minutos y los saludaba. Esa etapa me costó mucho porque además mi marido viajaba por su trabajo por todo el país y yo estaba sola con mis hijos, pero eso me permitió ser quien soy hoy, gané en fortaleza y he tenido que resolver cosas sola, decidir, fue todo un aprendizaje”, detalló.
Natalia se describe como una madre súper protectora, pero entiende que su forma de ser tiene que ver con las situaciones que le ha tocado vivir a nivel familiar.
“Tuve pérdidas familiares que me hacen estar atenta, pero de todas formas dejo que mis hijos tengan su libertad, su poder de decisión, pero siempre estoy acompañándolos de cerca”, señaló.
Luego de cuatro años, Natalia con su familia regresaron a Necochea. “Súper contenta porque estaba con mi familia, lo acompañaba a mi marido en los pequeños emprendimientos, hasta que mi papá y uno de mis hermanos, nos propuso hacer un negocio donde estamos hace veinte años, trabajamos y salimos adelante”, mencionó.
Además de cuidar a sus hijos, atendía el negocio, empezó a trabajar con su marido y están las 24 horas juntos. “Somos una familia muy unida”, afirmó.
Arte
La pintura llegó a su vida sin planearlo mucho. Un día fue a realizar trámites del negocio a un banco y vio una exposición de cuadros que la impactó. “La expositora era Stella Maris Giustiniani y a través de ella empecé el camino de la pintura. Hice cuadros para toda la familia, primero para mi papá, que era mi debilidad y estaba enfermo y por suerte se lo pude dar antes de su partida”, recordó. Al mismo tiempo, señaló que al año siguiente falleció su hermana con 36 años. “Eso me afectó mucho, estaba muy mal, lloraba todo el tiempo y me di cuenta que me estaba enfermando, hasta que un día decidí pedir ayuda porque tenía cuatro hijos y no me podían ver así, y era tal mi dolor y angustia que no podía pintar. Realmente fue un momento muy difícil pero con terapia, logré salir a flote y empecé otra vez”, relató.
Las ganas de pintar volvieron y la repostería también. Si bien, Natalia siempre cocinó para los cumpleaños de sus hijos, nunca lo hizo por pedidos y de tanto que le insistieron comenzó a vender repostería.
“Hice muchos cursos acá, en Mar del Plata, en La Plata, y por un tiempo me dediqué a eso pero llegó un momento que no me daban los tiempos, entre las tortas, la familia, la casa, los hijos y el trabajo en el local”, señaló.
En cambio, la pintura siempre estuvo presente, con momentos de más producción, otras veces menos, pero siempre fue un cable a tierra para Natalia, un momento de disfrute, sin presiones.
A ella le encanta pintar figurativo, superrealista, animales, paisajes, y ahora está enfocada en las personas, adultos y niños africanos, rostros, siendo impactante el resultado de sus cuadros.
Recientemente expuso en Lobería y el próximo 2 de junio, a las 20, en la Fundación Educacional de la UPC, lo hará con su profesora Elena Zimerman y sus compañeras de taller.
Viajar es otra de sus pasiones y recordó un viaje con dos de sus hermanos a Europa, donde recorrieron Madrid, París, Londres y Marruecos. “Me encantó esa experiencia, fue un viaje inolvidable”, indicó.
Con proyectos por delante e ideas para seguir pintando, aseguró que le gustaría poder reflejar paisajes de cada país nuevo que conozca. ///