Con muchas ganas de ayudar
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Dos jóvenes decidieron crear un merendero en Quequén. Sólo tenían buena voluntad, pero fue suficiente para poner en marcha el sueño
De la pobreza, las necesidades y la discriminación puede nacer el rencor, pero también puede surgir lo mejor del espíritu humano: la solidaridad y el compromiso con aquellos que sufren.
Vanina Fernández y Lorena Martín saben lo que es pasar necesidades y recurrir a manos solidarias. Estas jóvenes mujeres decidieron que algún día devolverían la ayuda que les habían prestado a ellas y sus hijos.
Ambas querían instalar un merendero, pero no contaban ni con el espacio físico ni con la mercadería para hacerlo.
Hasta que Vanina decidió sacrificar una de las dos habitaciones de su humilde vivienda, en la calle 521 y 564, y llevar adelante el sueño compartido.
Fue así como surgió el merendero Una Sonrisa, en pleno invierno de 2017, con muchas ganas de ayudar y brindar un vaso de leche y galletitas a los chicos de uno de los sectores más pobres de Quequén.
Vanina y Lorena acudieron a las redes sociales y muy particularmente al grupo Bolishop, en Facebook, para pedir ayuda.
La respuesta no se hizo esperar e instituciones como el Consorcio Gestión de Puerto Quequén y la Cámara de Mujeres Empresarias acercaron mercadería. Luego se sumaron otras entidades y grupos con intenciones de colaborar.
Comenzaron sirviendo la merienda a los chicos del barrio los lunes, miércoles y viernes a partir de las 17.15.
Luego, empezaron a festejar el cumpleaños sorpresa a los chicos que concurren habitualmente al merendero. Más tarde surgió un roperito comunitario y una feria de ropa.
Hace unos días, en el grupo de Facebook podía leerse: “Agradecemos todas las donaciones, de leche, galletitas, yogur, fideos, arroz… Muchas gracias! A la señora que hoy fue al merendero, muchas gracias. Al señor de los yogures, también. A todas las personas que nos están ayudando con ropa, útiles para los chicos, con la compra de huevitos de rifas… Muchas gracias!!! Entre todos, con un poco, podemos ayudar y hacer mucho para ellos”.
A pesar de las dificultades que surgen con un proyecto como este, Vanina no puede ocultar la satisfacción que siente. “Nunca hubo un merendero en este lugar”, explicó.
Contención
Entre 20 y 25 chicos del barrio concurren al merendero. Pero no sólo van a tomar la merienda. El trabajo de Vanina, Lorena y otras personas del barrio que se han sumado, han permitido que el lugar se convierta en un centro de contención.
Se busca ayudar a la gente que más lo necesita con ropa, útiles escolares, mercadería y otros elementos.
“Nosotras sabemos como funcionan las cosas porque hemos tenido que ir a comedores, a Cáritas, porque hemos necesitado”, explicó Vanina.
Recientemente un grupo de ex alumnas del Pío XII se acercó para colaborar con útiles escolares. Otras personas llevaron juguetes. Ahora se preparan huevitos de Pascua para regalar en Semana Santa.
El trabajo es incesante y a pesar de que el corazón es grande, a veces no alcanza con las buenas intenciones. “Más de una vez hemos tenido que sacar plata de nuestro bolsillo porque no teníamos nada para darle a los chicos”, explicó Vanina.
Cuando Vanina Fernández se trasladó a Necochea, el merendero debió mudarse a otra casa del barrio, ubicada en 562 entre 519 y 521, a la vuelta de la Delegación Municipal.
Allí funciona desde hace un tiempo y se espera que el proyecto se siga alimentando de buena voluntad y ganas de ayudar de la gente.