Con sangre caribeña, campeón en el sur
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José Arias Olivo es la nueva promesa del boxeo necochense
Para el deporte no hay nada mejor que una mente fría y un corazón caliente, la dupla ideal para superar los obstáculos que propone el oponente de turno y las propias limitaciones. En esa mezcla de sensaciones, por dentro y por fuera, José Arias Olivo busca hacerse un nombre en el boxeo nacional, llevando la bandera de Necochea, su adoptado lugar en el mundo. Nacido hace 22 años en Santo Domingo, en la República Dominicana, no pudo resistirse a la pasión por el cuadrilátero que le sembró su padre y aquí, conducido por el preparador Esteban Rosales, ha aprendido todo lo que despliega con sus pies y puños cuando suena la campana.
Hace pocas semanas, pudo cosechar el fruto de tanto esfuerzo, resumido en un cinturón de campeón nacional de peso pluma amateur. “Estuvimos entrenando bien para esto, no sé si estaba muy preparado, pero se me hizo fácil”, apunta con tono humilde sobre su victoria por nocaut técnico sobre el platense Diego Roldán, en el ring de la Federación Argentina de Box. “En el segundo round tenía más confianza y pude soltar la mano, en el tercero ya lo tiré. Antes de ir me estaba haciendo la cabeza con que tenía que ir bien preparado, porque van los mejores. La verdad que contento. No esperaba que fuera así”, concluyó quien apenas ha sufrido una derrota en sus 22 peleas como amateur, algunas de ellas antes rivales que ya se han pasado al campo rentado.
Sacar campeones
El cinturón ganado por Arias Olivo pertenece a la Asociación de Managers y Boxeadores Argentinos Profesionales y Amateurs (AMBAPA), recientemente creada con el aval de la Federación Argentina. Esteban Rosales, desde hace años trabajando en el crecimiento del boxeo local, analizó que la nueva organización “le da vida a todo esto. Busca darle a los boxeadores del interior del país un lugar, más que nada entre los amateurs. Es la forma de hacer ver que Argentina tiene buenos boxeadores. La Federación, por los costos, no mira más allá del conurbano o Capital, y hay valores en todo el país. (La velada) arrancó a los 4 de la tarde y terminó a las 1 de la mañana con 30 combates, entre ellos profesionales. Para los que estamos en el interior nos da la posibilidad de mostrar valores, para que un manager o representante pueda verlo y ‘bancar’ al chico”.
Desde Necochea
Sobre esta oportunidad que tuvo Arias Olivo de mostrarse, Rosales valoró las gestiones de “César Vélez, radicado en Córdoba pero que peleó por Necochea, y Adrián Sívori, que hablaron avalando a Necochea. Nosotros hemos ido a pelear a Buenos Aires y ya habíamos dejado una buena impresión. Necochea tiene buenos boxeadores. Con Pacheco y Del Fuente, cada cual tiene lo suyo, pero creo Necochea está entre las mejores plazas amateurs”, agregó elogiando a los demás preparadores locales. Y sobre Arias Olivo, apuntó que “él con 18 años en su momento hizo una gran pelea en Tres de Febrero”, recordó. “Cuando nos convocaron para esta pelea sabíamos que estábamos bien. Había que hacer un trabajo más fino, más técnico nomás”, explicó Rosales quien llevó otros dos boxeadores y su colaborador Germán Basso al festival y agradeció el apoyo de UATRE y el Consorcio de Gestión del Puerto Quequén para poder viajar y hospedarse en Buenos Aires. La mayoría de las peleas que suman nuestros púgiles en desarrollo son en la región, en Mar del Plata, San Cayetano o en nuestra ciudad, aunque cada vez cuesta más tener oportunidades a raíz de los costos organizativos y para viajar más lejos.
De familia
Hace cinco años que José Arias Olivo se dedica al boxeo y supo sorprender en sus primeras peleas: “Él tiene confianza y muestra y tranquilidad. La primera pelea, con 17 años en Benito Juárez la ganó por nocaut en el segundo round”, valoró Rosales, quien también apuntó sus facilidades para dar trabajar bajo el límite de los 57 kilos, en su categoría: “Tiene un cuerpo privilegiado. No le cuesta y eso te permite estar fuerte para la pelea, es un valor muy grande”.
Con esas cualidades, no sorprende su presente, aunque la sangre también tira. “Me comenzó a gustar porque mi papá hacía boxeo allá”, recordó José sobre su infancia en la República Dominicana, que aún se cuela en su tonada caribeña en pocas palabras. Pedro Arias Olivo, su papá, no llegó al profesionalismo pero concretó varias peleas como amateur en la isla. “Siempre lo acompañaba pero sólo lo veía, él nunca me dejaba entrenar ni nada, solo mirar. Nunca me vendé hasta que vine a acá. Comencé a buscar a escondidas de mi mamá (un lugar para entrenar) porque tampoco quería saber nada”, apuntó sobre otra barrera para llegar a un ring. Pero la sangre pudo más: “Me dijeron de un lugar (al gimnasio de Rosales) y fuimos con otro amigo, a escondidas. Recién a la semana le dije a mi mamá. Se apareció en el gimnasio y tuvimos una discusión. Le dije que si no me dejara que me mandara de nuevo a Dominicana. Con eso la convencí y comenzó todo”, resumió José, que llegó a nuestra ciudad junto a su hermana y su madre hace seis años. Aquí ya formó una familia y es padre de una nena de casi dos años.
A pesar de la resistencia al principio, su madre fue aceptando su pasión por el boxeo. “Me acompañó a mi primera pelea y también cuando peleo acá. Ahora le gusta y me apoya en todo lo que emprendo. (El boxeo) es el único deporte que me gusta. Iba a Huracán a hacer básquet pero soy chiquito, asi que dije que me iba a dedicar al boxeo”.
Estilo de vida
Y con esa motivación mira al futuro, con la expectativa de alcanzar el profesionalismo. Rosales, su entrenador, advierte desde la experiencia que “tiene que terminar sus estudios, el boxeo es un pasar. Hay que instruirse porque muchos boxeadores terminan pobres habiendo ganado mucha plata. Es una profesión y tenés que tomarla como tal. Tenés que demostrarte a vos mismo que vos sos el mejor para que el mundo lo vea”.
José ya hizo su apuesta hace tiempo: “La idea es llegar a lo más alto y para eso estamos trabajando”. Cada mañana se despierta con la motivación de ser un campeón en el sur del mundo, aunque su sangre caribeña a veces le pide otra cosa: “El invierno, me cuesta, el frío me saca las ganas de todo. Abro la puerta y para salir lo pienso dos veces”. Mente fría, corazón caliente.
