Conciencia ambiental
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Un distintivo de algunos componentes de las nuevas generaciones es el cuidado del medio ambiente y bajo esa premisa se unen voluntades para la limpieza del espacio público, fundamentalmente las playas y Parque Miguel Lillo, éste en menor medida.
Recientemente quedó conformado el grupo “Movimiento playa”, que persigue el objeto de concienciar a la comunidad sobre la importancia de mantener las arenas limpias todo el año y evitar que el mar termine llevándose la basura arrojada por algunos irresponsables, que perjudica a los animales que viven en las aguas y que no tienen conciencia del peligro que corren al ingerir esos desechos, sobre todo bolsas plásticas y envases.
A su vez el grupo, en el que priman jóvenes, ha programado un “barrido” mensual de la playa, para despejar de toda basura.
La iniciativa ya tiene a través de una cuenta del grupo en Instagram a 800 adherentes, lo que da cuenta que el tema no pasa desapercibido.
La actitud de estos jóvenes es plausible. Un buen ejemplo si se quiere, y que cuenta en la misma línea de acción al grupo Sufrider Necochea, que hace tareas de limpieza al menos un par de veces al año.
Sin embargo otros emprendimientos han quedado inactivos, como el denominado “Necochea es naturaleza”, que entre otras tareas plantara árboles en la vereda de la avenida 2, desde la escollera hacia el Hogar Raimondi.
Los grupos tienen en común las buenas intenciones de contar una ciudad más limpia y presentable, así como también la voluntad de sus integrantes; pero la realidad indica que la continuidad con el tiempo empieza a desfallecer.
Las tareas comunitarias surgen ante la ineficiencia del Estado municipal para mantener la limpieza. Entienden que alguien debe ocuparse de la cuestión y contrarrestar la suciedad que se produce en los espacios libres por la mala costumbre de aquellos que no trepidan en arrojar sus residuos.
En este aspecto, como telón de fondo se registra una falta de educación. De entender que la ciudad es de todos y que los derechos de cada uno terminan donde empiezan los de los otros.
Justo es decir que otras personas toman el recaudo de llevar bolsitas a la playa, parque Lillo o ribera del río Quequén para llevarse a casa los desperdicios que ellas mismas generan al comer o tomar mate. No es más que una actitud adecuada para tener un mejor entorno y a su vez una salvaguarda en materia de salud.
Es loable la misión de quienes salen a limpiar los espacios al aire libre, pero lamentablemente siempre quedan en desventaja con aquellos a los que nada les importa.