Constante lucha por mantenerse
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La cuestión viene de larga data, más allá que pueda haberse agudizado con los vaivenes producidos en los últimos años por cuestiones económicas y de las costumbre de las nuevas generaciones.
Nos estamos refiriendo a la lucha constante que debe hacer la comisión directiva de turno para mantener en funcionamiento al Centro Cultural de Necochea y la biblioteca Andrés Ferreyra, sin dudas el principal reservorio de la cultura, educación y arte.
Por sus cualidades de estar abierto a la sociedad en general, es decir a socios y no asociados, la entidad cumple un rol vital en la formación del individuo.
Personas ya adultas han frecuentado desde niños sus instalaciones, ya sea para estudiar, hacer las tareas escolares, solicitar un libro o asistir a eventos ligados a las distintas variantes artísticas. De allí la importancia de esta entidad.
Detrás de esta plausible valoración existe la otra realidad, que tiene que ver con un déficit estructural y económico que se arrastra desde mucho tiempo, y que hace que se tengan que extremar esfuerzos y agilizar ideas para que la institución siga en pie.
Es que un adecuado financiamiento de las bibliotecas populares es una deuda pendiente desde el Estado, ya sea nacional o provincial y obviamente de ello tampoco escapa nuestro Centro Cultural.
El grupo que la conduce desde hace años, y que encabeza Juan Marraro, ha logrado aumentar los recursos a través de subsidios y prácticamente se ha duplicado la masa societaria; pero aún con todo ello no alcanza para mantener al personal y el cómodo y espacioso edificio de la calle 54, que fuera inaugurado en 1973 y que empieza a demandar arreglos.
Tampoco significa un ingreso de mención el proveniente del porcentaje que le toca al Centro Cultural por la tasa de la patrulla, que se cobra en las facturas de la Usina.
La situación explica la decisión de la directiva de aumentar el valor de las cuotas sociales, que no habían sufrido incrementos el año pasado, para las distintas categorías de los 1.500 socios con las cuales se cuenta.
Más allá del dificultoso panorama y de esta especie de «día a día» en la búsqueda de fondos, las distintas propuestas que a lo largo de la temporada realiza el Centro Cultural reciben una buena respuesta de la comunidad, que se trasunta en nutridas concurrencias. Eso deja a las claras la vigencia e importancia del lugar.
La situación de esta institución se replica, aunque en menor medida, en las otras tres bibliotecas que existen en el partido: Barrio Puerto, en Necochea; la Popular de Quequén y la «José ernández, de Juan N. Fernández.
Todas se las ven en figurillas para continuar abiertas y lo han logrado hasta estos días, manteniendo así un servicio que por ahí no se palpa en la superficie, pero que se multiplica en el despertar y crecimiento cultural de cientos de individuos. Una noble tarea para fortalecer un valor tan importante a la hora de abrir mentes y potenciar espíritus.///