Construyeron desde cero un avión en el garaje de una casa
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Un trabajo de varias décadas y que ahora voló por primera vez en público y se llevó todos los premios
Cuando uno camina por el centro de la ciudad, le cuesta imaginar que detrás de las puertas de un garaje común y corriente puede haber un avión. Mucho menos que ese avión fue construido por manos necochenses de manera artesanal durante décadas para finalmente volar en público por primera vez y llevarse varios premios como recompensa del esfuerzo que queda a la vista cuando se le saca el cobertor de tela y se ve brillar la pintura blanca bajo el sol.
El avión es principalmente de madera, recubierta con una fibra de vidrio y una pintura especial, mide seis metros de una punta del ala a la otra y otros seis metros de largo. Se comenzó a construir en un garaje céntrico a principios de los ‘90 en manos del piloto, instructor y constructor aeronáutico Diego Alfonso Roldán quien tiene una amplia trayectoria como aviador profesional y hasta el día de hoy sigue siendo un apasionado del tema.
Después de tanto tiempo de trabajo, hace dos años y medio atrás, el avión estaba avanzado pero Roldán ya se había cansado y había bajado los brazos como tantos otros habían hecho, dejando su proyecto sin ser terminado. Ahí fue cuando llegó Rubén Omar Cardenau, que había sido alumno suyo hacía varios años, y que tenía conocimientos sobre mecánica de aviones porque había restaurado su propia aeronave (un Ranquel de fabricación militar), la cual también recibió una mención especial en General Rodríguez por “avión antiguo argentino”.
Construcción
“A algunos les lleva más tiempo, a otros menos y la mayoría no lo termina nunca porque uno lo va haciendo cuando tiene tiempo. En ese periodo te cambiás de casa, conseguís laburo en otro lado…la vida pasa. No es algo que se haga de un año para otro”, dijo Diego Alfonso Roldán que recuerda una nota que fue publicada en Ecos Diarios donde se lo nombraba, a los 17 años, como el piloto más joven que había tenido la ciudad.
“Yo compré los planos en Inglaterra porque me gustaba ese modelo y teniendo en cuenta que tenía que tener poca tecnología para poder hacerlo con las maquinarias y herramientas que había en Necochea. Aun así tuve que importar un montón de materiales porque acá más que alambre y tornillos no conseguía. Compré madera importada y la llevé a la carpintería para que le vayan dando la forma que necesitaba”, contó.
En agosto del año pasado Roldán y Cardenau decidieron que era momento de hacer volar al “Taylor RD” por primera vez en un descampado, luego de haber hecho numerosas pruebas de “carretear” en tierra sin alas y de sacarle el motor 17 veces para hacerle retoques.
El motor es de los años ’50 que se usaba en los campos como grupos electrógenos o para mover alguna herramienta y que con las adaptaciones necesarias para ponerlo en el avión puede volar a más de 100 kilómetros por hora y a una altura de más de 1000 metros.
“Rubén me ayudó a dar entusiasmo para terminarlo y aportó sus conocimientos de mecánica para la mano de obra final y el trabajo fino”, señaló el creador del avión.
Premiado
Una vez terminado y probado, se presentaron en la 39º convención internacional organizada por la Asociación Argentina de Aviación Experimental, la cual se realizó en General Villegas los pasados 8 y 9 de marzo, con gente de varios países de Latinoamérica que llevaban sus aviones buscando llevarse algún premio. No obstante, la mayoría de los que presentaron aviones experimentales tenían la mayor parte de los componentes comprados y no tenían un trabajo tan artesanal como el del Taylor RD, que fue nombrado “gran campeón de EAA” y “campeón experimental de planos”.///