Convivir con la delincuencia
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Hace largo tiempo que en estas columnas nos venimos refiriendo a la reinante y creciente inseguridad en Necochea. Un estado que cambia de modalidades y códigos, pero que cada vez mantiene más en vilo a la comunidad, que quiere vivir en paz.
En los últimos días se ha desatado una multiplicidad de ataques para robar en las calles, donde las mujeres son las víctimas elegidas por «valientes» ladrones que viajan en moto y no trepidan en golpearlas y, si es necesario, arrastrarlas por la calle o la vereda, hasta tanto les entreguen la cartera y otros objetos personales, como ser relojes y celulares.
No hay barrios ni horarios predilectos. Cualquier lugar y hora les resulta cómodo a quienes prefieren vivir de la delincuencia. Estos individuos llevan armas de fuego o cuchillos y las víctimas de los atracos se encuentran indefensas y más si son del sexo femenino.
En este cuadro de situación el miedo va ganando a los habitantes de nuestra ciudad. Se nota en la circulación por la vía pública, que decae enormemente cuando anochece; en los cuidados de la gente a la hora de ingresar a sus domicilios; o en las precauciones que toman las mujeres en cuanto a no portar bolsos grandes o carteras tentadoras, tal cual reflejara en una de sus recientes notas Ecos Diarios.
Heridas de distinta índole, como les ocurriera en la semana a una kinesióloga en la zona del barrio Parque y a una profesora a la salida de un banco céntrico cercano a la Departamental de la Policía, son las huellas que los enardecidos arrebatadores provocan en sus víctimas, a lo que se suma el shock traumático que no se va por largo tiempo.
Necochea hace rato que ha dejado de ser la ciudad tranquila de otrora. Elementos del malvivir se han ocupado y ocupan de que sea así, a veces con una llamativa ineptitud de las fuerzas policiales para hallarlos y encerrarlos entre rejas; aspecto éste en el que mucho tiene que ver un código penal permisivo en cuanto a sanciones para quienes cometen estos delitos.
Y ante estos lamentables desenlaces la comunidad se enoja, se siente desprotegida, hace marchas y repudia. Pero la realidad es que está muy desprotegida, por más que las autoridades del área de Seguridad esgriman lo contrario y se amparen en estadísticas mentirosas, pues hay muchos damnificados que optan por no hacer la denuncia, porque están convencidos que no sirve de nada.
Con los ex integrantes de la recientemente disuelta Policía Local incorporados a la vigilancia de las calles se ha reforzado la fuerza en ese sentido y se espera una mejor respuesta. Sin embargo sigue sin notarse, los móviles llegan tarde, el 911 atendido desde Mar del Plata entorpece más de lo que ayuda y la delincuencia se mueve y roba con una pasmosa tranquilidad. ¡Qué triste e injusto es que tengamos que vivir así…!///