Corazón caliente y la cerveza también
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Adrián Stolarczuk
Desde Rusia
El viajar es un placer pero a la hora de las pasiones futboleras no hay nada como el calor del hogar.
El Fan Fest, que desde que se estrenó en Alemania 2006 ha venido evolucionando y estalló en Brasil, es un lugar ideal para vivir la atmósfera de la tribuna fuera de la cancha. Pantallas gigantes, cerveza, entretenimientos y el apoyo de los sponsors de la FIFA, son una buena manera de seguir un partido.
Y si bien se dice que no hay nada como el simpatizante argentino, el Mundial demuestra que a la hora de alentar son varias las hinchadas, sobre todo las latinas, que saben hacerse sentir.
En la cancha se produce ese choque entre el hincha que piensa que la única manera de decir presente es cantar todo el partido y otros que prefieren sentarse como en el teatro, para un espectáculo que hace historia cada cuatro años.
San Petersburgo me recibió con sol y me encegueció con el brillo de su Hermitage. Sin embargo, la lluvia de la noche apagó la opción de ver el partido al aire libre.
Refugiado en un bar, entre un puñado de extranjeros y locales que evitaban opinar del partido más de lo necesario, por miedo creo yo a herir alguna susceptibilidad, traté de seguir las alternativas tambien siguiendo las reglas de los demás aunque no tuve demasiado por lo que exaltarme. El bar se llamaba, convenientemente, «Plan B». De esos típicos de viejas capitales europeas, a lo que hay que «bajar» por escaleras para encontrarse con la barra y las mesas en el subsuelo de un edificio de departamentos.
La cerveza fue compañía como siempre pero no faltó ese toque ruso que me acentuó la nostalgia: la cerveza se sirve a temperatura ambiente. Es una cuestión cultural. En pocos lugares se consigue fría y olvídate de esa «bien helada». Será que con el frío ruso alcanza. Tampoco había maníes para acompañar el mal trago…///