Costa Bonita, un sueño convertido en balneario
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Hace 70 años, el empresario Mario Corte compró varias hectáreas de tierra frente al mar. Así nació el paraje que sirve de refugio para quienes buscan tranquilidad
Costa Bonita fue fundada el 9 de enero de 1948. Para llegar a este balneario, hay que transitar por la avenida 502 de Quequén, dirigirse hacia Bahía de los Vientos y desde ahí continuar por la costanera, alrededor de seis kilómetros. Allí hay viviendas particulares, una hostería que está cerrada, la Gruta de Lourdes y una capilla, edificios frente al mar, la escuela 41 y un mirador construido por uno de los residentes, además de mucha tranquilidad, y la sensación de estar en un lugar parado en el tiempo.
Con 80 familias que viven actualmente todo el año, Costa Bonita ofrece un ritmo calmo, calles desoladas aún en enero, y resulta ser el refugio de quienes le huyen a la multitud, y encuentran en estas costas todo lo necesario para sentirse a gusto. Una despensa, dos bares, un puesto de frutas y un chiringo, abastecen a locales y turistas, que se mueven por las calles de tierra a ritmo pausado y sin apuro, entre esculturas de madera creadas artesanalmente por uno de los moradores del balneario.
A 70 años de su fundación, el aniversario pasó desapercibido tanto para las autoridades como para los locales, ya que no se realizó ningún acto u homenaje que interrumpiera la calma de un lugar que mantiene su rusticidad y evidencia pocos avances a lo largo de los años, para bien o para mal.
Charlas de café
Uno de los puntos de encuentro, se establece en uno de los bares del lugar, ubicado estratégicamente en una esquina frente al mar. Ahí, Ecos Diarios tuvo la oportunidad de acercarse a turistas y lugareños, para saber qué es lo que los atrae de Costa Bonita, y cuál es su opinión sobre el desarrollo que ha tenido el balneario a lo largo del tiempo.
Aunque las falencias son numerosas, entre otras las calles están poceadas y polvorientas, hay poca iluminación y no cuentan con un médico, todos destacaron que eligen el lugar por su rusticidad, belleza y paz. Aunque también manifestaron que los vecinos deben redoblar el esfuerzo para poder realizar pequeñas mejoras que hagan que no decaiga el balneario.
Valeria Mattia reside hace seis años en Costa Bonita y nació en Necochea. “Lo elegí porque esto es un paraíso, es todo como una gran familia”, mencionó. Aún los turistas se llegan a integrar a los locales y al paisaje, hasta lograr asimilar los tiempos de esta costa. No hay horarios para comer, ni levantarse, ni ir a la playa: cada uno se mueve sin ataduras.
Vale destacar que más allá de la belleza de la zona, Valeria destacó que “está muy dejado”, e hizo hincapié que junto a otros vecinos están realizando tareas para mejorarlo. Contrataron máquinas para limpiar la playa, donde sacaron piedras y consiguieron que sea más cómoda para el uso de los veraneantes. “Antes no se podía ni clavar una sombrilla, ahora por lo menos si”, dijo. De todas maneras, como los efectos de la naturaleza son continuos, y las piedras suelen volver, por lo que la labor es incesante si se quiere tener una superficie apta para bañarse o caminar. “La gente ahora puede bajar a la playa, es un placer volver a ver todas las sombrillas, y gracias a nuestra voluntad, porque no tenemos recursos”, manifestó.
La ocupación, sostuvieron en la charla, es buena. Algunos edificios están prácticamente llenos, y otros, en cambio, cuentan con plazas disponibles, realidad que atraviesa también a otras ciudades balnearias de nuestra Provincia.
Seguridad y cuidados
En cuanto a la construcción destacaron que de a poco más gente de anima a tener su propia casa, aunque el avance es paulatino. “La gente cansada de la inseguridad se viene para acá”, expresó Valeria, que enfatizó que no había habitualmente robos en el lugar, y se puede vivir y trabajar sin miedo a ser asaltado. “Dejamos los autos sin llave ni alarma”, comentó.
Cabe mencionar que no circulan policías seguido, aunque si cuentan con un destacamento cerca. Tampoco cuentan con ambulancia ni médico en la salita desde hace dos años, ni efectivos del Operativo Sol; sólo hay guardavidas. “Antes había enfermera, médico y ambulancia, ahora rogá que no te pase nada porque no tenemos ayuda de la Municipalidad”, indicó Valeria.
La gente habitualmente no se mete al mar, debido a la cantidad de piedras, por lo que accidentes en el mar no suelen haber. Quienes van, recurren a las playas camino a Arenas Verdes, donde encuentran más arena y mejores condiciones para el baño. A su vez, como es la tendencia para los últimos veranos, los turistas se quedan un fin de semana, o como mucho 15 días, excepto los que son propietarios, que aprovechan sus casas por más tiempo.
“Luchamos todo el invierno por mejorar los caminos”, sostuvo Valeria, ya que los accesos y las calles laterales “están destuídas”, dijo. Tampoco cuentan con suficiente iluminación por la noche, ya que anularon dos columnas del frente costero, esenciales para disfrutar de una caminata nocturna. “Es una boca de lobo”, sostuvieron al unísono Valeria y quienes estaban con ella.
Como positivo, mencionaron en el lugar, que es un balneario muy familiar, se conocen todos y conviven de forma pacífica. Los que llegan de Capital Federal se sorprenden al ver que sus hijos pueden andar sin riesgos solos, “por eso eligen venir acá”, dijo Leonardo Martínez. Y el gusto lo suelen mantener de generación en generación.
“A mí me trae a Costa Bonita la tranquilidad, la paciencia que tiene la gente, y lo lindo que es”, destacó Leonardo, que nació en Necochea, vivió en España y hace 40 años que visita el balneario. “Es una playa tan hermosa que no entiendo cómo no tiene más difusión”, mencionó.
Toda una vida
Jacinto Iannarelli tiene 69 años, nació en Italia, y desde su primer año de vida que reside en Costa Bonita. Llegó con sus padres, nunca se alejó del balneario, y se involucra activamente en el mejoramiento del lugar, aunque sostuvo que “falta el apoyo de la Municipalidad en muchas cosas”.
“Antes venían los padres, y la tradición la mantienen los hijos y nietos”, sostuvo, por lo que el ambiente familiar es el rasgo del lugar, pero para él, la falta de mantenimiento, o servicios que ayuden al local y al turista, como un médico o una ambulancia, evidencia una falencia clave para el movimiento de la zona.
Ante esta situación, los vecinos tienen su propia comisión, para trabajar en pos de lograr una mejor calidad de vida para los que eligen la tranquilidad de Costa Bonita, aunque preferirían algo más de atención y cuidados. “Estamos abandonados”, expresó. Gracias al trabajo de los vecinos, que pudieron mejorar la superficie de la playa, Jacinto contó que este verano pudo bañarse en el mar, experiencia que con casi 70 años, disfrutó por demás.
“Hacemos cosas por Costa Bonita porque lo queremos y apostamos a este lugar”, indicó uno de los pioneros de estas tierras.
Elección personal
Vanesa Gómez vive junto a su familia, su marido y dos hijos, en el balneario. Los pequeños asisten a la escuela local, y pasan sus días de forma tranquila, en armonía con el ritmo que imponen esas playas. Ella nació en Necochea, pero hace unos años decidieron cambiar el estilo de vida. Tiene un puesto de frutas y verduras, que montó luego de evaluar que en el lugar era necesario la provisión de esos alimentos, y no se equivocó, porque el resultado fue muy satisfactorio para ellos. Relató que antes quienes paraban en Costa Bonita debían irse hasta Quequén o Necochea para comprar provisiones, pero ahora encuentra lo necesario ahí mismo, gracias a ellos y otros pequeños comercios que están en funcionamiento.
Vanesa cree que el balneario está volviendo a crecer, y consideró que está “menos abandonado que en otras épocas”, aunque el esfuerzo para ella lo hacen los mismos vecinos. Antes, con menos servicios, eran menos lo que elegían el lugar para vacacionar. Ahora, consideró que está repuntando la convocatoria.
Como valor agregado a la belleza natural, los vecinos hicieron una limpieza de la playa, debido a que estaba muy deteriorada. Así, quienes optan por esta playa, cuentan con un lugar más cuidado. “”Vienen mucho en familia y les gusta la tranquilidad. Los chicos andan en grupo, van y vienen solos a la playa”, expresó, lo que para ella es un punto a favor frente a otros balnearios con más servicios, pero menos seguridad.
Todos se conocen y saludan al cruzarse por la calle, se ayudan y así la pequeña comunidad vive sus días, fuera de la agitación de las grandes ciudades, aún lejos del ritmo de Quequén, y más todavía de Necochea.
70 años de historia
A mediados de la década del 40, el empresario Mario Corte compró a la familia Gil varias hectáreas de tierras frente al mar. En esos lotes nació el balneario Costa Bonita; era un lugar virgen y el nombre que le impuso Corte intentaba ser un reflejo de las bellezas de la costa. Su intención, luego de haber desarrollado emprendimientos similares en Córdoba y Monte Grande, era convertir al paraje en un gran balneario, lo que contrasta con un presente que evidencia un crecimiento moderado.
En su momento, se colocó un cartel sobre la ruta 88, a la altura del camino de acceso, que decía: “La fabulosa Costa Bonita” y luego fue loteando el lugar para construir enseguida la hostería que llamó “Canción del mar”.
En su mejor época, Costa Bonita llegó a tener un Centro Cívico, que nucleaba en verano los servicios de policía, bomberos y salud, además de ser la sede de la Junta Vecinal.
El ejido de la pequeña localidad, tiene 13 cuadras de frente sobre la costa con 50 hacia el sector opuesto. En el caso de las calles perpendiculares al mar se denominan con letras y las trasversales con números.
Con el paso del tiempo, la paradisíaca playa comenzó a ser víctima de la erosión. En un principio comenzó a salir mucho canto rodado y los vecinos utilizaban esas piedras en la construcción. Actualmente, resulta complicado ingresar al mar, y se intentan realizar trabajos para proporcionar una playa con más arena y apta para los bañistas, aunque mitigar los efectos de la erosión, resulta una muy ardua tarea.