Enfrentar las consecuencias del Covid en el Monte Everest
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La increíble historia de Luciano Ancía y Martín Migueles, que debieron enfrentarse al Covid donde menos lo esperaban
Martín Migueles y Luciano Ancía son dos necochenses amantes de la naturaleza y la vida silvestre, pero además tienen vasta experiencia en escalar montañas y están en un circuito que plantea como objetivo subir la montaña más alta de cada continente. Así hicieron cumbre en el Aconcagua, Kilimanjaro y el Denali. Con esos antecedentes deportivos y un entrenamiento de dos horas diarias durante un año, decidieron ir por la montaña más alta del mundo: el Everest, sin pensar que les esperarían varias experiencias divertidas y enriquecedoras, pero también días difíciles.
Sin posibilidad de un vuelo directo por la situación que pasaba la Argentina a principios de año, partieron de Necochea en avión y pasaron por Miami, donde el gobierno estadounidense los vacunó gratuitamente y sin más requisito que el documento extranjero.
El 10 de abril llegaron al campamento base del Everest y estuvieron un mes realizando entrenamientos internos e hicieron cumbre a la montaña Lobuche (casi 5.000 metros de altura), que requiere de una subida muy técnica, con unos mil metros de cuerdas.
Su grupo se componía por los dos necochenses; el guía marplatense, Pablo Pilotta; y dos sherpas, que son los pobladores de las regiones montañosas de Nepal.
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El virus
Martín había recibido en febrero el resultado positivo de coronavirus y en ese momento pensó que había sido prácticamente asintomático. Sin embargo, estando en la montaña se dio cuenta de que “el Covid es una enfermedad traicionera” y que físicamente no estaba rindiendo lo que había rendido en otras montañas. “Me agarré una bronquitis muy dura y todo es producto de las secuelas invisibles que me habían quedado”, contó Migueles, mientras que Ancía agregó que el Everest “es una montaña que si no estás al 100% y un poquito más, te mata o te congela”.
En su travesía pasaron por la cascada de Khumbu, donde se encuentran, por ejemplo, los glaciares unidos por una escalera metálica móvil (ya que el hielo se mueve un metro por día) por la que tienen que pasar haciendo equilibrio, con la imagen de que, si se desestabilizan, siempre existe la posibilidad de caer hasta de una altura de 20 metros.
Llegaron a subir, como máximo, 6.900 metros (de los 8.849 que tiene en total) y bajaron al campamento número 2 del Everest, a unos 6.600 metros de altura, donde la idea era pasar dos noches antes de volver a subir más arriba.
Para ese entonces, Martín ya tenía la bronquitis bastante presente pero Luciano se encontraba en óptimas condiciones. No obstante, al caer la noche, Ancía empezó a sentirse afiebrado y con frío.
“Fue una cosa increíble, porque en ese momento en todo el campamento base hubo una epidemia de Covid. Uno cree que el virus necesita determinadas condiciones para propagarse pero ahora podemos asegurar que hasta en la condición más extrema, el Covid se contagia. Los ambientes son grandes, está todo abierto porque es plena naturaleza. Es el anti lugar cerrado, pero hay cosas que estando ahí son inevitables. En los campamentos de altura dormimos todos en las mismas carpas”, contó Martín Migueles, que no se volvió a contagiar pero que su guía, Pablo Pilotta, que también había tenido el virus en la Argentina, se enfermó nuevamente estando allí.
De a poco empezaron a notar que cada vez faltaba más gente y, cuando preguntaban, les decían que habían tenido que bajar. Hasta ese momento se mantuvo el contagio puertas adentro y ni el Gobierno ni la prensa se enteró, porque no sabían claramente qué es lo que pasaba. Al otro día, finalmente un helicóptero los evacuó y Luciano estuvo internado cinco días, aunque sin síntomas graves.
Trece días después volvieron al campamento base, pensando que el Covid y la bronquitis habían pasado pero, estando a más de 5.000 metros de altura nuevamente, no se sintieron bien y se enteraron que dos de sus compañeros de expedición habían muerto bajando de la cumbre. “Pensamos en los hijos y la familia y decidimos dejar el final abierto”, contaron.
“Cuando nosotros llegamos a Nepal, estaba todo abierto, con un aeropuerto lleno de turistas, tenían menos de cien casos por día en todo el país. A los diez días, estando nosotros en la montaña, pasaron a tener 9.000 casos por día. Se explotó. Así que cuando bajamos era una fase uno, con militares en la calle y controles por todos lados”, contaron los aventureros, que explicaron que fue la cepa india lo que afectó Nepal.
Con un país cerrado, tuvieron que tramitar la vuelta en el consulado argentino y lograron entrar en un vuelo que los traiga de nuevo a la Argentina.
Homenaje a Ecos Diarios
En un homenaje por los cien años de Ecos Diarios, Martín Migueles llevó consigo una bandera con el logo del diario y la exhibió en la cascada de Khumbu, a unos 5.000 metros de altura, siendo éste el obstáculo principal y más peligroso rumbo a la cima del Everest.
En el recorrido, Martín y Luciano conocieron también al príncipe de Bahrein, que escaló el Everest junto a la Guardia Real y compartió con los necochenses mucho tiempo, entablando una muy grata relación. Incluso, el príncipe heredero de la dinastía Al Jalifa, se tomó una fotografía con una bandera argentina que decía “Necochea, la mejor playa argentina” y quedó encantado con las fotografías que vio de la ciudad.///