Crece la contaminación visual y nadie hace cumplir las normas
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Obstáculos en veredas. Macetas de todo tamaño, carteles, caños, cajones y hasta mercadería, complican el paso. Hay tanta cosa, que ya no se puede identificar nada.
Cada vez hay más cosas de todo tipo en las veredas que no sólo obstaculizan el paso, sino que también contaminan visualmente la ciudad, violando normas de buen gusto y atentando contra el mobiliario urbano y ordenanzas vigentes. En todas las cuadras, hay algún ejemplo. Pizarras, carteles, caños, macetones, cajones y podríamos seguir enumerando.
Si bien esta situación ocurre durante todo el año y en casi todos los barrios, en el verano se multiplica porque la Villa Díaz Vélez parece ser el lugar ideal para amontonar cosas sin sentido en las veredas, sin mencionar a aquellos que sacan la mercadería a la calle, algo que tampoco está permitido.
Ya no se ve
En algunas cuadras, hay tanta cosa que resulta imposible identificar algo, ya ni se ve. La contaminación visual se hace evidente. Uno no sabe qué leer: uno que promociona helados, otro que intenta vender verdura con un gran cartel y un tercero que te avisa que a metros hay una cochera. A esto se le suman, las macetas, fierros que no se entienden para qué están, cajones de verdura y hasta reposeras abiertas en el medio del paso para ver si alguno pica.
Los que circulan en auto tampoco se salvan de este panorama porque las calles también son elegidas para colgar cualquier tipo de mensaje casero. En varias esquinas, sobre todo en las más circuladas, se ofrecen desde casas en alquiler hasta plomeros y cuando no, un comercio promociona su local sin permiso.
Esta problemática sigue creciendo porque a veces los carteles no se retiran y se suman otros nuevos, generando un amontonamiento que uno no sabe para dónde mirar. Esto pasa a menudo con los caños que se ven en algunas veredas. En algún momento, fueron carteles y sirvieron para algo, señales de tránsito o publicidad comercial, pero dejaron de tener una utilidad y nadie los retiró en su momento y ahí quedaron. En este caso, no sólo obstaculizando el paso y contaminando la visual, sino también constituyéndose en un riesgo para alguien que no lo ve y se lo choca.
Como tampoco hay un mobiliario urbano unificado, en algunos casos los mismos frentistas deciden qué poner en su vereda. Algunos ponen una maceta redonda y otros, una cuadrada y a otros, se les ocurrió hacer un asiento y nadie les dijo nada. De todas maneras, también sucede que ha quedado una enorme variedad de mobiliario viejo, todos distintos y a veces despintados y hasta rotos, algo que se ve sobre todo en el centro.
Como siempre, estas cosas suceden por falta de control. “Como nadie dice nada y como el otro lo puso, yo también hago lo que quiero”, es la excusa más repetida para justificar algo que está mal.
Desde el municipio, desde hace años, se mira para otro lado porque nunca se puso en marcha una política de ordenamiento urbano y, para esto, no se necesita dinero sino la decisión de aplicar las normas y hacerlas cumplir. Simplemente hay que recordar a todos los comerciantes y frentistas, la legislación en cuanto al espacio público, dar un tiempo para que se pongan en regla y luego controlar y multar si es necesario. No obstante, hay que aclarar varios de los obstáculos que hay en la vía pública como, por ejemplo, los fierros puede retirarlos directamente el mismo personal municipal.
Es sólo tomar la decisión de despejar las calles y las veredas para que podamos caminar tranquilos sin ser avasallados por carteles y cosas que no nos dejan pasar.///