Crecer en el desorden
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2019/06/cubo.jpg)
Si nos detenemos a observar con atención el ejido urbano, rápidamente nos sorprenderá la caótica distribución, con barrios a veces separados entre sí por manzanas despobladas y construcciones casi desoladas, ubicadas en sitios a los que les falta mucho tiempo por desarrollarse.
A contramano del avance que experimentaron todas las ciudades costeras
de la Provincia, en paralelo al mar, en nuestro caso se unió a través de la 75, avenida maltratada como La Cenicienta, el mar con el cementerio, hacia el territorio profundo.
Necochea creció desordenadamente, sin planificación desde un Estado rector que nunca logró encauzar un esquema más allá de buenas intenciones y de algún que otro plan elaborado en distintas administraciones, que no se cumplió ni se tuvo en cuenta, por razones que nos son del caso analizar en este comentario.
Esto llevó a los desproporcionados valores que se le adjudican a los terrenos baldíos en zonas densamente pobladas, que aún proliferan por toda la planta urbana y que, nadie los quiere por el precio disparatado en moneda estadounidense, generaron el levantamiento de barrios cada vez más alejados y populosos, como así también viviendas aisladas, preferentemente, en los lugares que se está dando el crecimiento natural de esta Necochea, bloqueada en su desarrollo costero.
Ejemplo de esto es el área que conforman los complejos de viviendas de Los Tilos, 9 de Julio y Camioneros, pero que paradójicamente en el camino hacia ellos, si se toma por la avenida 75 e incluso por la 98, existen manzanas sin construcciones, donde priman los pastizales.
Por otro lado, desde hace unas tres décadas empezó a poblarse de casas la zona del Barrio Parque, Villa del Deportista y Zabala, hacia el oeste, que es sin dudas la zona del futuro de la ciudad. Aunque aún hay mucha tierra inhabitada y una foto desde el aire expondría claramente lo desperdigadas que están las viviendas existentes.
Complejidad para los servicios
Semejante desaguisado en el desarrollo urbano ha impactado preferentemente en la disposición de los distintos servicios. En el caso específico de la principal zona de mayor expansión en los últimos años de cloacas y agua, así como también de energía eléctrica.
Se ha ido corriendo muy por detrás de la concreción de viviendas, y aún hoy existe una demanda no complacida. En parte porque existen manzanas en las cuales no hay más de dos o tres casas y resulta complejo llevar los servicios hasta esos sitios.
Sin embargo el servicio más retrasado es el del gas natural, por ser el más nuevo respecto a los otros: la red fue habilitada el 18 de mayo de 1983, mientras que se dispuso de energía eléctrica a partir de 1908; de agua desde el 1º de julio de 1932 (se inició con 371 cuadras del radio céntrico) y las cloacas a partir del 1º de enero de 1949 (se empezó habilitando 45 cuadras en el sector de la Villa Díaz Vélez).
Vale recordar que en 2014 la empresa concesionaria del servicio de gas desde 1994, se vio obligada a no brindar más conexiones, al haber colapsado la capacidad del gasoducto Barker-Necochea.
Esto también produjo un retraso y recién en enero de este año se rehabilitó la posibilidad de que cientos de usuarios puedan contar con gas en sus domicilios, producto de la construcción de un segundo conducto desde Barker.
Si bien se sostiene que la ciudad cuenta con los servicios esenciales en índices superiores al 80%, hay marcadas diferencias entre uno y otro servicio: mientras existen 44.000 medidores de energía eléctrica entre Necochea y Quequén; en 2016 la empresa Camuzzi informó que había poco más de 33.000 conexiones de gas.
Para muchos frentistas que viven en zonas poco pobladas de casas, se hace imposible contar con gas, pues deben hacerse cargo del pago de la extensión de las cañerías. A la mayoría de los dueños de terrenos vacíos de esos sectores poco y nada les interesa hacerse cargo del pago, con lo cual los residentes deben afrontar imposibles presupuestos, superiores a los $600.000: ergo deberán esperar años para que se construyan más casas y el costo sea compartido y accesible.
Como las de agua, luz y cloacas, la red de gas ha ido expandiéndose en forma anárquica y muchas veces en forma dificultosa porque hay que sortear manzanas no desarrolladas para dotar del servicio a nuevos inmuebles. Hoy se aduce que se puede llevar el servicio a cualquier sitio, obviamente haciendo las correspondientes extensiones, que en muchos casos por sus costos no pueden ejecutarse.
Mientras tanto sitios estratégicos no poseen gas natural. Un caso sorprendente y paradigmático es el del Sector Industrial Planificado, pretendido parque industrial cuya sustentación es cobijar a industrias, tal cual lo señala su nombre, pero que no cuenta aún con este elemental servicio para captarlas. La red por la ruta 86 llega hasta la calle 82.
A pesar que se espera la necesaria potencia eléctrica, en Quequén el desarrollo de los servicios ha sido más eficaz, ya que se ha poblado en forma más uniforme, sin tantos “baches” de terrenos entre un barrio y barrio.
También existe un marcado retraso de pavimentación. Y está comprobado que el asfalto trae comodidad a los vecinos y progreso. De esto último da cuenta la transformación que han tenido y tienen las avenidas 91 entre 10 y 42, y esta hacia la 75.
Revertir la situación
Hay otras muestras de cómo se ha trabado un crecimiento acorde de la ciudad. En tal sentido desde hace años se insiste desde la Municipalidad que faltan no menos de 10.000 árboles en el ejido urbano, ya sea porque los frentistas nunca los colocaron, desoyendo las ordenanzas vigentes, o los extrajeron porque les molestaban.
Sin embargo, desde la comuna nunca se tomó el “toro por las
astas” y es así que priman las calles y veredas sin plantas, desentendiéndose de un concepto urbanístico que tiene cualquier ciudad que se precie de medianamente ordenada.
El desordenado crecimiento hasta influye en un mayor costo para la recolección de residuos domiciliarios, mientras que también se hace imperioso renovar el sistema lumínico de la vía pública.
Nos hemos acostumbrado a crecer en el desorden, por caso avalando construcciones o comercios por vía de excepción en sitios no autorizados, que terminan contaminado aún más el convivir y desarrollo.
La ciudad no luce linda y atractiva, y son muchos los vecinos que tampoco colaboran manteniendo lo mejor posible el frente de sus viviendas o terrenos. El resultado es una triste imagen de un lugar bendecido por la diosa naturaleza, pero que no ha sido acompañada de infraestructura que tiente a radicarse.
No se puede crecer sin planificación. Y si bien ya no se lograrán corregir muchos de los errores cometidos, es necesario que desde el Estado se haga una gran convocatoria a expertos y se defina un plan y normas claras de desarrollo a 30 o 40 años hacia adelante y que se cumpla a rajatabla, más allá de quien sea el intendente de turno. Si ello no ocurre seguiremos estancados y cada vez más alejados del promisorio futuro que seguramente soñaron los fundadores de la ciudad.