Cristina Kirchner construye el primer último día del Presidente
El gravísimo desacato de Alberto Fernández contra el fallo de la Corte replica la estrategia judicial de la Vicepresidenta
Durante meses, nadie esperaba un fallo diferente al emitido por la Corte Suprema sobre la coparticipación de la Ciudad de Buenos Aires. Nadie en los tribunales; nadie en el Congreso tampoco; ninguno entre los gobernadores; nadie en la Casa Rosada.
Las audiencias de conciliación promovidas por la Corte entre los representantes de Alberto Fernández y los de Horacio Rodríguez Larreta dejaron en claro que el decomiso de fondos al gobierno porteño, ordenado por el Ejecutivo nacional para rescatar a Axel Kicillof de un motín policial en medio de una pandemia, carecía de fundamento legal para sostenerse en el tiempo.
Desde un principio, la representación del Estado federal estuvo encomendada al ministro Eduardo de Pedro y éste la delegó en un funcionario de segunda línea que luego se haría célebre por un interregno tan breve como caótico al mando de la Secretaría de Economía: Silvina Batakis.
Con una buena relación con la liga de gobernadores, Batakis enmarcó de manera equivocada la defensa técnica del Estado federal. Desde el kirchnerismo siempre se sostuvo, como factor de presión política sobre los jueces, que el conflicto era entre el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y todas las jurisdicciones provinciales. Que la devolución de fondos reclamada por Rodríguez Larreta implicaría un retiro de recursos en todas las provincias argentinas. Una disputa sobre la participación secundaria.
Unitarios y federales
A pedido del ministro del Interior, quien también es el máximo representante de Cristina Kirchner en el gabinete, la Casa Rosada intentó instalar el conflicto en la línea de oposición entre fuerzas unitarias y federales, con un giro irrisorio de esos conceptos, constitutivo como ningún otro del debate fundacional de la Nación Argentina.
Como se ve en la sentencia, para la Corte nunca estuvo en duda la coparticipación secundaria, la distribución de fondos entre las provincias, sino la primaria: el Estado nacional sustraía ilegalmente fondos de un distrito para destinarlos a otro, a fin de no poner dinero de su bolsillo. Por lo tanto, el Estado nacional debe cesar en esta conducta, devolver a los secuestrados y hurgar en su propia billetera para seguir volcando lo que le dio a Kicillof. Con criterio prudente, para no desestabilizar el escenario fiscal, el fallo ofreció como salida un promedio salomónico para la evolución de esas cifras.
Pero la caja en disputa es tan relevante para el manejo de los actores en juego que desencadenó una fisión nuclear en el gobierno nacional, una reacción unificada en el espacio opositor, y se proyecta con un impacto institucional impredecible.
Instrucción de Cristina
Cristina Kirchner envió una instrucción de profundo y grave contenido autoritario: desconocer el fallo de la Corte. Ella activó la rebelión desde la periferia de Alberto Fernández: Kicillof, la liga de gobernadores, las organizaciones paraestatales que manejan los planes sociales. La vicepresidenta interpreta que la sentencia de los jueces es un tiro al corazón del cuadro bonaerense con el que piensa financiar su resistencia política en año electoral.
En el litigio por la coparticipación bonaerense, la vicepresidenta ordenó replicar la misma estrategia judicial que viene fallando ella misma con las causas que tiene en su contra: despreciar la defensa técnica, subestimar las instancias de conciliación, sobregirar la política discurso y, a la hora de la derrota construida, cuestionar la legitimidad de los jueces.
Alberto Fernández parece comprender de vez en cuando la irracionalidad de este camino de autodestrucción, pero la historia de su presidencia terminará siendo la de la impotencia absoluta para resolver este desafío. Cristina Kirchner no sólo empujó al presidente de la Nación a un gravísimo desacato institucional: pacientemente teje una larga red de consecuencias criminales para él al día siguiente de que entregue el mandato. Una foto anticipada del primer último día de Alberto Fernández. Para que sepa lo que se trata de fatigar los pasillos judiciales como imputado.
Sergio Massa balconea en el conflicto. El fallo de la Corte tiene un resultado fiscal neutral solo si resiste la presión de emitir para tapar el bache bonaerense que generó Kicillof. Massa tiene un ojo en la restricción del acuerdo con el FMI y otro en el mapa de desgracias ajenas de eventuales competidores de su candidatura: De Pedro, Kicillof, Alberto Fernández, Cristina.
A Massa le hubiera gustado una salida consensuada del conflicto con Larreta. Para manejar una economía en crisis, necesita tener un gobierno, no un grupo de facciones exaltadas contra la Constitución nacional.
Oposición unificada
El desacato judicial del oficialismo unificó a una oposición que venía mostrando fisuras apenas disimuladas por las dramáticas y felices jornadas de suspensión del descreimiento inyectadas por el Mundial.
La junta directiva de Juntos por el Cambio salió a rechazar rotundamente el levantamiento del gobierno nacional contra la Justicia. Si el retiro declarado por Cristina Kirchner había generado precipitadas expresiones sobre el fin de la polarización, la reaparición de su impronta autoritaria volvió a juntar cabezas distraídas.
Una intriga sacudió el espacio opositor: ¿Querrá Cristina Kirchner que el gobierno que impulsó y ahora desprecia termine en tiempo y forma? ¿O pretende que su anunciado retiro al llano arrastra también de manera caótica a todo el sistema institucional?
“Después de mí, el diluvio”. ¿Estará pensando así, como Luis XV, el déspota francés? ///
Por Edgardo R. Moreno-Analista político