• La Ciudad
  • Deportes
  • Seguridad
  • Funebres
  • Clasificados
martes 22 de septiembre de 2026
  • Escucha Ecos Radio
  • Edición Impresa
Ecos Diarios

SECCIONES

  • Cultura
  • Clasificados
  • El mundo
  • El país
  • La ciudad
  • Espectáculos y arte
  • La región y provincia
  • Seguridad
  • Suple finde
  • Deportivo
  • Economia Finde
  • GPS
  • Letras
  • Mirada Urbana
  • Nuestra Historia
  • Perfil de Mujer
  • Personajes
  • Sociedad
  • Turismo
  • Varios
  • Escenarios
  • Fúnebres
  • Deportes Locales
  • Deportes Nacionales
  • Últimas noticias
  • Tiempo
  • Facebook
  • Twitter
  • Instagram
  • YouTube
  • Escucha Ecos Radio
  • Edición Impresa
  • DeportivoAñadir como fuente en

    Cuando el deporte deja huella

    5 de junio de 2021 | 21:14
    Cuando el deporte deja huella
    Ads

    La atleta Mariela Andrade brilló en los años 90 consagrándose como campeona argentina y sudamericana, con marcas en heptatlón y salto en alto que aún permanecen entre las mejores del país

    Ads

     

    Adrian Stolarczuk

    Ads

    Redacción

     

    Ads

    Formó parte de una gran camada de atletas, entrenados por el recordado “Gordo” Alberto Peña. Y con dedicación y esfuerzo buscando el máximo objetivo, supo brillar con luz propia. La atleta Mariela Andrade se destacó en los comienzos de los años 90 consagrándose varias veces como campeona argentina y logró representar al país a nivel internacional, siendo campeona sudamericana y alcanzó marcas en heptatlón y salto en alto que aún hoy permanecen entre las mejores del atletismo nacional.

    “Es una parte de mi vida que sigo amando, a pesar que dicen que no hay que vivir de recuerdos”, acepta Mariela ante la propuesta de mirar atrás y repasar su carrera como atleta de alto rendimiento, a pesar de los sinsabores que muchas veces la competencia deja. “Empecé en 1988, con Peña, con un grupo de infantiles, y después fuimos creciendo un montón, estaban Federico García Canales, Virginia Fuente, Oscar Batalla… ahí empezó todo. Era todo a pulmón, Alberto hasta había pedido que donaran colchones de dos plazas y así tuve una colchoneta de salto en alto” recordó entre risas. “A mi me encantaba, era una apasionada del atletismo. Se me dio de tener condiciones desde chica y te va motivando estar en el podio, ganar medallas…quizás no era conciente”.

     

    Ads

    Cambio de vida

    En esa vorágine competitiva, en 1991, Mariela tomó la difícil decisión de dejar el colegio y mudarse a Mar del Plata para seguir su carrera como atleta y su sueño personal. “Me vieron condiciones y me fui. Ana María Comaschi, que ella ya estaba allá, me insistió para ir. Con 16 años no era fácil pero yo me quería ir. Estaba alimentada de lo que yo quería hacer: ser atleta. Tenía el apoyo de mi papá, de toda mi familia en realidad, aunque mi mamá no quería tanto que me fuera. Estuve en pensiones y en la casa de una prima. Y empecé a entrenar con el marido de Ana María (Daniel Monroe)”.

    Mariela se destacaba tanto en velocidad como en salto, logrando muy buenos resultados en las competencias de pruebas combinadas, como el heptatlón que reúne 100 metros con vallas, salto en alto y en largo, lanzamiento de peso y jabalina, 200 y 800 metros llanos. “Hice buenas marcas, fui campeona argentina en el heptatlón. Se puede decir que o servía para todas las pruebas o no servía para ninguna, pero manejaba las pruebas bastante bien”, analizó. “Estuve 8 meses en Mar del Plata y después me fui al Cenard con la selección. Estuve 6 años en el Cenard viviendo con la beca por ser una atleta de selección, junto a otros 600 deportistas. En ese momento no lo dudé, es como una locura que va creciendo. Pude tener muy buenos sponsors y desarrollar mi carrera. Eso era lo que a mi me interesaba, ser atleta, y quizás no me di cuenta del alejamiento de mi familia, aunque viajaba a Necochea a verlos”.

     

    Su mejor momento

    Si bien fue campeona argentina en heptatlón en 1992 y 1993, por resultados y marcas, coincidió en que su mejor año deportivo fue en 1994, cuando se posicionó entre las mejores atletas juveniles del continente con apenas 19 años. En septiembre de ese año participó en el Campeonato Sudamericano juvenil en Santa Fe logrando la medalla dorada en el heptatlon y además sumando dos preseas de bronce en los 100 metros con vallas y en el salto en alto. Pocos días después, en octubre, compitió en el Campeonato Iberoamericano de mayores que se disputó en la ciudad de Mar del Plata. Después de estar liderando la clasificación tras el primer día y las primeras cuatro pruebas, culminó en un meritorio cuarto lugar en el heptatlón con una puntuación final de 5.112 puntos, quebrando entonces el récord nacional juvenil que llevaba 6 años. Hoy esa marca sigue vigente como la segunda más alta en el ranking argentino permanente de categoría Sub-20.

     

    La mayor decepción

    Cuando parecía que estas actuaciones le permitirían ser parte de la delegación argentina en los Juegos Deportivos Panamericanos de Mar del Plata en 1995, sufrió la decepción de quedarse al margen. “Era lo que tanto quería. Me dejan afuera de los Panamericanos y eso me tocó mucho psicológicamente. Creo que fue una decisión política, se pensaba que era joven y que tenía más futuro por delante. Pero bueno, al menos me di el gusto de ir a ver los Juegos y disfrutar a Javier Sotomayor”, comentó en referencia al cubano, récordman de salto en alto.

    Luego de la decepción, Andrade cambió de entrenador, trabajando en Buenos Aires con Eduardo Bariza. “Ya no quería entrenar, gracias a él seguí un año más”, apuntó. Los buenos resultados no mermaron en 1995 y le permitieron competir en el Campeonato Sudamericano de Atletismo en Manaos, en Brasil. Allí fue medallista de bronce en salto en alto con una marca de 1.70 y también se subió al tercer escalón del podio integrando la posta nacional de 400 metros. En mayo de 1995 en Santa Fe, previo al Sudamericano, estableció un salto de 1.81 que aún sigue vigente como récord argentino en el heptatlón y está séptima entre las mejores marcas de salto en la historia de nuestro atletismo. Sin embargo, confesó que “aunque seguí progresando, a partir de ahí tomé otras distancias con el deporte, como que en mi cabeza algo había terminado, había perdido lo que tanto había querido que era el panamericano. A mi eso me perjudicó bastante. Nunca llegué a entender porqué me quedé afuera. Sentí que mi entrenador, el marido de Ana María Comaschi en ese momento, no fue leal conmigo y creo que fue la persona que me dejó afuera de los Panamericanos. Eso fue un detonante para mi carrera porque se terminó lo que tanto había deseado”.

     

    El saldo positivo

    Muy lejos del rencor, Mariela resaltó una vez más la importancia del deporte en su vida: “Me quedaron millones de cosas en el corazón, por ejemplo amigos que por donde voy siempre tengo. Eso te lo deja el deporte. Fue una experiencia incomparable, algo que te da la vida y que muchas veces no te da el estudio. Son historias de vida”. Y hoy con una familia formada, espera que sus hijos, Martina de 17, Fran de 15 y Dante de 12 sigan sus pasos deportivos: “Los dos varones son basquetbolistas. Trato de trasmitirles algo de eso a mis hijos, que sean felices en lo que hagan, pero el deporte es lo mejor que tuve en mi vida, como aprendizaje, cómo te forma como persona”.///

    AUTOR
    Foto de Ecos DiariosEcos Diarios
    Ads
    Ads
Ecos Diarios
Añadir como fuente en
SERVICIOS
  • Escucha Ecos Radio
SECCIONES
  • Cultura
  • Clasificados
  • El mundo
  • El país
  • La ciudad
  • Espectáculos y arte
  • La región y provincia
  • Seguridad
  • Suple finde
  • Deportivo
  • Economia Finde
  • GPS
  • Letras
  • Mirada Urbana
  • Nuestra Historia
  • Perfil de Mujer
  • Personajes
  • Sociedad
  • Turismo
  • Varios
  • Escenarios
  • Fúnebres
  • Deportes Locales
  • Deportes Nacionales
2026 | Ecos Diarios| Todos los derechos reservados: www.elecos.com.arPropietario: SAECI S.A | Director: Gonzalo Julián Irazoqui
Edición Nº10579 | 22/9/2026
Calle 56 - 3011
Registro DNDA Nº 83857533
Términos y condicionesPrivacidadCentro de ayuda
Powered by
artic logo