Cuando el estrés se cuela en vida de los chicos
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Las preocupaciones económicas de los padres pueden provocar ansiedad en los chicos, lo que impacta en su relación con sus compañeros y su desempeño escolar
La escena se registró hace unos días en una escuela de Necochea. Uno de los niños le preguntó a otro por cierto programa de televisión y la respuesta fue: “A esos dibujitos no los veo más porque me cortaron el canal”.
La docente que escuchó la conversación esperó que alguno de los otros chicos le preguntara por qué le habían cortado el servicio de cable, pero nadie lo hizo, lo que dejaba a las claras que todos sabían de qué se hablaba y el tema estaba naturalizado.
A pesar de su edad y de que los adultos piensen que los chicos no están al tanto de cuestiones macroeconómicas y microeconómicas, ellos no sólo lo entienden, sino que saben que los afecta a todos de la misma manera.
“El estrés lo percibís. Los padres están mal y ellos también y lo van a manifestar en la escuela”, dijo la maestra que vio la escena en cuestión.
Estresados en la escuela
“Es inevitable que los chicos adviertan la falta de dinero en la casa, esto se refleja siempre en el niño. Sin darse cuenta lo manifiestan en la escuela a través del enojo, con las peleas en el recreo. Siempre lo trasmiten a sus compañeros de alguna manera”, explicó la psicopedagoga María Cecilia González, que también es docente y está en contacto permanente con los chicos en el aula.
“Es obvio que, ante situaciones de este tipo, el niño puede llegar a tener que transitar por el equipo de orientación escolar para contar acerca de sus comportamientos”, indicó la psicopedagoga. “Muchas veces ellos no saben cómo manejar la situación ni tampoco ponerla en palabras.
En esas circunstancias, explicó, “será cuestión de dialogar con el niño para determinar si su mal comportamiento está relacionado con problemas de conducta, de aprendizaje o si en su hogar la situación de sus padres lo tiene preocupado”.
Explicó que “no solamente los padres sufren estrés, los hijos también lo padecen”.
Afirmó que “los padres son más propensos a padecer síntomas de depresión a medida que crecen sus dificultades económicas”.
“Eso hace sentir a los padres menos cercanos a los hijos, e incluso, tener menos tiempo para hablar con ellos y saber qué les preocupa”, indicó González. “Hay que estar atentos ante las situaciones conflictivas, porque detrás de todo conflicto algo está pasando”.
La rutina, otra variable
“El estrés infantil es algo común”, explicó la psicóloga Lorena Cavalcanti. “En principio por las exigencias de la escuela y la carga horaria. También por las actividades extracurriculares”.
Respecto a esto último, señaló que es habitual que los chicos deseen realizar actividades extracurriculares, competitivas o intelectuales. Pero, indicó, muchas veces éstas “generan cansancio, presiones, exigencias de ellos mismos y de los grupos que conforman”.
Indicó que “la situación económica de los padres influye en la medida que eso tenga que ver con la continuidad de dicha actividad extracurricular”.
La psicóloga señaló que la condición económica también influye de acuerdo “a los requerimientos del lugar al que asisten y al estatus social que representen”.
A partir de allí pueden darse síntomas como “un desempeño regular en la escuela”, explicó Cavalcanti. También dijo que se pueden dar “ataques de nervios, llanto e irritabilidad”. Pero señaló que es preciso no confundir estos síntomas con el cansancio generado por la sobreexigencia.
“Hay que facilitar al niño una rutina coherente, que le dé tiempo al recreo y al descanso. Es importante planificar a tiempo rutinas lógicas y coherentes por más que el niño pida más o le vaya bien en el colegio”, señaló.
“No sobrecargar el día a día del niño facilita la rutina escolar y previene el estrés infantil”, concluyó Cavalcanti.
Cosas de grandes… y de chicos
“Los chicos no quedan exentos de la realidad económica de sus familias”, afirmó la psicóloga Romina Silva Barni. “Empiezan a tener preocupaciones propias de los adultos. Están muy atentos a la inflación, al cambio del valor del dólar…”
Explicó que es recomendable que el adulto trate “de no hablar delante de los chicos y expresar todo el tiempo su pesimismo o preocupación por la situación económica”.
La psicóloga dijo que no existe certeza del impacto psicológico que tiene “estar todo el tiempo viendo o escuchando noticieros en momentos en que la familia está reunida”.
Afirmó que en esas circunstancias “los chicos absorben todas esas preocupaciones que también les van generando estrés”.
En cuanto a los síntomas del estrés entre los niños, dijo que va desde “trastornos de sueño, bruxismo, es decir que rechinan los dientes, dolor de panza o preocupaciones excesivas por cuestiones financieras”.
Dijo que tampoco es recomendable que los chicos vivan “en una burbuja”.
“Pero no es lo mismo lo que se le transmitir a un adolescente, que tiene un pensamiento más abstracto y puede entender estas situaciones, a lo que se le puede explicar a un niño”, dijo la psicóloga.
“Sí se le puede decir y transmitirle de alguna manera que hay ciertas cosas que no se van a poder comprar, para no generarle falsas expectativas o frustrarlos con cuestiones materiales”, afirmó.
“Es importante que los padres hablen de sus preocupaciones por separado y no hagan partícipes a los chicos de forma constante”, indicó Silva Barni. “Sí, por ejemplo, comentarles ciertas situaciones con un lenguaje apropiado para la edad. Con un adolescente es distinto porque tienen otro entendimiento de la situación, pero tampoco hay que sobrecargarlos con preocupaciones y situaciones que no le competen para su edad”.
Dijo que las preocupaciones por cuestiones económicas les genera a los niños y adolescentes “mucho estrés y preocupación excesiva, cuando ellos deberían estar más enfocados en cuestiones de la escuela, sus relaciones o jugando”.
Detección temprana
“Es importante detectar el estrés a tiempo porque si no entran en un circuito de preocupaciones del que es muy difícil salir. Sobre todo porque se va naturalizando ese estado, tanto para los adultos como para los niños”, dijo Silva Barni.
Estas preocupaciones pueden pasar a ser el centro de la charla y la rutina y “no hay lugar para algo distinto”.
Precisó que es importante concentrarse en otras cuestiones, como reforzar los “valores familiares y los vínculos para ir disminuyendo los temores de los niños”.
Por ello “es importante que los adultos estén atentos a los sentimientos, a las conductas de los niños”, concluyó Silva Barni.
Estrés en la niñez
El estrés en la niñez se puede presentar en cualquier situación que requiera que un niño se adapte o cambie. El estrés puede ser provocado por cambios positivos, como comenzar una nueva actividad, pero está vinculado con más frecuencia con cambios negativos, como una enfermedad o una muerte en la familia.
En pequeñas cantidades, el estrés puede ser bueno. Pero, el exceso de estrés puede afectar la forma como el niño piensa, actúa y siente.
Los niños aprenden a responder al estrés a medida que crecen y se desarrollan. Muchas situaciones estresantes que para un adulto son manejables causan estrés en un niño. Como resultado, incluso los cambios pequeños pueden tener un impacto en los sentimientos de seguridad y confianza del niño.
El dolor, las lesiones, las enfermedades y otros cambios son fuentes de estrés para los niños.
Las causas de estrés pueden incluir:
-Preocupación por las tareas escolares o por las notas
-Manejo de las responsabilidades como la escuela y el trabajo o los deportes
-Problemas con los amigos, el acoso escolar o las presiones de los compañeros
-Cambio de escuela, mudanza, lidiar con problemas de vivienda o no tener dónde vivir
-Tener pensamientos negativos de ellos mismos
-Cambios corporales, tanto en los varones como en las niñas
-Divorcio o separación de los padres
-Crisis financiera en el hogar
-Vivir en un vecindario o en un hogar inseguro
Síntomas
Es posible que los niños no se den cuenta de que están estresados. Si los síntomas emperoran o se presentan nuevos síntomas, los padres pueden sospechar de un aumento en el nivel de estrés del niño.
Los síntomas físicos incluyen:
-Disminución del apetito y otros cambios en los hábitos alimentarios
-Dolor de cabeza
-Empezar a mojar la cama o hacerlo frecuentemente
-Pesadillas
-Alteraciones en el sueño
-Molestia estomacal o dolor de estómago
-Otros síntomas físicos sin ninguna enfermedad física
Los síntomas emocionales o de comportamiento pueden incluir:
-Ansiedad o preocupaciones
-Incapacidad de relajarse
-Miedos nuevos o recurrentes (miedo a la oscuridad, a estar solo o a los extraños)
-Aferrarse al adulto, no querer perderlo de vista
-Rabia, llanto o gimoteo
-Incapacidad para controlar sus emociones
-Comportamiento agresivo o terco
-Regresión a comportamientos típicos de etapas anteriores
-Renuencia a participar en actividades familiares o escolares
Cómo ayudarlos
Los padres pueden ayudar a sus hijos a responder ante el estrés de forma saludable. A continuación se presentan algunos consejos:
-Bríndarle al niño un hogar sano, seguro y confiable.
-La rutina en el hogar puede ser reconfortante. Tener una cena o una noche de cine en familia puede ayudar a prevenir o aliviar el estrés.
-Dar siempre un buen ejemplo. El niño lo observará como un modelo de comportamiento saludable. Hacer lo posible por mantener su propio estrés bajo control y manejarlo siempre de forma saludable.
-Ser selectivo con los programas de televisión, libros y juegos que los niños observan, leen y juegan. Los noticieros y los programas o juegos violentos pueden producir miedos y ansiedad.
-Mantenar al niño informado de cambios anticipados como los cambios en el trabajo o mudanzas.
-Dedicarle tiempo de esparcimiento tranquilo a sus niños.
-Aprender a escuchar. Escuchar al niño sin criticarlo ni tratar de resolver el problema de inmediato. En cambio, trabajar con el niño tratando de comprender y resolver lo que lo está molestando.
-Fortalecer los sentimientos de autoestima del niño. Utilizar la estimulación y el afecto. Utilizar recompensas en lugar de castigo. Tratar de involucrarlo en situaciones en las que pueda tener éxito.///