Cuando la tecnología se convierte arma para delinquir
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Durante 2021 las ciberestafas aumentaron un 35%. El distrito cuenta con escasos recursos humanos para combatir a delincuentes cada vez más sofisticados
A medida que la tecnología hace cada vez más confortable la vida cotidiana de las personas, también se ha convertido en el arma más utilizada por los delincuentes. Así como un cuchillo de cocina o un martillo se pueden convertir en lo que legalmente se conoce como un “arma impropia”, también lo pueden ser Internet, una computadora, un teléfono celular o las redes sociales.
Según informé difundido hace unos días, durante 2021 se duplicaron los incidentes de inseguridad informática en Argentina. El mismo estudio señala que las denuncias por ciberestafas aumentaron un 35% durante la pandemia.
Y también aumentó la sensación de inseguridad, de acuerdo a una encuesta según la cual la mayor preocupación sobre seguridad online que tienen madres y padres de la Argentina es el acoso a los menores de edad por internet.
De acuerdo a esa misma estadísticas difundida por Google en el Día Internacional por una Internet Segura, el 46% de los padres considera que sus hijos estuvieron expuestos a contenido inapropiado durante el año pasado.
Si bien estos delitos afectan especialmente a los grandes centros urbanos, Necochea no escapa a las estadísticas.
“No estamos preparados”, dijo un funcionario judicial local respecto a los recursos con los que cuenta tanto las unidades de instrucción de la Fiscalía como las fuerzas policiales locales para combatir el creciente número de delitos cometidos mediante las nuevas tecnologías.
En el caso de la Fiscalía local, funciona una secretaría especializada en estafas digitales que ha permitido la resolución de algunos casos como el ocurrido a mediados del año pasado y en el que una mujer fue estafada en más de 100.000 pesos.
Las pesquisas desarrolladas por esa secretaría de la Fiscalía permitió detener a dos mujeres en la localidad de Ezeiza y el secuestro de dinero en efectivo, dispositivos electrónicos, tarjetas de créditos, tickets de transacciones vía cajero automático y hasta un posnet utilizado para cometer las estafas.
La Fiscalía también cuenta con personal técnico para desbloquear teléfonos celulares y obtener información incriminatoria.
Sin embargo, estos recursos son ínfimos a la par del ingenio y la sofisticación de delincuentes que pueden utilizar un teléfono celular para intimidar y engañar, que emplean las redes sociales para hacer inteligencia previa y cuentan con dispositivos que bloquean alarmas.
Crecimiento exponencial
Esta semana la Dirección Nacional de Ciberseguridad confirmó que el año pasado se duplicaron los ciberdelitos en Argentina. De los 226 incidentes registrados en 2020 subió a 591 en 2021.
La Unidad de Investigaciones Tecnológicas de la Policía, confirmó que en la provincia las denuncias por este tipo de estafas aumentaron un 35%.
Las modalidades de ciberestafas aumentaron como también el ingenio de los delincuentes para engañar a sus víctimas y lograr transferencias bancarias y depósitos para su beneficio.
Por ello desde esa dependencia se aconsejó no brindar datos a través de WhatsApp ni tampoco en Facebook ni Instagram. En el caso de ser estafados, es importante que hagan captura de pantalla de los chats porque estas son pruebas que luego la Policía podría utilizar para identificar a los delincuentes.
Pese a las recomendaciones los delitos se repiten. Hace unos días un jubilado de la localidad de San Manuel fue víctima de una estafa mediante una modalidad ya por todos conocida: las llamadas telefónicas de supuestos empleados bancarios que mediante engaños lograr que la víctima les entregue dinero por voluntad propia.
Con la llegada del verano también se produjo una serie de estafas mediante falsos alquileres. Estos delitos se cometieron utilizando las redes sociales para promocionar el alquiler de viviendas o departamentos que no existen o que no pertenecen a los delincuentes.
Los hechos no sólo se registraron en Necochea, sino también en el balneario San Cayetano.
De secuestradores a compradores
Así se podría sintetizar el trayecto seguido por los delincuentes virtuales. Hace unos años, antes de la pandemia, se hicieron comunes los secuestros virtuales. Luego, los delincuentes se dieron cuenta de que no era necesario ser tan extremos para estafar a las víctimas.
Utilizando técnicas cercanas al marketing y libretos propios de operadores de call center, los estafadores lograron en los últimos tres años medios cada vez más sofisticados para apoderarse de las claves bancarias de las víctimas y no sólo robar sus cajas de ahorra, también pedir préstamos y realizar compras.
Los engaños se hicieron cada vez más sofisticados, pero el truco parece ser siempre el mismo: aprovecharse del error humano.
A mediados del año pasado, el número de estafas cometidas desde el inicio de la pandemia ya era superior a la treintena.
A dos jubiladas en pocos días de diferencia les sustrajeron 13.000 dólares (a una de ellas) y 20.000 dólares y $ 25.000 en dinero en efectivo que tenían en sus respectivos hogares.
Una de las víctimas tiene su departamento en calle 4 al 4000 y hasta allí llegó un delincuente que mediante engaños se llevó todos los ahorros en dólares de la mujer.
Antes, otra señora mayor que tiene su casa en la zona de calle 77 entre 26 y 28, también fue víctima de un delincuente que se hizo pasar por un familiar directo y la despojó de dólares y pesos que tenía guardados.
Según investigaciones policiales y judiciales, generalmente, en promedio participan de los engaños y estafas entre 3 y 4 personas.
En 2021 también hubo un importante número de “cuentos del tío” en que los delincuentes haciéndose pasar por empleados bancarios o de organismos nacionales, engañaron a las víctimas para que recurrieran al home banking y realizaran una transacción que en realidad lo único que hacía era permitir el acceso a sus contraseñas y datos bancarios.
Cuando pasó la cuarentena y la situación económica se agravó, muchas personas comenzaron a vender algunas de sus pertenencias que no utilizaban por Internet para obtener recursos.
Entonces aparecieron otro tipo de estafadores. Simulaban realizar una compra y pagar por anticipado. Enviaban una factura por el pago por un monto muy superior al que debían pagar. Decían que se habían equivocado y le pedían a la víctima que les devolvieran el dinero excedente.
Hubo quien cayó en este engaño y el delincuente se apoderó no sólo del dinero que supuestamente pagó de más, también sacó créditos a nombre de la víctima.
La pregunta que siempre se hacen las víctimas es cómo pudieron haber caído tan fácilmente en el engaño.
La respuesta está en sofisticadas técnicas de ingeniería social, propias también de esta época en que la tecnología se emplea incluso para encontrar las palabras justas para engañar a la víctima.///