Cuando no se cae una idea
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«La crisis se produce
cuando lo viejo no
termina de morir
y lo nuevo no
termina de nacer»
Bertolt Brecht.
Hemos escuchado de dirigentes políticos en repetidas ocasiones que así no podemos seguir, rara vez lo repiten en público para no parecer dicha afirmación políticamente incorrecta y lo único que han conseguido, oficialistas y opositores mantener un “statu quo” o peor, retroceder día a día, buscando remiendos para emparchar situaciones insostenibles.
Nadie piensa que esto puede cambiarse de la mañana a la noche, no es magia, requiere ideas y trabajo con acciones concretas, se debe comenzar, como dicen los chinos «en recorrer la mitad del camino».
Se ha engordado al Estado, transformándolo en un paquidérmico con un sobrepeso exagerado, con vicios e ineficacia, con «amigos» que hay que pagarles la militancia cuando se llega al poder, con coberturas de cargos sin sentido con demasiada plantilla política, el Estado municipal es un músculo sin fuerza. Demasiada burocracia, lugares superpoblados y otros carentes del personal necesario, es un desequilibrio evidente con luchas políticas y grietas que imposibilitan realizar lo mejor y necesario.
Esto es propio de Necochea, resultante que se puede trasladar al país, el Estado puede ser grande o pequeño, de acuerdo a la necesidad real, que no es este caso, el tema es que brinde mejor calidad de vida al ciudadano.
No hay peor ciego que aquel que no quiere ver
Los números son fríos, no tienen pasión tribunera ni frases demagógicas, dominan al mundo. Los de cada día son fiel testimonio de la realidad, es hora de no cerrar los ojos para esquivar el espejo.
Necochea tiene un presupuesto del cual el 40 % se destina a la cobertura de la salud, con un hospital municipal «Emilio Ferreyra» de tono regional, uno en Quequén, otro en Juan N. Fernández y trece centros de salud lo cual, al funcionar una sola clínica privada, hace absorber la mayoría de las atenciones en los hospitales.
La suspensión de las horas extras, salvo en lugares como salud donde resulta imprescindible, se tendrá que ser inflexible, al menos en esta crisis tan profunda, hay que continuar disminuyendo la plantilla política, congelar nuevos ingresos como ha repetido insistentemente en campaña el intendente Arturo Rojas, reducción de todos lados los gastos que puedan achicarse aunque parezcan insignificantes. Como en la vida familiar, cuando hay que ajustar el bolsillo en lo cotidiano, no dejar luz prendida, reducir cantidad de celulares, cuidar el consumo de gas, controlar gastos de combustibles, achicar el presupuesto en varias cosas. Ojo, no en aquello que parece superfluo y no lo es.
Necochea tiene un presupuesto por habitante de 26.800 pesos, está en el medio entre los municipios denominados ricos pero arañando de no descender más.
Y como era de esperar, ante la situación planteada, el manotón de ahogado la lógica aplicación de otra moratoria con un padrón de contribuyentes que adeudan cifras astronómicas cercana a mil millones de pesos tomando en cuenta los últimos cinco años.
Y comenzamos a repetir la historia, argumentaciones conocidas y la suba de tasas como elemento casi único de mejoramiento de la recaudación, aquí es donde no se cae una idea, tal el título de este comentario. Cabe una pregunta que debería hacerse especialmente a los que tienen mayor responsabilidad y poder de decisión ¿se puede recaudar más en el Estado, además de la recurrencia sempiterna y lógica del aumento y apriete al vecino?
Esto tendría que ser la base de estudio, sin desconocer que teniendo una inflación anual del 56 %, una economía muchas veces dolarizada para las compras que requiere el municipio con el déficit arrastrado, es imposible no aumentar, además porque es la solución más simple, no requiere siquiera leer la fiscal impositiva que adolece de infinidad de puntos grises e incomprensibles.
No es argumento válido para avalar el aumento de la gabela las comparaciones de un café o el costo de Netflix. Las tasas son obligatorias y, en cuanto a estos comparativos se sabe que son voluntarios. Los concejales se van a dar cuenta lo que aprobaron cuando el contribuyente reciba la boleta de pago y ponga el “grito en el cielo”. Además, para el nocaut final está el impuestazo provincial y la derogación de la ley de ajuste del haber jubilatorio, dispuesto por el gobierno nacional. A la hora de resolver hay que contemplar todo, poniéndose en el bolsillo del otro y el otro es nada más ni nada menos que el vecino, razón de ser de un gobierno municipal.
Ante el hecho consumado hablaremos de los que no pagan pudiendo, de los que nunca son intimados en serio, que siempre se caza en el mismo zoológico, la aplicación de moratorias estimula hacerse el distraído para no atender los compromisos municipales, ya que estos servicios no son de consumo como aquellos que, ante la falta de pago se suspende como luz o gas.
Una utopía
Por otro lado, siempre surge a la palestra aquello de la tasa portuaria, que en los papeles significaría mucho dinero y oxígeno para las arcas municipales, en la práctica algo no simple de imponer, basta con hacer historia y llegar a este presente con la última resolución de la Justicia con su sentencia a favor de las empresas exportadoras. Esta administración debe olvidarse de este tema como tabla salvadora.
El municipio es deficitario e inviable desde hace mucho tiempo y dependiente de la teta de la Provincia y la Nación para realizar obras. Es así, que estructuralmente hace años, que no se realiza ninguna con recursos propios. Este aumento es profundo para el bolsillo de los contribuyentes y servirá para abonar salarios y un pequeño respiro, una brisa fresca en este tórrido verano, simplemente lejos de suponer inversión para el desarrollo y crecimiento del distrito.
Subirá la recaudación, pero tal vez sea menor el cobro de partidas
No hay que confundir aumento de la recaudación que, por supuesto existirá con igual cantidad de contribuyentes que seguirán abonando, porque también puede inferirse que baje el cobro de partidas. Es discutible el porcentaje final, siempre es difícil aceptarlo. Las tasas son una contraprestación de servicios, el ciudadano necesita que su calidad de vida sea mejorada día a día a través del Estado que se sustenta con éstas, y este debería ser el motivo principal de lo acordado en la tarde el jueves.
Son 47.000 partidas de las cuales se aduce que sólo se abona en tiempo y forma en un 40 %, aquí es donde se debe poner el acento, ir a la búsqueda de ese otro 60%. El municipio tiene la potestad vía apremio para accionar a fondo contra los morosos consuetudinarios, esto crearía confianza e igualdad entre los que históricamente son pagadores.
Es correcto el seguimiento a grandes empresas por el cobro de ítem Seguridad e Higiene, a deudores multi propietarios, cruzar datos con ARBA, sancionar a quien no declare mejoras en sus viviendas, intimar y ejecutar.
Liquidar tasas es como los planes económicos, pueden tener todo el bagaje técnico las explicaciones y la lógica a imponer, pero existe algo superador, la confianza; esto es precisamente lo que no ha brillado en los últimos años, esa pérdida debilita a la hora de pagar.
Si el aumento normaliza la situación, comienza a terminar con la agonía del pago de salarios a los empleados municipales a fin de cada mes, posibilita desahogo y mejoramiento, el esfuerzo habrá servido, si en el balance del próximo año nos encontramos en la misma senda, los idénticos problemas y discutiendo lo mismo será un volver a empezar, no como aire renovador sino como hastío y cansancio permanente del contribuyente.
Resumiendo: más allá de todo lo expuesto el Intendente debe ir en busca de dinero fresco, líquido, contante y sonante lo tiene al alcance de su mano, lo hemos señalado en varias oportunidades y creemos incensario, por hoy, repetirlo dónde ir a buscarlo.