Cuando se deja el costo político
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«Los impuestos se deben
percibir de acuerdo a la
capacidad de pago.
Este es el único principio
de la sociedad americana»
Franklin Roosevelt presidente de los EE.UU 1933-1945
«La economía, estúpido» (the economy, stupid) fue una frase muy utilizada en la política de los estadounidenses durante la campaña electoral de Bill Clinton, en 1992. James Carville, entonces asesor de Clinton, en una disputa que meses atrás lo tenía sin demasiadas chances enfocó como estrategia que debían enfocarse en los temas cotidianos relacionados con la sociedad americana y sus necesidades inmediatas, por sobre otras cuestiones. Escribió tres puntos, escasamente recordados los dos primeros, el tercero quedó marcado en la historia y usados con frecuencia «es la economía, estúpido».
No es un punto de comparación, válido si se quiere, con nuestros diarios problemas pero sí para ejemplificar que muchas veces nos ocurren parecidas analogías, esa relación de semejanzas entre cosas distintas.
El intendente Arturo Rojas, apoyado en el 64 por ciento de la masa electoral que lo llevó al edificio de la calle 56, dejó de lado el famoso “costo político” y generó un aumento de tasas que tal cual la adelantáramos, en esta misma columna domingos atrás, iba a generar un desconcierto y sorpresa cuando empezaran a llegar las facturas con los nuevos valores. El común de los contribuyentes no vive pensando en las cuestiones inherentes al municipio, pero si se preocupa cuando debe abonar un servicio y, el costo varía considerablemente con relación al último pago. Esto es lo que ha pasado con las tasas municipales.
Es lógico, visto desde el escritorio de Rojas, y habiendo declarado la emergencia económica, ambiental y sanitaria; con una deuda acarreada en salarios, proveedores, entre deuda flotante y consolidada superando los 800 millones de pesos, el aumento de tasas se establece como la solución inmediata ante una necesidad y, precisamente la urgencia, y la improvisación suelen acarrear errores. Error que también se debe trasladar a los concejales que votaron a libro cerrado el desequilibrado incremento en cuestión.
Las facturas están llegando por estos días a los contribuyentes del distrito observándose el mismo sentir y desconcierto, sin distinciones, en todos ellos. La conjunción de explicaciones se da en todos los sectores, desde aquellos que llegan sin oxígeno a fin de mes, como en las clases más pudientes.
Con una inflación del 54 por ciento calculada sobre el año anterior lo aceptable hubiese sido establecer, el criterio del presidente Roosevelt con el que iniciamos este comentario, en una economía que no arranca y con impuestazos desde el gobierno nacional y provincial. aparece como desproporcionado el aumento.
Al tomar como base de cálculo la valuación fiscal, ya que hace años se establecía por frente y fondo de la propiedad contributiva, se han trasformado las tasas en un impuesto, porque más tributa el bien de mayor valuación, que no quiere decir tampoco que su propietario sea el que más tiene. Hay que reiterar que las tasas son la contrapartida de un servicio prestado y, tomando como ejemplo el hospitalario es igual para el carenciado como para el pudiente. Al igual que el precio un litro de leche.
Incremento del 100 %….
hasta situaciones que llegan al 500
Las facturas con el 150 % de aumento como también otras que superan el 300 y 400 están siendo distribuidas entre los contribuyentes y la gran pregunta es ¿por qué esta asimetría, que pocos, casi nadie puede explicar ni entender?
El monto, según trascendió, surge de una alícuota, que se desconoce, que suma a la valuación fiscal. Las alícuotas son proporciones que se establecen a través de leyes para determinar una obligación tributaria. Se emplea con frecuencia en la economía, en sus diversos tributos, así como el IVA, en el caso de las propiedades los cambios de valuación fiscal se hacen con un promedio de actualización cada cinco años, cuando no se produce este revaluó la ordenanza fiscal impositiva lo que hace es aumentar la alícuota.
Las valuaciones tienen diferencias aumentan, más o menos, según los lugares, las alícuotas a las que hacemos referencia aumentan año a año. Si no se hace un análisis bien exhaustivo las tasas pueden dar valores muy altos, como se originó actualmente el mayor que se recuerde en la historia de los últimos cincuenta años. Porque durante muchos se fue cambiando y aumentando la alícuota, hoy al cambiar la valuación fiscal de los inmuebles si no se retoca la alícuota volviéndola a valores razonables ocurre lo que ocurrió. ¿Adrede o por desconocimiento?
Concretamente, la gente quiere respuesta sobre ese aumento que va del 150 al 500 % y que en algunos casos lo supera.
Si a la alícuota que venía aplicándose al presente se le agrega la valuación fiscal de la provincia de Buenos Aires del año pasado es un disparador muy alto que seguramente no aguanta ningún bolsillo
Sabemos que el municipio debe financiarse, cuando hablamos de tasas casi impagables para muchas familias, de ninguna manera pretendemos acercarnos al llamado a la rebelión fiscal, ergo, no pagar tasas, que constituye un delito y una irresponsabilidad de quienes lo pregonan, es hacer tratar de hacer entender que es un momento muy difícil para todos sin distinción de sectores sociales.
Con este incremento el municipio recibirá mayores ingresos aun en el supuesto que abonen menos personas, el tiempo será fiel testigo, si todo este enorme esfuerzo de la sociedad se ve reflejado en el mejoramiento de la calidad de los servicios que el estado presta o, en pocos meses estaremos nuevamente girando sobre lo mismo para que el año próximo como única tabla salvadora sea otro reajuste la constante, un hecho cotidiano y repetido en la vida de los necochenses.
Hace siete años se aplicó la denominada “tasa de salud”, supuestamente para solucionar todo sistema hospitalario hace cuatro años la “tasa de gestión ambiental” era para solucionar la disposición final de residuos domiciliarios. No es necesario ahondar en conceptos para darnos cuenta que ambas tasas se cobraron y ninguna solucionó esos problemas, los ejemplos valen para preguntarnos si las actuales servirán para lograr estabilidad en el Estado o pasará los mismo que con aquellas.
Falta plata y hay que aumentar los impuestos, lógico, habría que añadir que el faltante de dinero tiene otras causas y habría que profundizar en ellas. Doscientos contribuyentes categoría F, según la tabla de valuación con su tributo correspondiente, dada a conocer por el municipio, deben abonar para atender el sueldo y gastos reservados del Intendente.
¿No hubiese sido mejor un aumento menor y tener acciones concretas para que aquellos que pudiendo nunca abonan, sientan el peso estatal y comiencen a ponerse al día?.
La historia de los últimos años nos demuestra palmariamente que un Secretario de Hacienda, puso lo que tenía que poner en la década del noventa, intimando con medidas concretas al pago de las tasas y publicó en Ecos Diarios, página entera los nombres de personas de alto poder adquisitivo deudores de las tasas. No sabemos si hoy es el momento o si se debe llegar “in extremis” en la cuestión, pero tampoco quedarnos en la vereda de la pasividad y el temor, algo que ha pasado en la mayoría, por no decir en todas las administraciones del 83 al presente.
Grupos de vecinos autoconvocados se han manifestado por el incremento, en la barra del Concejo Deliberante, algunos, en forma insolente y el jueves en la plaza al no llevarse a cabo la reunión prevista para ese día por el cuerpo deliberativo. El temor al abucheo y la imposibilidad de dar respuesta meramente satisfactoria a los manifestantes, llevó a la triste determinación de la suspensión por parte de los concejales. Por otro lado, llama la atención la falta de entidades representativas o intermedias ante la situación planteada, para que se pueda llevar a cabo el reclamo, si cabe, en forma ordenada, consensuada y respetando los derechos y obligaciones de una sociedad organizada. «Cometer un error y no corregirlo suman dos errores» (Confucio).