Cuando se diplomó entre los grandes
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Hace 15 años, Pablo Meana era reconocido como el mejor receptor en el Campeonato Mundial disputado en nuestro país

Aunque un par de años antes se había ganado el corazón de la gente y también claro está el respeto de compañeros y cuerpo técnico de la Selección Argentina en los Juegos Olímpicos de Sydney, el necochense Pablo Meana alcanzó definitivamente un merecido lugar entre los notables jugadores de la historia del vóleibol nacional al ser reconocido como el mejor receptor en el Campeonato Mundial disputado en nuestro país en 2002.
En este mes de octubre se están cumpliendo 15 años de aquella gran campaña del equipo conducido por Carlos Getzelevich, que si bien no pudo meterse entre los cuatro mejores y aspirar a un podio como en Australia, logró un valioso sexto puesto, una de las mejores actuaciones hasta ese momento en un Mundial, además del bronce de 1982 también en nuestro país y superando el undécimo lugar del Mundial 1998 en Japón. Incluso desde entonces no se logró mejorar aquella campaña, culminando 13º en Japón 2006, 9º en Italia 2010 y 11º en Polonia 2014.
La campaña
Seis sedes repartidas en Santa Fe, Mar del Plata, San Juan, Córdoba, Salta y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires albergaron a las 24 naciones que protagonizaron el Mundial y los partidos convocaron a más de 330.000 personas. Argentina formó parte del grupo A junto a Australia, Portugal y China y fue local en el estadio Aldo Cantoni sanjuanino. Allí la Selección venció a sus tres rivales por 3-1, siempre con Meana como líbero y siendo el termómetro de la defensa argentina.
A pesar de que la Selección llegó invicta a los cruces decisivos, no pudo ante una sorprendente Francia, que a fuerza de sus buenas individualidades (Stephane Antiga, Dominique Daquin, Olivier Kieffer, Luc Marquet, Franz Granvorka) venció 3-1 y dejó a los organizadores fuera de la pelea por las medallas. Los galos alcanzarían finalmente el bronce, su primer podio en un Mundial.
El estadio Luna Park de Buenos Aires fue una de las estrellas del Mundial, con localidades agotadas para todos los partidos de Argentina, que alcanzó un meritorio sexto lugar luego de derrotar en sets corridos a Grecia y caer en manos de Italia en un apretado 3-2.
El plantel argentino estuvo conformado por Marcos Milinkovic, quien fue el máximo anotador del torneo y el jugador más valioso, Jorge Elgueta, Gustavo Porporatto, Javier Weber, Hugo Conte, Hernán Ferraro, Alejandro Spajic, Jerónimo Bidegain, Santiago Darraidou, Leonardo Patti, Gastón Giani y Pablo Meana. Por su parte, el cuerpo técnico encabezado por Carlos Getzelevich contó además con Leonardo Wiernes como asistente, Gabriel Solari como médico, Carlos Troncoso como PF y Gastón Urda como manager.
Otra “Generación Dorada”
En la final, Brasil vencería a Rusia 3-2 para alcanzar de una vez por todas el esquivo primer título en su historia, ese que se le había negado a la “Generación de Oro”, campeona de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, con los inolvidables Mauricio, Marcelo Negrão, Tande, Giovane, Paulão, Pampa y el capitán Carlão, entre otros. A partir de ese 2002, Brasil dominaría el vóleibol mundial, ganando su segundo oro olímpico en Atenas, y los dos Mundiales siguientes en Japón 2006 e Italia 2010. Era el turno para ellos de disfrutar de otra leyenda: Gilberto Amauri de Godoy Filho, conocido como Giba, el alma y figura de aquel Brasil dominante de esa década.
Un antes y un después
Para Meana el Mundial significó sin dudas un antes y un después en su carrera. No sólo por el premio de mejor receptor, sino por la proyección de su juego a nivel internacional, ya siendo un “veterano” para muchos, de 27 años en 2002. En los Juegos Olímpicos de Sydney había sido el máximo pasador y el segundo mejor defensor. En menos de tres años, desde que debutó con la camiseta nacional en junio del 2000 en una impactante victoria frente a Italia en el Luna Park, se ganó un lugar indiscutido y llegó al mejor nivel del vóleibol europeo, algo reservado entonces para unos pocos argentinos.
Atrás había quedado la olvidable experiencia en el AEK Atenas de Grecia antes del Mundial y una mala Liga Argentina con Koyote de Salta. Su regreso a la elite fue en el competitivo Belogorie Locomotiv de Belgorod, equipo que ya había dominado la Liga Rusa en los años noventa, con cuatro títulos, pero que con Meana se transformó en un “grande” europeo, consagrándose bicampeón de la Copa de Campeones de Europa 2002-03 y 2003-04.
Para Pablo los Mundiales terminaron siendo referenciales de su carrera, como les ocurre ciertamente a muchos deportistas. En Japón 2006 decidió retirarse de la Selección Nacional, dejando el puesto de líbero que fue “heredado” por su hermano Martín. Para Italia 2010 decidió volver cuando brillaba ganando todo con Bolívar, pero fue sorpresivamente “cortado” de la lista por Javier Weber a pocas semanas, impidiéndole al necochense despedirse como se lo merecía, a sabiendas de su alejamiento de la práctica profesional poco después.
Pasaron 15 años de aquel Mundial en nuestro país, importante en la historia del vóleibol nacional y marcando a muchos de los jugadores. Para Pablo Meana fue la consagración definitiva. Porque por sobre las estadísticas y los premios, quedó el recuerdo de su entrega en cada pelota con los colores nacionales, tanto en la victoria como en la derrota. Los números se confunden, los premios se llenan de polvo en las vitrinas, pero la gratitud de la gente es para toda la vida.