Cuando se va un compañero
La veterinaria Candela Bonaura, columnista de Ecos Radio, habló sobre el dolor, la culpa y los tiempos necesarios para afrontar la muerte de un animal.
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La muerte de una mascota puede significar mucho más que la ausencia de un animal. Para muchas personas implica perder a un integrante de la familia, una compañía cotidiana y una rutina construida durante años. Sin embargo, ese dolor no siempre encuentra la misma comprensión en el entorno.
Sobre esta situación habló la veterinaria Candela Bonaura, columnista de Ecos Radio, durante su participación en el programa “Lo dije o lo pensé”, donde reflexionó sobre el duelo por una mascota y brindó algunas recomendaciones para quienes atraviesan una pérdida.
“Las mascotas son parte de nuestra familia. Son contención y acompañamiento incondicional”, señaló Bonaura. Desde esa perspectiva, explicó que la intensidad del duelo no debería medirse por tratarse de un animal, sino por el vínculo que cada persona construyó con él.
Un duelo que también modifica la rutina
Uno de los aspectos que destacó la veterinaria es que la pérdida también altera las actividades cotidianas. Llegar a casa y no encontrar al animal, dejar de sacarlo a pasear, no preparar su comida o encontrar su plato vacío son situaciones que pueden hacer más evidente la ausencia.
“También está el impacto físico de perder la rutina. El ser humano es rutinario”, sostuvo.
A ese vacío pueden sumarse preguntas y sentimientos de culpa. Qué sintió la mascota, si sufrió, si se podría haber hecho algo más o si alguna decisión fue correcta son interrogantes que pueden aparecer después de la muerte.
Frente a ese proceso, Bonaura recomendó no intentar ocultar ni minimizar las emociones.
“Es un día a la vez. Tenés que permitirte manifestar lo que sentís, materializarlo”, afirmó.
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En ese sentido, también cuestionó algunas expresiones que suelen utilizarse con intención de consolar, pero que pueden resultar poco útiles para quien está atravesando el dolor.
“No digan ‘es el ciclo de la vida’”, pidió la veterinaria, al remarcar que conocer que la vida de una mascota es más corta no hace que su pérdida sea menos significativa.
Cada duelo tiene su tiempo
Otro de los interrogantes que pueden aparecer después de una pérdida es cuándo volver a adoptar. Para Bonaura, no existe un momento determinado que sea igual para todas las personas.
Una nueva mascota tampoco debería ser entendida como un reemplazo de la anterior. Cada vínculo es diferente y tiene su propia historia.
“No se reemplazan los amores. Se van sanando con el tiempo y a veces lleva meses, años y otras veces nunca termina de dolernos”, expresó.
Por eso, el proceso de duelo requiere respetar los tiempos individuales y encontrar espacios de contención. Hablar sobre lo sucedido, recordar al animal y permitirse expresar la tristeza pueden formar parte de ese recorrido.
La mirada de Bonaura pone así en palabras una experiencia que muchas personas atraviesan en silencio: la muerte de una mascota puede dejar un vacío profundo porque también desaparece una presencia que formaba parte de la vida cotidiana.
Reconocer ese vínculo y darle lugar al dolor puede ser el primer paso para comenzar a transitar la ausencia.///
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