¿Cuánto queremos a la tierra que habitamos?
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En nuestra ciudad la naturaleza ha sido y sigue siendo agredida. Los autores plantean las situaciones que han contribuido a alterarla
Por Mirta Elena Bertinat, Celia Canales y Guillermo Mazzieri (*)
Para Ecos Diarios
Hemos envejecido detrás de este tema.
Hemos intentado de diversos modos, alertar sobre los largos tiempos que toma la naturaleza para accionar, en disidencia con los cortos tiempos que usamos las personas para modificarla. Hoy, ante la situación que observamos, volvemos a insistir.
Les recordamos que lo que se quiere, “se respeta” y “se cuida”.
A menudo se escucha “Amo Necochea”, “Mi querida y hermosa ciudad”
En las charlas callejeras y no tan callejeras, vivimos hablando del Puerto, de la producción que lo mueve, del turismo, de lo urbano, de la falta de identidad y del patrimonio cultural.
¿Saben dónde se han desarrollado y se siguen desarrollando todas esas cosas? Sobre un espacio físico legado por la naturaleza.
Esa misma naturaleza ¡¡¡tan agredida!!! por los mismos que se golpean el pecho diciendo Amo Necochea ¡¡¡La mejor playa del país!!!
Algo no tan obvio
¿Saben por qué Necochea es una Ciudad Costera?
Porque tiene Costa, y esto que puede parecer tan obvio, no lo es.
¿Por qué?
Porque para muchos, la costa, no es más que un espacio para usar, abusar, explotar y artificializar, jamás para respetar, y cuidar.
No queda ninguna duda acerca de la belleza de este lugar, pero convengamos que esa costa que nos da la identidad que algunos siguen buscando, ha sido modificada en forma importante por la actividad humana; tal vez, a raíz de pensarla como un punto y aparte, y no como el espacio que nos contiene y con el que debemos relacionarnos de modo amigable.
En definitiva, es la costa recibiendo al río Quequén, la que inspiró la idea del asentamiento en este lugar.
Pero… ¿Por qué la costa cambió ¡¡¡tanto!!! desde los tiempos de Cardiel a hoy?
Más allá de las modificaciones naturales que experimenta toda costa, debemos agregar: porque fue intervenida, y continúa siendo intervenida desde lo social, y desde lo económico, marginando lo geográfico, lo geológico y lo ambiental.
El fantasma de la erosión
Y cuando un espacio natural con la multiplicidad de procesos naturales que incluye el espacio costero, es intervenido ignorando su dinámica habitual, da lugar al fantasma de la erosión, que lenta, y a veces, no tan lentamente, acciona con ferocidad.
El mar naturalmente acarrea erosión y deposición, pero donde deposita o donde erosiona, lo decide él. Cuando le modificamos el escenario de su accionar, y le sumamos conductas agresivas, entonces su acción erosiva o de deposición, se potencia. En nuestro frente costero tenemos ambos ejemplos.
¿Cuáles serían algunas de esas conductas agresivas para con la costa?
- Traza del camino costero en dónde las dunas cumplían importante papel frente a la agresión del mar en tormenta y la escorrentía de las aguas provistas desde el continente, por lluvias copiosas. (Hemos dejado testimonios en este mismo diario el domingo 15 de Octubre del año 2000).
- El retiro de la primera línea de dunas en gran parte de la costa entre Costa Bonita y aproximadamente el lugar en el que está hoy el molino generador de energía eólica. (Hemos dejado testimonios en este mismo diario, el 19 de Noviembre del 2000).
- Disposición desordenada de salidas pluviales a la costa. Esto genera erosión y contaminación. Después de una lluvia que provoca una densidad importante de drenaje, se puede observar cantidad de basura en la playa, cárcavas en médanos, desprendimientos en paredes de acantilados, y un importante impacto visual a la hora de apreciar el paisaje. (Hemos planteado el inconveniente y elaborado un registro fotográfico en los últimos treinta años).
- El área de balnearios con su infraestructura dura, la precaria solución a sus efluentes, y las no buenas prácticas en la instalación de los muchos elementos destinados a las actividades balnearias. (Con registro fotográfico de los últimos 20 años)
- Y en cuestiones de estructuras duras o rígidas, no podemos dejar de mencionar la presencia de la escollera sur que con el tiempo desnudó de arena a las playas de Quequén y más allá, e invitó a un importante retroceso costero. (Hemos visto al acantilado quitarle sustentación a la base de una casa costera que debió rendir su romántica arquitectura a las necesidades de un mar, que ya no tenía cuerpo de arena que lo frenase. La erosión le dio carta blanca para horadar la base del acantilado, y el resto, es imaginable…) Mientras tanto, del lado Oeste en el espacio inmediato a la escollera, se da el proceso inverso.
- Urbanización de la duna frontal. (Hemos denunciado el inconveniente desde los tiempos en que se comenzó a preparar la duna para dicho emprendimiento. Hoy ya se comienzan a percibir algunas consecuencias).
- Tránsito de vehículos en la playa y en dunas frontales. (Hemos invitado y continuamos invitando a un replanteo en favor del frágil ecosistema agraviado. Sostenemos que existen espacios de dunas fuera del cordón frontal -del cual hoy queda muy poco-, que bien se podrían evaluar, delimitar, y afectar para actividades recreativas en la arena).
Cada una de estas conductas antrópicas, a las que le podríamos sumar muchas otras, sin descartar el factor climático, han contribuido y contribuyen a que esa Costa que a nuestro entender, sin duda nos identifica, sea hoy motivo de mucha preocupación, y poca ocupación. Y hasta la podríamos definir, como victimizada por la negligencia de la población toda, incluyendo autoridades.
Pensemos entre todos:
La costa es un lugar bastante más que especial.
Es un espacio que de uno u otro modo, Habitamos,
y que de todos modos, Queremos.
¿La Queremos? …
Porque lo que se quiere: “se respeta” y “se cuida”.///
(*) Geóloga, profesora de Educación Física con orientación vida en la naturaleza y geólogo, respectivamente