Cuatro capitanes históricos
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Guillermo Dindart en Estación Quequén, Sergio Portugal en Mataderos, Osvaldo Ammitrano en Luz y Fuerza y Walter Rossi en Rivadavia llevaron la cinta en los momentos trascendentales de nuestro deporte
Encontrar coincidencia en las opiniones, en cualquier tema, es casi imposible. El deporte no está exento, con tantos colores de camiseta que dividen las pasiones. Pero si en algo podemos estar seguros es que a lo largo de nuestra rica historia deportiva, hubo cuatro equipos que lograron unir a la ciudad bajo una misma bandera, una misma ilusión y sobre todo en el mismo festejo. Y aun hoy les rendimos tributo en cada aniversario. Estación Quequén ascendiendo al Nacional B en 1988 y Mataderos como campeón del Argentino B 1996 fueron las dos perlas del fútbol; en básquetbol tuvo un antes y un después con Rivadavia en la Liga Nacional B en los años 80 y la gesta más reciente se la debemos al vóleibol con Luz y Fuerza campeón nacional en 1998.
Buceando en la memoria de aquellos días de gloria, lejos de la efeméride, optamos por hacerlo en la particular mirada de los referentes de aquellos planteles. Los capitanes. Elegidos por los entrenadores, por el grupo o por peso propio aunque no lleve la cinta. Cuatro ases deportivos de nuestra historia.
Guillermo Dindart
Aquella tarde del 5 de junio de 1988, en un estadio de las Aguas Corrientes repleto, fue el defensor Guillermo Dindart quien rompió un círculo de papel de color verde y letras blancas preparado especialmente para pisar la cancha a la cabeza de sus compañeros, como capitán de Estación Quequén en aquella histórica final frente a Olimpo de Bahía Blanca buscando el ascenso al Nacional B. “Fue un halago increíble. Tener esa posibilidad, entre los referentes que tenía ese grupo fue una alegría. Siempre agradecido a (Orestes) “Quito” Ortiz por su valentía de darme la capitanía a mí, aunque había gente que no llevaba la cinta, pero tenían su recorrido y eran quizás más capitanes. Yo me inicié en Palermo y después pasé a Estación pero muchos de esos jugadores veníamos jugando juntos en la Quinta, la Cuarta hasta llegar juntos a Primera. Habíamos nacido en el club”.
Sobre aquella histórica consagración que se rubricó con el gol de “Paquillo” Sánchez, recordó que “estaba toda la gente de Necochea, compañeros o contrarios, era el nombre de la ciudad el que llevábamos. Hoy lo veo con mis hijos y creo que entonces no teníamos noción de lo que estábamos jugando. Si me toca jugar hoy una final así tal vez no duermo a la noche. Pero nosotros no teníamos nada que perder, era un poco la inconciencia de la juventud”. Desde hace muchos años radicado en Bahía Blanca, Dindart apuntó que “esa eliminación sacudió mucho a Olimpo, porque había armado un equipo para ascender. Pero nosotros teníamos lo nuestro. Había muchos capitanes, todos tirábamos para el mismo lado deseando quedar en la historia como hemos quedado, aunque entonces no lo tomábamos de esa forma. Por eso se llegó a donde se llegó”.
Walter Rossi
Aquello de capitanes si cinta se podría aplicar también a lo transitado por el plantel de Rivadavia que brilló en la Liga Nacional C y B en los años 80. El primer referente fue el recordado Daniel Carranza. Varios tomaron la posta, como Walter “Tato” Rossi y Roberto Craig. Sin embargo, otros nombres sin ser capitanes tenían una voz preponderante como la de los norteamericanos Moreno y Robinson y sin lugar a dudas José Ignacio “Polo” De Lizaso, en el vestuario.
En el basquet no hay “cinta” en el brazo. Justamente Walter Rossi reconoció no tener en su memoria aquellos días como capitán y apuntó que entonces “no tenía trascendencia, no era tan importante. Y al haber gente de afuera, cada cual venía con su bolsito y luego cada cual a su casa, nos relacionábamos más en el vestuario o los viajes. Había un ambiente bárbaro. En la cancha el equipo se basaba alrededor de los dos americanos y los criollos éramos más acompañantes. Salvo cuando vino Vicente Pellegrino que era otro consagrado. “Polo” era además una voz que se respetaba por la jerarquía”.
A la hora de los recuerdos, apuntó que “Neal (Robinson) era un tipo que cuando vos habías pensado una jugada o movimiento, él ya lo había pensado 5 segundos antes. Si bien era algo vago, no le gustaba entrenar, tenía una lucidez mental tremenda. Era un gusto verlo jugar. Un momento que difícilmente se vuelva a dar, sobre todo por los costos. Estábamos entre los mejores de la Argentina, vino la Selección (en 1987) y equipos de Uruguay…aquello quedó en la historia”
Sergio Portugal
Volviendo a la pelota Número 5, nos encontramos con otra generación de grandes futbolistas locales que trascendió nuestras fronteras, conjugados en el equipo del Club Mataderos que fue campeón del Torneo Argentino B. Y fue Sergio Portugal, un apellido ligado a Barrio Norte quien lució la cinta de capitán en aquella campaña y en la recordada final frente a San Martín de Monte Comán, en abril de 1996. Aunque tenía a su primo Julio Portugal como DT, Sergio valora con orgullo que llevar la cinta “fue una decisión de mis compañeros. Fue algo hermoso que me eligieran, siendo del barrio y del club. Y a la vez una responsabilidad. Yo tenía unos cuantos regionales pero también los tenían el “Tuli” Cantón o el “Tiri” Racich, y otros jugadores importantes que se sumaron. Teníamos la experiencia de venir jugando juntos por varios años, con otras camisetas, por lo que no fue difícil ser capitán. Yo no tenía la voz de mando, había una amistad de por medio, era algo normal”.
Sobre la final con el equipo mendocino, recordó el error arbitral que llevó la definición a un suplementario: “Me cobran un penal que era afuera del área. Yo era de tener carácter y le discutí a morir al línea, pero no hubo nada que hacer. Cuando fuimos al sorteo en el alargue me volví a reunir con la terna y les dije de vuelta. Al final el juez de línea no se había animado a decir que fue afuera del área. Y me pedía disculpas…”
El gol “de oro” de Roberto Clérico liberó el festejo contenido, que tuvo otra vez como escenario la cancha de Rivadavia, al igual que la alegría de Estación 12 años antes. “Fuimos creciendo a medida que fue avanzando el campeonato. Se formó un equipo fuerte, el barrio apoyó un montón y la comisión del club tenía 6 o 7 tractores como dirigentes trabajando, fue un conjunto de cosas hermosas, unos años muy especiales para mi”, afirmó Portugal.
Osvaldo Ammitrano
El recorrido de capitanes termina en 1998. Volvemos al Piso de Deportes, pero sin aros. El voley, sorprendentemente, es ahora quien abarrota las tribunas. Y sin cinta en el brazo, pero con la camiseta número 8 “subrayada” que lo marcó siempre, Osvaldo “Pepino” Ammitrano es el referente de esos “pibes” que harían historia en la Liga Nacional y llegarían al podio sudamericano.
Pero el camino de Luz y Fuerza empezó dos años antes, en la formación y el ascenso. Y Ammitrano lo destaca: “Recuerdo la expectativa de tener una prueba para sumarme. Yo estaba jugando en Tandil y cuando llegó Jorge (Bellendier) comenzó a buscar jugadores y perfilar el equipo. Que me ponga de capitán me dio un plus en el espíritu del compromiso. Estaban los mejores juveniles del país, que había traído Jorge, y me tocó ser el más grande, con 6 o 7 años de diferencia, pero pude tener afinidad con el resto”.
Ya en la etapa consagratoria, con un plantel con aspiraciones, recordó su rol con satisfacción: “Después de una serie de derrotas, Jorge, enojado, estuvo 15 días sin hablarle a ninguno. Salvo conmigo. El grupo reaccionó, ganó y ahí de desencadenó todo lo que vino después. Hay cosas que marcan a los grupos. Yo era una especie de filtro entre ellos y el entrenador. Y el grupo siempre me respaldó”. Y en las finales frente al favorito Ferro Carril Oeste, Ammitrano resalta que aquello fue la clave: “La diferencia era que ellos eran cuatro individualidades, con dos grandes (Hugo Conte y Waldo Kantor), pero nosotros tenían un corazón de equipo, algo que en cualquier deporte es lo más difícil de conseguir”.
“Tuve la surte de ser capitán en todos los equipos que jugué, acá y afuera, y siempre me marcó algo que me dijo un entrenador: ‘Podes tener diferencias conmigo. Venis y me las planetas, pero dentro del grupo no armes quilombo’. Las discusiones tienen que se afuera, no dentro del grupo. El plantel tiene que estar siempre en positivo y el capitán está disconforme, debe hablarlo con el DT, independientemente del grupo. Para mi es una de las cosas que debe tener un buen capitán”.///