Cumplir sueños lejos del potrero
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Surgido como futbolista en la Escuela Cruz, Sergio Egea se hizo un nombre como profesional en España y construyó una respetada carrera como entrenador
Hacía 6 años que no visitaba nuestra ciudad, pero se sigue alimentando del perpetuo cariño de esos compañeros de la infancia y la familia que lo llevó a amar el fútbol. Sergio Egea hace 40 años que dejó su patria para hacerse primero un nombre como jugador profesional en España y luego construir una respetada carrera como entrenador. Por eso sus palabras suenan medidas, sin estridencias latinas, con la calma que le da la experiencia ante los micrófonos, despojadas del voseo. Formado en una escuela de técnicos europeos aunque sin perder el calor de la pasión argentina por la pelota.
Hoy con 60 años de edad, viene de trabajar como directivo y con un breve paso como entrenador interino en Los Pumas de la UNAM, en México, país donde por casi una década fue ayudante técnico de Hugo Sánchez, una de las tantas figuras del fútbol con la que se ha relacionado a lo largo de su carrera.
Su vida pasa por la pelota y se siente un privilegiado: “Jugar al fútbol es único. Soy un loco del fútbol y he peleado siempre por lo que me gusta”, tira Egea en la charla entre muchas frases que lo pintan. Y por eso cuando una lesión le frenó su carrera de jugador a los 33 años, eligió ser técnico para no alejarse: “Era seguir vinculado con el fútbol”. En medio de un pequeño impasse en su carrera, quiere recuperar esa sensación. “Quiero volver a la cancha. Por eso he venido, es lo que más me gusta”. Y sobre las posibilidades de conseguir nuevo equipo reconoció que “en Argentina no tengo cartel. Acá se mueve mucho por nombre. Dirigir en Argentina sería un master. Por las canchas, el entorno, los barrabravas, el periodismo. No creo que se pueda dar. No porque no me falte currículum”. China, México o España son sus opciones.
Cruz, una escuela
Egea sabe que en la Argentina, y porqué no también para muchos aquí en el distrito, él es un desconocido. Como jugador su historia ni siquiera nació en un club de la Liga Necochea, sino en la recordada y desaparecida Escuela Cruz. “Empecé con Abel Coria, Luis Prieto, Zuqui, Simonetti, Carlos Chiacchio, una camada muy linda. El señor (Raúl “Nito”) Cruz hizo un trabajo bárbaro. El señor Cruz me aportó ser derecho, honrado… tener responsabilidad. Iba a las 14 en el colectivo verde creo y salíamos a las 19. Era un disfrute. Viajamos a jugar a Córdoba, a Buenos Aires. Nos inculcó una excelente disciplina. Me formó en esos dos o tres años que estuve y le estoy agradecido al señor Cruz por todo lo que me aportó”.
De la Escuela Cruz, junto a varios compañeros, recaló a los 15 años en las inferiores de Estudiantes de La Plata, donde llegó a la Primera, compartiendo vestuario con José Luis Brown, Miguel Angel Russo o Patricio Hernández, entre otros, y bajo las órdenes de Carlos Bilardo. “Muy exigente”, recordó.
Al Mundo
Pero el fútbol tendría preparado un cambio notable para su carrera en 1976. “A los 20 años no me renovaron el primer contrato. Tenía adelante a laterales izquierdos muy competitivos y nos fuimos siete (jugadores) a Johannesburgo, a Sudáfrica. Allí pasé tres años bárbaros”, resaltó respecto de su juego en el Lusitano FC, a donde llegó por interés de un entrenador chileno, aunque no dejó de lado las sensaciones de vivir en pleno apartheid: “Todo te sorprende. Cuando haces diferencias sociales, te pega. 5.000 blancos dominaban a 15.000 de color. Cines y baños separados y a las 21 la persona de color no podía estar más en la ciudad y tenía que irse a sus barrios. Yo no hacía diferencia, pero tenías que estar escondido o tener cuidado”. Sobre su propia experiencia y elogiando al futbolista nacional en el mercado de pases destacó que “el argentino siempre se adapta muy bien. A la nieve, la selva, la montaña, la altura, es el futbolista que mejor se adapta en el mundo, mentalmente. En todas partes del mundo nos quieren”.
La puerta de España
Y con esa misma premisa al parecer se le abrieron las puertas de España, en una época donde Europa no recibía tantos jugadores extranjeros como hoy en día. “Estando en Sudáfrica un inmigrante canario, que era fanático del fútbol era hincha de nosotros y me dijo de probarme a Las Palmas. Yo tenía la doble nacionalidad, pero no quedé. Se permitían tres extranjeros y en 1979 Las Palmas tenía ya tenía a Carnevali, Brindisi y Morete. Pero me recomiendan al Hércules de Alicante (en Segunda División) donde a los sudamericanos nos tenían muy bien vistos. Allí pasó “Cacho” Saccardi, Santoro y Comizzo”. Esa fue su primera escala en el fútbol español, donde completaría una destacada trayectoria pasando por el Hércules, Elche y el Recreativo de Huelva.
Trasmitir
“Me retiré a los 33 años por un problema en la rodilla, sino hubiera seguido. Me hice entrenador pero ni se me había ocurrido. Cuando estaba en el Recreativo de Huelva, el DT Aranguren, un gran tipo, me dice que tenía una cualidad de trasmitir. Yo jugaba y era una radio, estaba constantemente hablando, en lo táctico ubicando a la gente. Me dijo porqué no hacía el curso y empecé gracias a que él me dijo. La carrera no fue fácil, no tenía un nombre como jugador. Y cuando tenés nombre la entrada es más fácil. Yo era un jugador normal y para llegar a (DT) profesional tuve que ganar campeonatos, era la única manera de que se pudieran fijar en mí”. Sobre su carrera, valoró que “sólo me falta entrenar en Primera en España. Lo he hecho en todas las divisiones. En cadetes y juveniles en el Hércules, en Primera Regional con el Sax, en Tercera con el Pinoso, en Segunda B con el Eldense y el Oviedo, y en Segunda A con el Oviedo, el Real Madrid B y Toledo”.
“Los futbolistas tiene mucho ego”
Con el Oviedo, al que ascendió a Segunda A tras 12 años, estuvo muy cerca de lograr también el ascenso a Primera en 2016, pero dimitió por problemas con el plantel: “Tuve una discusión con dos o tres jugadores importantes y decidí renunciar. Estábamos para subir. Era una posibilidad. Pero bueno, me apresuré, perdí un privilegio. Llevaba dos años muy buenos, con triunfos y logros. Pero los futbolistas tienen mucho ego. Aparece el egoísmo en un juego colectivo. El titular está contento y el suplente no te quiere, te dice que el estás truncando la carrera. Tenés que poner 11 y tenerlo muy claro porque sino se te suben por la espalda”.
Hugo Sánchez
A lo largo de su carrera, Egea forjó una amistad y una notable sociedad de trabajo con el mexicano Hugo Sánchez, recordado goleador del Real Madrid. Lo conoció en su paso por el Real Madrid B, a mediados de los años 90. “Hugo venía a ver el equipo y me preguntaba como trabajábamos. Nada fuera de lo común. Nosotros entrenábamos aparte del plantel principal que dirigía Jorge Valdano y que fue campeón. Siempre atentos por si necesitaban algún jugador y subirlo”. En el Real Madrid B vio nacer futbolísticamente a Raúl y a Guti, jugadores que luego brillaron en Primera.
“Años después cuando Hugo Sánchez quiere ser entrenador, buscaba un auxiliar que no fuera mexicano. Hizo casting pero nadie le llenaba. Hasta que Ramón Martínez, actual gerente del Real Madrid, le recomendó que se reuniera conmigo. Y pasé la prueba, parece que le llené en la conversación. Yo estaba seguro de mí. Sabía que iba de auxiliar. Estuvimos 10 años juntos trabajando y ganamos seis títulos y fuimos bicampeones con Los Pumas de la UNAM”, recordó, además de un paso por la selección mexicana.
“No hice dinero con el fútbol”
Más allá de tantos años en Europa, Egea se define como “un hombre de campo, de Defferrari. Tuve una infancia increíble. Y gracias a mi tío Horacio Rueda, él me educó y me inculcó el fútbol. Es un loco por el fútbol y una persona muy importante para mi”. En su amplia trayectoria advirtió que “yo no hice dinero con el fútbol” y recordó que en el ascenso en España “había que trabajar de las 7 a 17 en una empresa privada y después a las 20 me iba a dirigir. Había que trabajar en cosas que no estaban relacionadas con el fútbol para mantener a mi familia. Todo por ese sueño”.
Desde su época dentro de la cancha, a este presente como entrenador, el jugador de fútbol ha ganado un protagonismo particular, en el club, los negocios y la sociedad. Para Egea, claramente, “los técnicos hemos perdido autoridad. El futbolista ha crecido mucho en lo mediático y hace que no vaya caminando por el suelo sino por el aire. Y a veces su cultura no lo ayuda a analizar qué está bien o qué está mal. Y también los directivos nos han quitado mucho (a los técnicos). Ellos también tienen su protagonismo. Se ha metido en el fútbol mucha gente que económicamente está bien y creen que porque en sus empresas han sido triunfadores, lo quieren lograr con el fútbol y es distinto. Siempre digo que en el fútbol debe estar gente del fútbol. Gente con vestuario, es otra estirpe, otra especie”. Y en ese sentido valoró al futbolista por sobre los entrenadores: “Si ponés a cada uno en su lugar… la idea, la gestión es importante, pero para mi siempre lo son más los jugadores. Estoy siempre a la sombra. Primero el jugador. Cuando he trabajado con grandes futbolistas, los resultados se han visto”.
