“Damas de rosa”, el grupo a punto de extinguirse
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2018/08/rosa13.jpg)
Hace 30 años llegaron a ser 40 integrantes, hoy sólo hay tres. Una tarea al servicio de los demás
El Servicio de Voluntarias “Damas de rosa” del Hospital Municipal “Dr. Emilio Ferreyra” se encuentra en un momento crítico ya que está a punto de extinguirse, dado que sólo quedan tres integrantes, cuando supo haber hasta 40 mujeres. Se trata de un grupo de voluntarias que brinda su tiempo y esfuerzo en beneficio de aquellos que están internados en dicho hospital.
Actualmente, Ana María Sarricchio, da muestra de una gran vocación de servicio y colabora en el sector de Ecografías.
Ana María recordó en diálogo con Ecos Diarios que antes eran fáciles de identificar porque vestían guardapolvos de color rosa, de allí el nombre por el que todos las conocían.
Inclusive también había voluntarias a domicilio que eran las que en su casa cosían tanto ajuares para bebes como los equipos completos para los médicos y enfermeras de cirugía.
Al momento de recordar algunas de las señoras que formaron parte del grupo de voluntarias se mencionó a Chitita M. de Guridi, Mabel Steffen, Marta Novara, Norma Nicolosi, Magdalena “Pirucha” Zorzi, Yeyi Giménez, Lucia Capurso, Beba Zencker, Ilda Nicora, Elda Ignacio, Liliana Nocetti, Shelly Depierro, Matilde Lembi, Amalia Jurado, Olga Tomasini, Quica Gold, Olga Fernández, Alicia Coletto, Elba Paulich, Teresa Alcaraz, Ana Arrospide, Nélida Di Marco y Maria Reynoso.
Además de Elizabeth Herrera, Teresa Langue, Graciela Fontana, Graciela Tugores, Nélida Alberti, Ruth Pierrastegui, Ana Julia Pieres, Marta Saab, Tato Abadie, Clara L. de Ferrazzini, María A. de Faidella, entre otras
Ellas se dividían en turno mañana y tarde de lunes a viernes, contando con coordinadoras. “Un grupo concurría todas las tardes al hospital visitando a los enfermos, les llevaban revistas, los escuchaban sus angustias y solucionaban problemas que los pacientes por si solos no podían hacerlo”, mencionó Ana.
El otro cuerpo, concurría de mañana y recorría los consultorios externos. Las damas de rosa siempre tuvieron la finalidad de colaborar con los médicos y secundar a las enfermeras pero sin que ello sea un impedimento de atender los requerimientos de los pacientes.
Pero por sobre todo, las “damas de rosa” se caracterizó por brindar calor humano, contención, optimismo y amor.
Para formar parte de este grupo Ana María aseguró que “se requiere ser obediente, tener ganas de hacer las cosas y de adaptarse a lo que hay que hacer”.
Antes, las interesadas eran instruidas durante dos días en reuniones donde se les indicaba cómo arreglarse, cómo actuar, se les advertía no hacer ostentaciones y ser sobrias.
La reunión mensual que tenían, la hacían en la casa de alguna integrante y durante un tiempo también la hicieron en el Centro Cultural.
“Flores de vida”
Las integrantes del grupo también hacían colectas en la puerta de la Galería Central, o en algún supermercado para recaudar fondos para el hospital.
Aunque, “Flores de vida”, fue la idea para conseguir aportes en efectivo para el hospital municipal.
“En lugar de enviar ofrendas florales a las amistades o familiares de personas fallecidas, se hace ese aporte a “Flores de vida””, explicó Ana María.
Aunque la realidad es que ya es una tradición que se ha perdido en el tiempo. Antes era común que las empresas llamaran para colaborar cuando fallecía una persona reconocida, pero eso ya no sucede.
Ese dinero que recaudaban lo destinaban a donaciones útiles para el hospital, como teléfonos intercomunicadores, bazar para pediatría, carro de cirugía, toallas y géneros, planchas, biombos, equipos toalleros, escritorios de fórmica, linternas de pediatría, estetoscopio de pediatría, remodelador de neurología para pediatría, bañaderas para maternidad, etc.
Una de las voluntarias que formó parte del grupo durante muchos años fue Magdalena “Pirucha” Zorzi quien recordó que los inicios del grupo fue en noviembre de 1983.
“Estoy desde que se fundó y pasaron muchas mujeres, había muchas amigas nuestras y al principio comenzamos por las salas y luego estuve en Pediatría con Elda (Ignacio)”.
Asimismo, destacó que “lo hacíamos contentas, con todo cariño, inclusive pertenecíamos a distintos niveles sociales, y los familiares de los internados se mostraron agradecidos con nuestra labor”.
Por su parte, Ana María Sarricchio, empezó en abril de 1992 y hasta el día de hoy continúa yendo porque es algo que le gusta y lo hace con mucho amor y entrega, a pesar de tener artritis rematoidea y tener grandes dolores, se levanta y va igual. “A mi me encanta, me hace bien y al mismo tiempo hacemos bien a otros”, señaló.
Ella expresó que “para ser una dama rosada, es necesario tener ganas y tiempo disponible. Uno debe hacerse tiempo, es decir, en el servicio no se imponen días, sino que cada una decide de acuerdo a sus actividades, cuando puede venir”.
De sus comienzos recordó que se capacitó para realizar su trabajo. “Aprendí las responsabilidad que tenemos las voluntarias y de lo que podemos y no hacer”, dijo.
Al momento de opinar sobre la situación actual del grupo se lamentó “somos muy pocas y necesitamos que se sume gente al grupo para que no desaparezca”. Las interesadas pueden comunicarse al teléfono 43-0517. ///