Daño que no se repara
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Acentuando un retraso en su accionar que ya lleva casi un año, el área de Obras Sanitarias de la Municipalidad sigue sin resolver la pérdida de materia fecal y otros elementos desde el caño subfluvial cloacal que atraviesa el río Quequén, en inmediaciones del Club de Vela Vito Dumas.
Ecos Diarios ha seguido de cerca el proceso de este nuevo arreglo del conducto que se instalara en 1981 para transportar de Necochea a Quequén los residuos cloacales y que ya ha cumplido su ciclo útil, más allá de los parches que de vez en tanto hay que hacerle, para que perdure.
Y por cierto tal empresa no ha sido de lo mejor, en una mezcla de falta fondos, capacidad y negligencia que ha mostrado el municipio para dar una solución.
La rotura del caño, denunciada a principios de año por integrantes de la agrupación ambientalista Sufrider, cuando los desechos empezaron a aflorar hacia la superficie, encontró como respuesta de parte de Obras Sanitarias una reiterada promesa de elaborar las piezas necesarias para recubrir las fisuras producidas en el caño desde las cuales se originaban las pérdidas.
Luego llegaron las negociaciones con Prefectura Naval Argentina, para que colaborara con su cuerpo de buzos, que recién el pasado 20 de septiembre iniciaron la tarea, primero procediendo a limpiar a fondo el caño y luego colocando los tramos de fibra de vidrio, unidos con tornillos y bulones, que han intentado sellar el conducto.
Y decimos que han intentado, porque aún resta construir un tramo de caño de cien centímetros, para completar el tramo de 10 metros que había que reparar, ya que el que se hizo no resistió la presión del agua y hubo que retirarlo a las 12 horas de colocado. Esto sigue demorando y ha hecho que desde hace más de un mes los trabajos estén frenados.
Los habitúes concurrentes al lugar, donde practican deportes náuticos o simplemente disfrutan del paisaje, dan cuenta que si bien la materia fecal y otros desperdicios ya no afloran a la superficie, lo que atribuyen a que al tener varias roturas el caño no cuenta con la suficiente presión como para hacerlos emerger, la misma se mantiene flotando a mediagua y sobre el lecho, generando un olor nauseabundo.
Ambientalistas se mantienen alertas, preocupados por lo que describen que es una “contaminación creciente” y si no surge una solución rápida por parte de la comuna, evalúan hacer una denuncia o demanda judicial.
El problema se agudiza porque ha ido creciendo la cantidad de concurrentes al río, sobre todo fuera de la época de verano, a la vez que desde el Gobierno se ha hablado de un proyecto de empezar a construir especie de balnearios en la ribera del Quequén.
Va de suyo que hay que resolver el tema de una buena vez. Algo que debería ser una cuestión nimia para una gestión municipal, pero que por la marcada quietud de algunas dependencias, en este caso Obras sanitarias, sigue sin solucionarse.
Como esperanza de fondo, ya que no terminan de cuajar las diversas gestiones ante la provincia, se sigue aguardando la obra de la construcción de la nueva planta de tratamiento de residuos cloacales, en la zona de Punta Carballido de la costa quequenense, que comprende el remplazo del caño en cuestión.///