Dar para recibir: lo que significa ser una “familia solidaria”
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Daniel Boldrini y Andrea Steffen desde hace casi un año reciben en su hogar a niños que son separados de sus padres biológicos en forma transitoria, a partir de un programa de protección de la infancia
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“Es más lo que recibimos que lo que damos”, repitieron una y otra vez Andrea Steffen y Daniel Boldrini, quienes junto a sus hijos, son una de las pocas “familias solidarias” de la ciudad que reciben en su casa a niños o adolescentes que fueron separados de sus padres biológicos en forma transitoria, a partir de una medida de abrigo.
Ellos cumplen la función mamá y papá para esos chicos por un tiempo, con todo lo que esto significa: darles de comer, llevarlos a la escuela y a los controles médicos, cuidarlos, pero también contenerlos, ponerles límites, ayudarlos, entretenerlos y brindarles amor.
Esta tarea comunitaria la hacen a través de un programa llamado “Familias solidarias” que, en nuestra ciudad, es coordinado por el Servicio Local de Promoción y Protección de los Derechos del Niño, pero que funciona en todo el país. El objetivo es el cuidado transitorio, no institucional, de un niño por parte de una familia, con la que éste no presente vínculo de parentesco o afectivo. Se trata de una alternativa de convivencia provisoria que permite durante ese lapso trabajar en la familia de origen las distintas problemáticas y remover los obstáculos que generaron la separación del niño, con la intención de que éste pueda regresar en el menor tiempo posible a su hogar. En general, las medidas de abrigo se toman en casos de violencia, maltrato, situaciones de abandono o abuso.
Si bien hace algunos años que funciona, en Necochea son sólo cuatro familias las que forman parte del programa, pese a la demanda que existe de este tipo de servicios.
Ante la falta de hogares de tránsito, ya que hay uno solo en la ciudad y está completo, buscan sumar más familias que se animen a abrir las puertas de sus hogares para recibir mucho más de lo que van a dar.
Una experiencia enriquecedora
Hace un año y medio que la familia Boldrini decidió inscribirse en el registro de “Familias solidarias” y, en menos de un año, ya han recibido siete chicos en su hogar, de diferentes edades y con distintas problemáticas.
Tras leer un artículo en Ecos Diarios sobre el hogar de tránsito Preciosa Semilla, decidieron visitarlo y ahí se enteraron de la existencia del programa. Averiguaron en qué consistía y si cumplían los requisitos. Una vez que estuvieron decididos, lo pusieron a consideración de toda la familia.
Daniel y Andrea tienen cuatro hijos: Florencia de 31 años, Agustín de 28, Lucila de 27 y Matías de 23. Los dos más grandes ya no viven en la casa familiar e incluso tampoco en la ciudad, la hija del medio está temporariamente mientras arregla su casa, mientras que el más chico es el único que aún vive con sus padres. Sin embargo, a la hora de tomar la decisión, según Boldrini, “todos votaron”.
“Esta es una decisión familiar, no puede ser tomada por un solo miembro de la familia, sino que todos tienen que estar de acuerdo porque todos nos complementamos”, explicó Andrea, recordando que una de sus hijas, al principio, no estuvo tan de acuerdo, pero hoy no duda de que fue la mejor decisión que pudieron haber tomado.
En total, han recibido siete niños y, en alguna oportunidad, dos al mismo tiempo. En algunos casos por varios meses y en otros, hasta por dos o tres días.
“Una vez que entran en mi casa son parte de mi familia, vamos y venimos todos juntos”, señaló Andrea, mientras que Daniel agregó: “A veces muchos creen que es complejo, pero en sí es como criar a nuestros hijos; se presentan problemas pero como pasa en la vida porque nada es perfecto”.
En este sentido, agregaron que “poner límites y explicarles por qué no, a veces es difícil, pero como también lo fue en su momento con nuestros hijos”.
“Son chicos muy pequeños que tienen una madurez increíble por todo lo que les ha tocado vivir, en algunos casos están solos en el mundo o en otros, en vías de solucionar su problema familiar y nosotros los acompañamos para que resuelvan esa situación”, explicó Boldrini.
Según contaron en algunos casos, con permitirles disfrutar lo que es una familia, alcanza para darles un poco de felicidad. Con pequeños gestos que, quizás, nunca los han vivido, en poco tiempo se genera un vínculo fuerte entre ese niño y esa familia cuidadora. Prepararles el desayuno, compartir un almuerzo en familia, ir a verlos a un acto escolar o simplemente un beso antes de dormir, son pequeños detalles que cobran un valor enorme.
Si bien Andrea y Daniel saben que están haciendo una tarea solidaria para hacerle el bien a otros, están convencidos, después de todo lo que han vivido, que son ellos los que han aprendido, los que se sienten reconfortados, y no dudan en asegurar que reciben mucho más de lo que dan.
“Yo estoy tan agradecida a Dios por la familia que me ha dado, estoy tan agradecida a la vida que es un poco devolver algo de eso”, dijo Andrea con lágrimas en los ojos. Sin embargo, expresó: “Es tanto lo que recibimos de esos chicos, lo que aprendemos, es como crecer con ellos”.
Para Daniel, las experiencias son reconfortantes y recordó que hace unos días una niña que tuvieron en su casa pidió de verlos, al igual que dos hermanitos a los que fueron a visitar a su propio hogar. Es que el vínculo no se termina con el cumplimiento de la medida de abrigo sino que, en algunos casos, las familias solidarias y los niños “abrigados” siguen en contacto por años.
Tal es así que una familia de nuestra ciudad que albergó a un adolescente hace unos años, hoy pese a que el joven es mayor de edad, lo siguen acompañando en su proyecto personal porque la idea es que el niño amplíe los vínculos y sume referentes a su vida.
El momento en que los chicos deben regresar a su familia de origen, a veces puede ser doloroso por el vínculo que se genera. Sin embargo Andrea, como ella misma dice, sabe cuál es su misión. “El hecho de haber podido darles un poco de felicidad para mí ya está; por supuesto que uno crea un vínculo de amor y llegas a quererlos, pero cuando ves que ellos se reincorporan a sus familias y están bien, decís: misión cumplida”.
El matrimonio instó a todo el que pueda hacer “un lugarcito en su casa” a que lo haga. “El momento es ya, porque los chicos nos necesitan hoy”, insistieron.
La medida de abrigo
Los casos de niños con sus derechos vulnerados llegan al Servicio Local de Promoción y Protección de los Derechos del Niño, a través de la escuela, la Justicia, los centros de salud, entre otros organismos que trabajan con la niñez. Cuando es necesario, y como última instancia, el Servicio decide una medida de abrigo para proteger a ese niño por un determinado tiempo, mientras se resuelve el problema en su familia de origen.
Esta medida de abrigo contempla la separación excepcional de un niño por un plazo máximo de 180 días. Puede ejecutarse en una institución oficial como, por ejemplo, un hogar de tránsito, o en la familia ampliada, con la que el niño está vinculado por línea de parentesco, consanguinidad o afinidad.
Pero en algunos casos se presenta como realidad del niño o adolescente, la ausencia de familiares (abuelos, tíos o hermanos mayores de edad) con los cuáles pueda ejecutarse dicha medida administrativa, ya sea porque simplemente no existen, o porque estando, no aceptan el compromiso de recibir en sus hogares al niño beneficiario de la medida. Esto que parece casi imposible, suele darse a menudo en nuestro distrito y es a partir de esta situación que surgen las “Familias solidarias”.
La abogada Laura Carnicero y la psicóloga Martina Urruty, son dos de las referentes del Servicio Local de Promoción y Protección de los Derechos del Niño, organismo que depende de la Municipalidad y que coordina el programa de familias cuidadoras. Desde allí se toman las medidas de abrigo y se trabaja para revertir la situación inicial en la familia de origen, lo que se denomina “remover los obstáculos” que puede ser, por ejemplo, en casos de violencia familiar, excluir al agresor de la casa.
“Se trabajan estos obstáculos en la familia y pasado determinado tiempo se hace una evaluación para ver si estamos en condiciones de reintegrar el niño a la familia de origen”, explicó Laura Carnicero, detallando que a veces esto no es posible y ahí debe tomar intervención el Juzgado de Familia para que el menor ingrese en el circuito de adopción que nada tiene que ver con el programa “Familias solidarias”. No obstante, en la mayoría de los casos, los pequeños retornan a sus hogares.
En este aspecto, Martina Urruty agregó que uno de los requisitos para ser parte del programa “Familias solidarias” es justamente no figurar en el registro de adopción porque lo que se quiere evitar a toda costa es que la motivación sea aspirar a quedarse con estos chicos.
Requisitos para sumarse
Entre los requisitos para ser parte del programa, se pide: no estar inscriptos en el registro de adoptantes, no tener antecedentes penales, no figurar en el registro de deudores de alimentos por hijos propios y tener cierta seguridad económica para poder satisfacer las necesidades básicas de los chicos, ya que se trata de un trabajo voluntario.
Se puede recibir niños o adolescentes de 0 a 18 años, pero la familia cuidadora puede establecer chicos de qué edades prefiere, teniendo en cuenta su organización familiar. Cabe destacar que cuando se habla de familia, la propuesta se refiere a un concepto amplio, es decir, no necesariamente tiene que haber un padre y una madre, sino que puede ser una mujer sola con sus hijos, dos mujeres u otras personas adultas con distinto parentesco.
Para formar parte del programa, se hace una evaluación general y una entrevista para conocer a los miembros de toda la familia. Una vez que están inscriptos, y aparece un caso, se trabaja con ellos la problemática, para ver si están en condiciones de aceptar o no al niño. “A veces son situaciones que se dan por unos días o a veces es cuestión de meses”, se explicó desde el Servicio Local. De todas maneras, aclararon que los profesionales del organismo siempre están disponibles para cualquier consulta, duda o problema que surja.
En algunos casos, se trabaja también con familias de apoyo. Por ejemplo, hubo un caso de una familia que recibió una nena muy chiquita que requería mucha atención y entonces otro grupo familiar colaboró desde afuera en el cuidado de la pequeña.
Siempre hay interés por formar parte del programa “Familias solidarias”, aunque no es fácil concretar la inscripción, ya que a veces por miedo o desconocimiento cuesta asumir el compromiso. Quienes estén interesados en abrir las puertas de sus casas, pueden acercarse de lunes a viernes por la mañana al Servicio Local de Promoción y Protección de los Derechos del Niño, que funciona en calle 54 Nº 2942, para sacarse todas las dudas.