Acompañar a más de un centenar de chicos en Quequén
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La asociación civil “Juntos por los Niños” trabaja todos los fines de semana, desde hace más de una década
Las instituciones intermedias brindan a la comunidad una importantísima ayuda que cursa un camino paralelo al de las gestiones que pueden hacerse desde ámbitos políticos. Las ayudas pueden ser en aspectos culturales, educativos, deportivos o de salud, por ejemplo.
Entre las que tienen que ver con la salud y el cuidado de las personas, es donde más se nota la solidaridad. Entre ellas ellas hay comedores y merenderos, de los cuales en Necochea y Quequén existen varios que han logrado subsistir pese a las dificultades y desafíos económicos.
Entre ellos está la asociación civil “Juntos por los niños”, que tiene su sede en el barrio 6 Esquinas de Quequén y que brinda contención a niños de ese punto de la ciudad como así también de sus alrededores.
La institución que cumple el rol de merendero trabaja desde hace más de una década, con la ayuda de donaciones y sobre todo con el esmero de sus colaboradores, entre los que se destaca su titular, María Esther Bravo.
Si bien es cierto que el número va variando mes a mes e incluso semana a semana, en términos generales el merendero recibe los sábados y domingos a más de un centenar de chicos. El resto de la semana, cuentan con el comedor de los colegios.
El espacio funciona concretamente en 523 al 1245.
Noble labor
“Hace más de doce años que estoy trabajando acá. Hicimos una asociación civil sin fines de lucro entre todos los vecinos porque veíamos que los chiquitos eran muy pequeñitos y andaban en la calle sin tomar la leche, no tenían zapatillas ni abrigo”, Contó María Esther Bravo, que es oriunda de Lobería y que a sus 61 años brinda su propia casa para que 130 chicos no se queden sin su merienda los fines de semana.
Para recaudar fondos y poder comprar alimentos, empezaron haciendo distintas rifas, contando también con la ayuda de una iglesia cercana. “Yo estaba muy solita y no sabía qué hacer con mi tiempo, así que el pastor de la iglesia me dijo que podría tenerles la leche y las torta fritas listas a los chicos cuando salían del colegio. Me dijo que me lleve ropa y zapatillas para ir dándole también y ese fue el origen de todo esto. Después nos enfocamos en los fines de semana que es cuando no trabaja la escuela”, contó.
Con el tiempo lograron hacer un ropero comunitario para tener para todos los chicos de los alrededores que necesitaran y empezar a hacer talleres. “Primero arrancamos con unos quince chicos, con una mesa chiquita. Después una mujer nos regaló una más grande y empezamos a tener 20, 30, 40 chicos…así hasta los 130 que tenemos hoy. Mentiría si dijera que estoy sola en esto porque vienen muchas madres a ayudar, somos la mayoría mujeres grandes”, señaló.
Ampliación
Hoy en día, la institución se está enfocando en hacer una ampliación en el terreno de Esther, dado que son muchos los chicos que asisten al lugar. Para ello, han recibido donaciones de materiales de construcción de distintas entidades y empresas, como así también de vecinos particulares, aunque ahora resta la mano de obra.
“La gente me empezó a regalar cosas y de a poquito lo fuimos agrandando. Ya hicimos un lugar re grande en el fondo del terreno y solamente falta que alguien venga a ponernos el techo”, dijo.
En el último tiempo también lograron hacer una cancha de fútbol y está en los planes poder comprar un trofeo y pelotas para poder hacer un campeonato en el que participen todos los niños que van al merendero.
Además, destacó que siempre “todos los gobiernos municipales y provinciales nos han ayudado. Ahora tengo guardapolvos y mochilas para regalarle a todos los chicos. Yo no tengo nada malo que decir de ningún gobierno porque todos nos han ayudado”. “A mí no me importa de donde vengan a pedir, yo le doy a todos”, manifestó Bravo.///