De escritores y libros entre la historia, el olvido y la ficción
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2021/08/Mirada-1.jpg)
Si bien el distrito no cuenta con plumas célebres, hay una larga tradición literaria surgida incluso antes de la fundación de la ciudad. Necochea asoma como paisaje de grandes aventuras, historias pueblerinas y personajes memorables
Tandil y Mar del Plata siempre se han disputado a Osvaldo Soriano. Adolfo Gonzales Chaves tiene a Juan Sasturain. Coronel Pringles a César Aira. Sin embargo, Necochea nunca tuvo un escritor que haya ingresado al exclusivo círculo de los Best Sellers, aunque muchos creen que uno de los “escritores malditos” de la literatura argentina nació o al menos vivió su infancia y adolescencia aquí.
Aunque Necochea en los últimos años logró exportar gran cantidad de músicos, en especial de jazz, tuvo y tiene actores de renombre nacional e incluso artistas plásticos, la literatura siempre fue una actividad más bien silenciosa en la ciudad.
Hoy muchos de los más trascendentes escritores de la ciudad se encuentran prácticamente en el olvido.
Algunos de ellos han sido recuperados por la Biblioteca de Autores Locales, que el viernes reabrió sus puertas en un local de calle 54 al 2900. Allí, mediante un exhaustivo trabajo de recopilación desarrollado por un grupo encabezado por Arturo Serrano, se ha logrado recopilar gran parte de los textos escritos en la ciudad desde finales del siglo XIX hasta la fecha.
Paisaje literario
La relación de la escritura con estas tierras ubicadas a orillas del Quequén parece comenzar mucho antes de que incluso existieran habitantes. Allá por la mitad del siglo XVIII un empecinado jesuita partió desde lo que hoy es la zona de Sierra de los Padres, en el Partido de General Pueyrredón, con la misión de evangelizar a los aborígenes de la región.
José Cardiel fue el primero que dejó registro escrito de su paso por el actual partido de Necochea. El 6 de mayo de 1748 partió en la arriesgada misión acompañado por un grupo de indios que le servían de portadores. Una semana después bordeó el Río Quequén Chico y cruzó el Quequén Grande por el lugar conocido como Paso de Otero. Allí se detuvo a descansar y concretaron la primera misa el 13 de mayo.
Al día siguiente llegó al lugar que los indios conocían como el País del Diablo y abandonado por el baqueano y el lenguaraz, inició el regreso a otros religiosos por la playa.
Fue así que el 25 de mayo de 1748, Cardiel celebró una misa en Punta Negra y al día siguiente llegó hasta la orilla del río que había nombrado San José y lo cruzó a pie, rumbo a la reducción del pilar.
Cardiel dejó escritas todas esas experiencias en el libro «Las misiones del Paraguay» y se convirtió en uno de los principales autores a consultar a la hora de estudiar la obra de la Compañía de Jesús en América del Sur.
Un siglo más tarde, un desafortunado francés también inició un largo peregrinar en esta región. Auguste Guinnard había llegado a América en 1855. Tenía entonces 24 años y creía que lo aprendido en su país, en el rubro de las exportaciones, le permitiría ganar dinero y podría así ayudar a su madre, que vivía en la pobreza.
Pero no tuvo suerte en Montevideo, primera ciudad americana en la que intentó ejercer su profesión y cruzó el Río de la Plata hacia Buenos Aires. Un año más tarde, se encontraba al borde de la miseria y buscaba desesperado algún trabajo que le permitiera subsistir en los campos ubicados junto al río Quequén.
Precisamente la desesperación, fue la que lo llevó a tomar una decisión temeraria y por poco suicida: iniciar un viaje a pie a Rosario, a través del campo y con la única compañía de un viajero italiano tan joven e inexperto como él.
El desastre no tardó en suceder, los dos jóvenes se perdieron y sólo Guinnard sobrevivió, pero su vida se convirtió en un calvario, ya que fue capturado por los aborígenes. La experiencia dio lugar al libro “Tres años de esclavitud entre los patagones (relato de mi cautiverio)”.
Otro personaje “literario” que recorrió el desolado paisaje del partido de Necochea en el siglo XIX fue Pascual Felipe Pacheco, que a través de la pluma del periodista Eduardo Gutiérrez se transformó en “El Tigre del Quequén”.
Mucho más acá en el tiempo, el antes citado escritor chavense Juan Sasturain también utilizó a Necochea como escenario de su novela “Arena en los zapatos”. En realidad la historia policial transcurre en una ficticia “Playa Bonita, un caserío infame poco más allá de Necochea, amontonado alrededor del fantasmal hotel que cierto ministro de principios de siglo le había regalado a la arena, la sal, los caballos y los yuyos de la ostensible pampa”.
El primer registro escrito
“En 1888 Antonio Noguera escribió el primer libro sobre la fundación y la ciudad de Necochea. Nosotros tenemos en el archivo el original de ese libro y creemos que es el único ejemplar que existe. Lo donó el nieto de Ángel Murga”, comenzó semanas atrás en el programa El diálogo de hoy la directora del área de Museos de Necochea, Agueda Caro Petersen.
En ese libro Noguera escribió por primera vez sobre el naufragio de El Filántropo y es tal vez de él la idea de que aquel accidente náutico dio origen al movimiento vecinal que culminó con la creación de la ciudad.
Gracias a él, por ejemplo, conocemos la obstinación y el espíritu visionario de Julián Azúa, el creador del primer balneario de la ciudad.
Noguera no era necochense. Había nacido en Palma de Mallorca y llegó a la Argentina en 1870. Se cree que se radicó aquí poco antes de la publicación del libro y su primer hijo nació en la ciudad.
Pero Noguera no permaneció mucho tiempo en Necochea. Con su familia vivió en Buenos Aires, Tucumán, San Nicolás y en Pergamino, donde fue uno de los impulsores del denominado Grito de Alcorta. Además de periodista combativo con claras ideas de izquierda fue uno de los fundadores y el primer presidente del Comité Central de la Federación Agraria Argentina.
Historia y literatura
El libro “Necochea, ciudad progresista y poética” del docente y escritor Eduardo Escobar es uno de los relatos más difundidos sobre la sociedad necochense de fines del siglo XIX y principios del XX. En parte gracias al esfuerzo de Nelly Escobar, hija del escritor, el volumen se encuentra presente en la mayoría de las bibliotecas escolares del distrito.
Publicado por primera vez en 1937 el libro es más una crónica que un libro de historia, ya que Escobar fue contemporáneo de los fundadores y tuvo oportunidad de entrevistarlos.
En el libro aparece, por ejemplo, una breve entrevista que Escobar le hizo a Pablo Ruiz de Galarreta, director de “El Baluarte”, el primer periódico de Necochea. La entrevista se realizó en “su escritorio y rodeado de una hermosa biblioteca”, escribió el autor.
Escobar, que siempre se auto definió como escritor pero que por las características de muchos de sus libros fue en realidad un gran periodista, desarrolló también una importante labor de promotor cultural.
Fue el impulsor del Ateneo Necochense junto a Gabriel Gelemur, Cipriano Reyes, el doctor Roberto D. Ramovechi, Carlos Bravo, Francisco Cortesano, Carlos C. Rolón, los hermanos Ignacio y Samuel Moreno Ortiz.
El objetivo del Ateneo era, según lo explicó Escobar en uno de sus libros, “formar un centro cultural que bregara por todas aquellas manifestaciones espirituales y que dado el adelanto cada vez mayor de la ciudad pudiera así en su doble aspecto servir de ejemplo entre las ciudades cultas y progresistas de la Provincia de Buenos Aires”.
El ateneo fue sostenido por “quijotes y románticos; soñadores de la nueva era”, de acuerdo a Escobar. Entre esos “quijotes” se encontraban los directores de varias publicaciones de la época, como Moreno Ortiz, que también fue presidente del Concejo Deliberante.
A Moreno Ortiz pertenece otro libro tan particular como olvidado. En 1939 el periodista pronunció una conferencia en el Ateneo sobre la relación de los indios con los primeros criollos que habitaron la región.
Esa charla fue luego recopilada en un librito hoy olvidado.
A ese escritor desconocido
Tal vez el escritor necochense de mayor trascendencia no sea precisamente nacido aquí. No hay precisiones. Pero la Wikipedia define a Osvaldo Lamborghini como un “escritor maldito”.
Según la enciclopedia virtual, nació en realidad el 12 de abril de 1940 en la ciudad de Buenos Aires y a diferencia de su hermano Leónidas Lamborghini, autor de una prolífica obra poética y ganador de importantes premios, Osvaldo murió prácticamente en el olvido, en Barcelona.
La misma fuente señala que “fue hijo de un ingeniero que trabajó para el gobierno del general Juan Domingo Perón, por lo que, en su juventud, se inscribió al Partido Peronista, en donde adquirió protagonismo. En su infancia y adolescencia, vivió en Necochea”.
Sin embargo, el sitio especializado en literatura Escritores.org asegura que Osvaldo Lamborghini nació en Necochea y que su ideología peronista de la juventud fue cambiando a partir de la publicación de su primer texto: El Fiord.
Este delgado libro se vendió mucho tiempo en una sola librería de Buenos Aires y acabó convirtiéndose en mítico para una generación.
Lamborghini participó en la Revista Literal junto a Héctor Libertella y Germán García. En 1973 apareció su segundo libro, Sebregondi retrocede. Tras el golpe de estado del 24 de marzo de 1976 marchó al exilio y se instaló en Barcelona.
Si bien regresó enfermo a Mar del Plata en 1982, los últimos tres años de su vida los pasó encerrado en Barcelona y ese breve lapso fue el más prolífico de su vida.
Lamborghini rompió con los cánones de la literatura argentina cultivando una escritura cargada de imágenes de violencia física, malas palabras, jerga política y lunfardo. La estructuración de los textos se sustenta en la superación de los géneros formales, lo cual transforma a la prosa en poesía.
Así como hoy no se sabe con precisión si Lamborghini nació o no aquí, tampoco es posible saber cuánto influyó en su poesía el paisaje de su juventud en Necochea.///